¿y qué más da...?

Otra vez detestando el roce del aire en mi cuello y pidiéndome las estrellas. Pero las estrellas no se pueden regalar aunque nos sobren los motivos y vuelves a las andadas mientras el cielo se pone tonto. Será porque no salen de mí estas ganas de nada menos de ti.
Buscando coordenadas exactas de desencuentros coincidentes, acabamos como siempre con el nunca. O como nunca con el siempre.
Yo out of reach y tú ofuscado porque puedo ser sin ti y soy.
Que "si me quiere, me buscará" y eso pensamos los dos a sabiendas que ninguno hará nada.
Yo porque ya he hecho más de lo posible en buscar y tú porque te estancas en nuestra imposibilidad de querer.
La cagas y vuelves a cagarla. Y después de tantos controla un poco, corazón, a mí ya me da igual. Que si no estás, mejor. Entiéndeme como yo entendí que tu forma de quererme eran las mil formas de perderme. Y déjame buscar los puntos finales entre los suspensivos que te esfuerzas en ir añadiendo.
Que desde hace tiempo, si me permites, todo me sale genial.
Todo va fenomenal.

y cuando la luna empiece a bostezar, se te escapará el amor entre los acordes de la canción que nunca pudiste escribir.

Ayer llegó el invierno con su solsticio. Y también tenía que llegar el fin del mundo. Pero llegaste .
Otra vez detestando el roce del aire en su cuello y pidiéndole las estrellas. Pero las estrellas no se pueden regalar aunque os sobran los motivos y vuelves a las andadas mientras el cielo se pone tonto cuando ella arranca a bailar en el jardín de tus ojos.
Será porque no salen de mí estas ganas de nada menos de ti. Que la verdad es de Dios y del Diablo la razón.
- Yo siempre había preferido ser hipótesis que certeza.
- Fuera tapujos, que si te rompes ya te arreglaré.
El viento arremolina arco iris y sombras en las esquinas. Entiéndeme como yo entendí que tu forma de quererme eran las mil formas de perderme. Y déjame buscar los puntos finales entre los suspensivos que te esfuerzas en ir añadiendo.
- Pídeme besos, que a mí siempre me quedan.
- Pero eso sería avanzar p'atrás...
 
y yo no soy un cangrejo.

bienvenidos al club de los corazones engañados.

He vuelto a perder los papeles (si es que los tenía) o quizás me haya vuelto a engullir la fuerza de tu centro gravitacional. No lo sé.
Pero qué lejos estamos... y yo he vuelto a apostar más de la cuenta. Miedo y ganas a partes iguales. Volveré a arruinarme o reinaré sobre nuestra ruina. Y aún a sabiendas que es más probable la primera, aquí estoy...

Esperando el día ciento ochenta y ocho.

miedo al desastre volcado en un extremo del edredón.

Me paseo por los tejados bordeando los canalones. Tamborilean las ideas mientras bailo con las dudas. Y un trago por cada luna.
En el solsticio de invierno se acabará el mundo, pero nos cogerá en el campo de plumas.
Que no me hablen de temperaturas si no han sentido tu piel sobre sus huesos. Que no me cuenten de oscuridad si no han caído en el abismo de tus pupilas. Que no me digan de los silencios si nunca los han gritado. ¿Qué sabrán de esperanza si no se han colado en mi iris? ¿Qué sabrán de Nada, si nada es todo y todo es nada?
Que no digan las perritas falderas que soy gata maula. Que se callen, que las perras solo ladran.
Y yo... voy y vengo cuando me da la gana.
Yo araño tu espalda y estremezco tu corazón con mis garras.
Te sobresaltan los sentimientos y los ahogas en un aullido. ¿Cómo piensas cerrar tus cicatrices si tienes heridas nuevas? Ay, Amor, no has aprendido bien las reglas.
¿Sorprendido?
El juego acabó jugando mejor que tú. Vete, no te he pedido que te quedes. Y no me vengas con esas de i'ts too cold outside for angels to fly; que, mi querido lobo, estás muy lejos de ser un ángel.
Hace tiempo que dejé de creer en tu salvación, lo que quiero es tu rendición. Y me voy, cuando la mariposa se posa en mi nariz y aletea una brisa con olor a narcisos.
Mientras le veo las orejas al lobo de tu ausencia, me dice que él es más de ahogarse que de apagarse,
 
y yo después de arder, echo a volar.

he's not perfect, but he's all I want.

Nos hemos roto. Sí, los dos.
Empezamos a cosernos las heridas en Julio (o quizás era Agosto), fue de esas casualidades que te salvan la vida. La persona adecuada que aparece justo en el momento oportuno. Decía que yo era su salvación, lo que no sabía era que, en realidad, era mi salvación. Y me salvó.
Se convirtió en mi sonrisa y se colgó de mis pensamientos. Se reía de mí y de mi torpeza. Me decía que era el caos perfecto. Le contaba que mi espacio vacío era tan enorme que no se llenaba con nada. Y me ahogaba. Él se esforzaba en hacerse cada día un poco más grande y devolverme el aire que me hacía falta. A veces, incluso más.
Me pintó los días grises con sus tonterías y me apartó de la autodestrucción. Me cuidó como si de verdad importara y fue llenando mi vida. Primero con un gorro de paja correteando por un parque entre conciertos, después con una botella de vodka (que no era de ninguno de nosotros dos) en la playa una noche con niebla, más tarde inventamos eso que llamábamos "cochear" y por último, descubrir pueblos alejados de la mano de Dios por caminos que ni siquiera tenían luz. Pero ¿quién necesita luz, teniendo a la luz que alumbra tu vida al lado? Para esos entonces ya no había huecos, ni espacios, ni vacíos. Me regalaba compañía y me hacía feliz. Eso era impagable. Él era eso que le faltaba a mi vida.
Nos habíamos cosido las pieles y, aunque ya no eran visibles, compartíamos heridas. Nuestros corazones tenían cicatrices parecidas.
Había creado algo de la nada. Había creído en mí y me había querido, incluso cuando yo había dejado de hacerlo. Solía decirme que siempre estaba a la defensiva. Yo solía decirle que perro ladrador, poco mordedor.  Y ahora el fuego del infierno ya es solo humo.
Y siempre he pensado que a buen entendedor pocas palabras bastan.

Será que no entiendo. Será que no soy buena. Y mucho menos buena entendedora. O quizás es que pocas palabras no bastan. Quizás las palabras nunca han bastado (ya lo decían los poetas del siglo pasado: imposibilidad del lenguaje).
Pero es el mejor amigo que tengo y que quizás haya tenido nunca. Solo tendremos que volver a coser(nos). Si quieres, claro.

Sé que no soy fácil, que a veces manda huevos.

que muero porque enciendas el mar de mis labios o puede que toda mi escalera.

Tengo tantas cosas que decir y tan pocas maneras de hacerlo que me encuentro repetitiva.
Que empiezan a sonar los primeros acordes de I don't give up y todo lo malo parece desaparecer dejándome en una paz inhumana. Me teletransporta a principios de Abril, dejándome unos labios rojos con ganas de amor.
Podría contar la forma en la que me liberé del vacío, aunque no estoy muy segura de cómo lo hice y a veces todavía creo que no lo he acabado de lograr. Pero sí podría afirmar con absoluta certeza que dejar de esperar algo que daba por hecho que no iba a ocurrir hizo que ocurriera. Que si M no va al mar, el mar va a M. Aunque no quiero quitarle méritos al señor Olvido y por supuesto a las catorce vidas que me quedan por vivir.
 Y que ahora, me encuentro en un momento plácido aunque a veces la cosa va mal porque me da por esperar. Y ya se sabe, las cosas empiezan a ir mal cuando uno comienza a esperar algo de alguien y cuando el mar está aparentemente en calma, esconde muchas corrientes submarinas.
Así que llegados a este punto, es cuando lleno mi propio océano con lluvia que cae de mis pestañas que la sujetan cual toldo, y me repito eso que pasó.
Y en el momento exacto en el que dejé de negar lo que era, cuando dejé de negarme y lo asumí, y me asimilé. Cuando me liberé. Cuando decidí que podía ser sin ti. Cuando me reinventé y me encontré trenqueando entre recovecos de los portales anunciando un frío que cala hasta los huesos, como nuestro amor. Cuando las hojas que caían a su paso se ondularon con los rizos de su pelo y el viento huracanado de un sospechoso Otoño parecía volver sin mariposas. Cuando miré a esa chica en el espejo con un abrigo dos tallas más grande, con un café en la mano, echando vaho de su boca y jugando con la mente aposté su edad y me di cuenta de que esa era yo... Me di cuenta de lo mucho que había cambiado. Y crecido. De lo lejos que estaba de todo aquello y todos aquellos. De lo muy por encima que me sentía respecto a esas minucias que en realidad no importaban y nunca habían importado.
He roto con todas las cadenas. (O, al menos, unas cuantas).
Y ahora, Paradise, que me salvó de ese Marzo envenenado por Febrero, me devuelve a la realidad de un Diciembre que apunta maneras de Diciembre mágico.
Que los viajes solo están bien, pero que la respuesta no es la huida. Menos cuando volver es llegar.
Y eso implica dejar la búsqueda porque me he encontrado. En el lugar donde siempre estuve y del que nunca me fui.

 Que estoy en el tejado esperando a ver si llegas tú.

casi no recuerdo que te había olvidado.

Diciembre llama a la puerta y me trae una carta de Noviembre:

Mi querida Alexandra, no me he podido despedir de ti. Me he ido por la puerta de atrás porque no he sabido cumplir mis deberes. Sé que me llamas el mes del Amor y sé que te he decepcionado. La verdad es que Nostalgia se apoderó de mí durante más de la mitad y sé que no es excusa. Tú no te merecías eso. Tú merecías el mes del Amor. Y aunque empecé bien, aunque crucé un par de vidas con la tuya, no lo he conseguido. No supe ver que lo que en realidad querías era lo que tenías. Se rompió la cadena que ataba el reloj a las horas y volaste. Por eso te traigo a Diciembre, sabrá hacerte feliz. Al menos le he dejado instrucciones para que lo haga. No olvides todo lo que aprendiste conmigo sobre casas blancas, buganvilias y celos de hojalata, primeras discusiones y primeros despertares, principios de infinito y maneras que apuntan a final. Recuerda eso de compartir cama sin compartir corazón y doblarse antes que partirse.
Te dejo con veinte años y catorce vidas más. 
Adiós pequeña.
Volveré dentro de un año.
Tu Noviembre.
 
Mis ojos humedecidos conmueven a Diciembre que, alargando sus brazos, me estrecha. No te preocupes, me susurra al oído, a partir de ahora todo irá bien.
Y sé que es cierto porque, aunque no lo sabe, Diciembre es el único mes que tiene todas las letras.
Yo casi no recuerdo que te había olvidado y empiezo a ronronear. Acaríciame el costado. Muérdeme el cuello. Anúdame la garganta. Hazme mentira y créame un espejismo paradisíaco rodeado de niebla para que nadie nos vea. Imaginemos juntos el mejor anacronismo de la historia.

hazme rabiar hasta que no pueda evitar besarte.

Busca entre mis puntos suspensivos el motivo. Encuéntrame como única solución. Y cuando te des cuenta, ven.
Derritamos el ayer, el hoy y el mañana; que no exista el tiempo. Que nos escapamos de sus leyes, tú y yo somos atemporales.
Reduzcamos el lejos y el cerca de los quilómetros que nos separan. Que estemos juntos, en la misma línea. Aquí y ahora.

Y repetir que en las tierras cerca del mar se arreglan los destrozos con un par de mentiras. Y llenar el suelo de arena, jugar con las caracolas y que te caigan los huevos al suelo al ver el candor de mi alma. Después una copa de vino y un plato de pasta. Dormir yo contigo y tú conmigo bajo una colcha azul. Las piernas abiertas abrazando la soledad que se desvanece y la sonrisa vertical que vierte lágrimas saladas. Amanecer con una ducha de agua caliente y la vida corriendo por las venas. Con los ojos brillantes, fulgiendo de emoción. El pelo mojado, ralo, deslizándose por la espalda. Una espalda blanca como la nieve y con lunares. Ya ves, no es necesario ir a la luna para alunizar, basta con desnudarme cerca del mar.

Que siempre fuimos un poco como la luna y el sol, tú un lunático por mi piel y yo la luz que quema tu oscuridad. Que a veces te buscaría sin miedo de hallarte, corriendo por querer encontrarme y escapando por si te encuentro.

Diecinueve otoños que se acaban y siguen huyendo por laberintos sin sentido que llevan a un mismo lugar lleno de hojas secas, muertas, que al fin y al cabo, no son más que mi propio reflejo. Sonrío mientras pienso don't think twice it's alright... pero ya sabes, friends, lovers or nothing, there can only be one. Y, nosotros, siempre fuimos más de nada.

 

Come on skinny love just last year...

¿realmente quieres tenerme?

A golpes que me dejó aquella obsesión. Tú no me entenderás.
Las mañanas se tiñen de tu vida entera. Fuera el frío ha secado mi jardín y ya no te sientes un bicho raro.
Y frena.
La reproducción aleatoria me traiciona, Si te vas... empieza a sonar. Mi corazón se encoge, se hace pequeño, las costuras se rompen y se resquebraja mil veces más. La angustia me perfora debajo del esternón y el vacío me engulle soltando un gemido desgarrador de desconsuelo.
No puedo.
Ni siquiera quiero.

que esto solo es un pequeño secreto.

El cielo gris cubría la ciudad, que no heroica, pero sí dormía la siesta. Las cosas inmutables habían cambiado. El suelo era el mismo, pero yo no. El Domingo inesperado me lleva a pisar tus calles sin ti. Extraño paralelismo de vidas, que siendo la misma, es tan distinta. Y tú nunca tan lejos pero siempre tan dentro.
Sin darme cuenta el tiempo ha pasado. Me encuentro aquí sentada, a pocos días de cumplir los veinte. Quien me conozca sabe que odio cumplir años. Lo que nadie sabe es la razón. Y a esa razón, ahora, hay que sumarle otra.
Dicen que no importa el tiempo que pase sino lo que pase en ese tiempo. Pues siguiendo el compás de los suspiros que das -me dice la conciencia- sigues rota. Y más que nunca.
Yo que estaba convencida de haber superado el dolor. Yo que había dejado de ser la tristeza personificada. Yo que me autoengaño y lo sé. Porque no es peso, es vacío. Y el vacío me asfixia. El vacío es espacio que me ahoga, en el espacio no hay oxígeno. En el espacio no hay nada. Nada. ¿Te das cuenta? Después de todo sigues estando tú.
Es como un callejón sin salida en el que he dejado de contar ladrillos porque ya tienes quien te ladra mientras yo intento desenladrillar el cielo para alzar el vuelo y alejarme de esta cárcel. Aunque es imposible, esta prisión solo existe en mi mente. Todo está en mi cabeza, que vivo de memoria. De memorias y recuerdos, de eternos pasados y efímeros presentes.
Aferrada a dos infinitos que ya no me atrevo a colgarme en las orejas. Porque conservar algo que me ayude a recordarte sería admitir que te puedo olvidar y eso, sigue siendo una misión imposible.
En algunos momentos de flaqueza todavía juro que lo daría todo por verte llegar y ponerme a tu lado. Por volver a dejar que detrás de la negación del condicional de indicativo donde se esconde el deseo del imperfecto de subjuntivo, se convirtiera en presente de indicativo. Pero luego recuerdo que yo te dí la oportunidad de ser feliz conmigo y tú no quisiste. Y entonces me enervo. Me enfado y me siento patética. Pero ese dolor es lo único que puedes infligirme ahora. Ese dolor es lo único que me sigue atando a ti, y en cierta forma, estoy agradecida por ello. Porque prefiero el dolor al vacío de la calma que me asfixia. Prefiero sufrir y sentirme viva que morir.
Noviembre es el mes del Amor y en mi pensamiento solo una palabra, un verbo, una acción: Vuelve.

(que es el deseo de si 'volviera o volviese' escondido detrás del 'no debería volver' transformado en imperativo pero en presente).

Una vez te dije cuidado con las mariposas, sus alas despiertan huracanes y no me hiciste caso.
Otra vez te lo digo.
 
Me voy cuando quiera y cuando quiera te olvido.

ya no sé qué tipo de aire respiro.

A ver si escribiendo menos consigo decir más. Que después de sobrevivir a 'Septiembre no es Septiembre sin ti' y 'a mi Octubre le faltas tú', llega Nostalgiaviembre.
Me repica el corazón porque M me mira desde el balcón de sus ojos amarillos, se ha puesto el traje oscuro. No llueve pero el suelo está húmedo y me encaramo como puedo. El beso, como un castigo divino, nos rompe los huesos porque no nos besamos donde sabemos. El lugar correcto es en tus labios. Y nos quedamos con las ganas. Todo había concluído... sin haber empezado.
A veces tan fría que quemo. ¿No ves que se la suda? Llevan tiempo esperándose, eran dos orgullos paralelos. De un fleco de mi alma herida: restos de sábanas, colcha, somier y colchón. La diferencia entre dejar que pase y dejarlo pasar. Al final solo quedan cenizas.
¿Hoy no lloras? me pregunta el corazón cuando golpeo la pared, como si golpear esa pared te hiciera volver.
Quién me iba a decir que cuando acabara de zurcir las heridas de las noches mal dormidas llegarías tú. No sé a qué estamos jugando pero vamos perdiendo. Donde hay lunas de tela y un sol navajero, me bebí la razón y me fumé el corazón. ¿Ahora sí que podemos besarnos, no? Porque nadie que merezca la pena te dejará marchar.
Porque el orgullo puede hacerte fuerte, pero no feliz.

Este Otoño desolado se rinde repitiéndome que las musas inspiran, no escriben. Pero, querido Noviembre, por favor, dame algo grande para recordar. Y mientras, la casualidad del primer viernes se pone el disfraz de una mariposa gritando a M:
 
 ¿Qué quieres? ¿Amor? ¡Pues ya somos dos!

besarte hasta perder el control.

Podría revelar el silencio detrás de cincuenta y tres ladrillos.
Podría comentar cómo el agua se desliza sobre la piel.
Podría declarar gemidos en soledad.
Podría desarrollar cómo una barba desprende magia al contacto con una mejilla.
Podría ilustrar la preocupación en un cojín.
Podría interpretar lo que no se logra decir con palabras y se descarga con un puño en la pared.
Podría enseñar a volar a un ángel sin alas.
Podría justificar el masoquismo de unas manos que no quieren darse por vencidas.
Podría razonar sobre la tristeza y su encanto.
Podría manifestar las estaciones rojas y bocas azules que necesitan recorrer unos pies. 
Podría decir cómo hacer el domingo especial.
Podría hablar sobre cómo hacer que una causalidad parezca una casualidad.
Podría aclarar que no se puede besar sin antes haber perdido el control.
Podría explicar la ausencia con ciento veintisiete maneras de echar de menos.
Podría escribir también sobre las doce formas en las que se puede amar durante doscientos noventa y cuatro días.
Podría relatar el sonido de una risa encadenada al brillar de unos ojos.
Podría demostrar cómo en un abrazo todo alrededor se ve distinto.
Podría contar cómo una escultura de mármol puede sacudirte la vida.
Podría describir cómo un lobo puede meter las orejas en el centro de tu andar.
Podría anotar los preceptos del olvido en asolar un alma.
Podría redactar el calor del deshielo en invierno y el frío verano que no dejó de nevar.
Podría publicar cómo manejar el viejo truco de nunca desaparecer y sin embargo nunca aparecer.
Podría novelar cómo nunca entrar y sin embargo nunca salir.
Podría expresar los sinsentidos y las incoherencias en cuatrocientas veintiuna maneras diferentes.
Podría exponer la amargación de una existencia trastocada por otra.
Podría esclarecer el embrollo de cualquier primavera con un guiñar de ojos otoñal.
Podría comentar cómo solucionar cualquier vacío con un poco de chocolate y seguir dilucidando que me equivocaría otra vez.
Podría apostillar las palabras que te faltan por las que me sobran.
Podría narrar cómo estoy esperando un giro en esta historia que es mi vida.
Podría muchas cosas en poco más de un año.
Pero no (te) quiero.  
Ya no.

y si te vas, no vuelvas más.

Los ojos azules responden y las palabras se clavan como sus pupilas en todos mis puntos de inflexión.
'No te ofendas' dice. Y yo no pienso, se me nubla la mirada.
Me da igual, como todo lo demás, ha perdido importancia. Ahora nada es suficientemente importante para mí. No haría nada por nadie. Y lo siento, porque quizás él sí merecería que luchara un poco. Puede que algún día diga que sí o sea yo quien acabe recordándole su nuestra falta de tendenciosidad y la terapia pendiente (solo porque hace que mis ojos sigan destellando esperanza, porque mi naufragio sería más bonito en su iris y porque se empeña en ser una causa perdida).

Pero se desmenuzan los sueños. Insisto en no juntar los párpados. La mirada olvidada no me ha perdido. Aunque me ha recordado en la barra de algún bar.
Como cobarde que es siempre me deja a mí la parte difícil. 'Es incapaz' y le disparó en el corazón. Ya no llora y no está triste.
En el cielo ella vive libre y a mi alrededor solo hay gritos desesperados en contra del olvido. Suyos, míos, nuestros.
El veintiuno empezó con trescientos veintitrés y corroboró el infinito de nuestro final. Me recordó que, quien se quiere los domingos, es para siempre.
Y silencio.

¿Cuántas veces más tendrás que decirme adiós para darte cuenta de que, en realidad, no quieres irte?
El otro contador se paró el veintidós, con mi dos mil dos sin infinito. Mandó una misiva, no con ninguna intención, simplemente le contó que Octubre y la sonrisa a punto de cumplir los diecinueve (que ahora veinte) le echaban de menos.

Mientras uno se consume, otro resurge. Y es todo tan complejo... Que sí, sienta bien mirar al pasado cuando el futuro da miedo. Los sentimientos se me van de las manos. Ya no sé, ni quiero saber. Todo me da absolutamente igual. Me sigo aferrando a la vida, a la mía, que es lo único que tengo.
Y que amanezca si va a amanecer.

Pero soy como una muerta en vida, las ganas se han esfumado, no hay motivos y ya hace tiempo que dejé de buscar razones. Solo me queda leer entre líneas un te quiero disfrazado de adiós.
Y adiós.

Cierra la puerta al salir.
  
Me encontrarás en el fin del mundo.

quizás en otro contexto hubiera significado que necesita irse lejos, al espacio, y disfrutar de las estrellas con los ojos cerrados.

Me da miedo la enormidad donde nadie oye mi voz. Me da miedo la insignificancia del ser humano frente a la grandeza del mundo.
Huele a tierra mojada, como cuando me miraste como si no lo hubieras hecho nunca.
La brisa te lleva y te trae, te remueve, te mezcla, te enreda. Si me sueltas entre tanto viento, ¿cómo voy a continuar? Así que cogí las cuerdas de los líos e hice un nudo fuerte para que no se perdieran.
Desanudas el silencio y sales por el conducto de ventilación rompiendo el sonido de mi garganta. Las cuerdas vibran y dices que vives en el eco de mi voz.
'¿Has llorado?' me pregunta entre líneas tu subconsciente mientras vas a oscuras. 'Me importas' respondo iluminando tu oscuridad.
No quiero un final feliz, solo quiero serlo.
Respiro y pienso en la fragilidad de la vida. En que hoy estás y mañana eres nada, solo un recuerdo dentro de esas mentes que luchan contra el olvido. Y tú... te deslizas como si fueras de viento y al contacto con mis dedos te desvanecieras.
Reapareces y desde mi ventana veo como el viento sacude las hojas de las palmeras.
Pienso en ti y en si es el aire de mis suspiros quien te ha devuelto a mí, que después de perderse en soplar tantas y tantas pestañas, tantos y tantos dientes de león pidiéndo(te) el posible y tan ansiado reencuentro, por fin me lo concede.
Dominas el viejo truco de nunca desaparecer y retrasas el momento de irte. Como si fueras tú el que ha sido siempre.
Debo admitir que la jugada es buena y que incluso puede que te deje ganar.
El contador se paró en siete mil doscientos cuarenta y cuatro. Fue el último infinito que me regalaste. Nada más.

Me moriré de ganas de decirte que te voy a echar de menos.

te tengo, te pierdo, te agarro, te suelto, te vas, te espero, te busco, te encuentro, te acercas, me alejo, te escucho, te cuento, te compro, te vendo, te odio, te quiero, me besas, te muerdo, te abrazo, te aprieto, me duermo, te sueño…

Me miró a los ojos y me gritó: '¿Quieres saber qué me pasa? Pasa que no pasa nada. Eso me pasa.'
Y yo... no pude hacer más que abalanzarme sobre él; le besé. Era un principio que apuntaba maneras de final.

Y un año más tarde, Nada suena en mi cabeza; y me ahogo.

no podía concebir que un ángel fuera más espléndido.

Eh, que el Otoño no es tan triste si tienes con quién compartirlo. O con quién intentarlo, una y mil veces.
¿Me hará tostadas para desayunar? No lo sé. Dejaré que me sorprenda. Dejaré que el sol entre por la claraboya y seque los pantanos de mis brumas y queme los tronos donde reinen dudas.
Sí, él es mi sol (o era). Le pedí que no dejara de brillar, porque brilla(ba) tanto que incluso me hac(ía)e brillar a mí.
De verdad que iba a dejarme llevar porque la Ilusión viene a buscarme y me da otra oportunidad. Me ofrece un Octubre al lado de unos brazos que no me dejan caer, con unas manos que tratan de arreglarme. Pero el miedo se hace grande y empiezo a cuestionarme si está bien entregarse a alguien que te ama... Ni siquiera estoy segura de si quiero que sea él quién me arregle. Dejarse querer sin poder dar la misma moneda de cambio no es justo. Jugar con dos personas mientras tienes a una tercera en la cabeza no es muy ético. No hay ninguna excusa que pueda justificar un comportamiento como este. Y yo, más que nadie, lo sé.
El cruce de caminos se hace por momentos más insostenible. Y no puedo más, exploto. Supongo que como te pasó a ti. Has aparecido en un momento complicado de mi vida. Y de repente me veo usando esa frase, y me doy cuenta de que me he convertido en eso que tanto odiaba de ti.
Tengo suerte de ser consciente de ello y poder pararlo antes de que alguien resulte herido. Se acabó el marearlo con mis 'quizás' y mis 'tal vez', con mis 'no' que significan sí y con mis 'sí' que significan no. Escapo. Se acabaron los destiempos y los errores convertidos en aciertos.
Palabras vacías y corazones rotos subiendo por la cuesta del olvido y saltando suicidas por el acantilado del desamor.
Yo no he cambiado tanto, sigo escapando de las cuerdas y sigo prefiriendo quedarme loca (que no histérica). Y aunque te parezca que no escribo sobre ti, si te buscas, siempre te encontrarás entre mis letras.
Pero ahora... Ahora tengo a alguien que aparece justo cuando lo necesito (sin ser avisado) y me saca sonrisas y se preocupa por mí, alguien que llena el coche de vaho con palabras y no con sudor. Es mi mejor amigo y sin duda, la mejor casualidad que me encontré en el camino que seguía por ti.
A día de hoy, él, es el motivo de mi sonrisa diaria.

cuando recuerdo cómo sus ojos conseguían brillar en la oscuridad.

Domingo camuflado en Jueves y primera lluvia de Octubre. Entre nubes de cinismo las baldosas se multiplican y se imitan ínfimamente. Se refleja en ellas la luz del baño y no es del Siroco. Las tejas se revolucionan, se abren y se parten dejando caer gotas. Gotas que llenan de humedad estas paredes que se pudren cada vez más con el paso de los días. Ni siquiera las ratas quieren pasar. ¿Quién va a querer una morada como esta? Donde nunca pasa nada y el suelo se resquebraja debajo de sus pies. Por alguna grieta sale una araña que lo persigue maliciosa y escapa. Se agacha para recolocar la baldosa que ha movido y el barro le tiñe las manos que se tornan de color oscuro, como su corazón. Ahora solo piensa en ella, que le dejó solo.
Dijo que hacía dos meses que la esperaba, pero no sabía que lo importante no es cuánto esperas, sino a quién.
Entonces ella apareció y le dijo esta noche tú no duermes solo. Como un hada le tocó con su magia y él pensó que le había obsequiado, que era un afortunado. Su reina había vuelto. Iba, venía y volvía a su antojo. Al fin y al cabo, por eso eran sus despojos.
Pero le derrota igual, por la mañana antes que despunte el alba, como un cuerpo etéreo algo diáfano, desaparecía. Era inalcanzable.
Se fue volando por el balcón una vez más, con el pelo al viento diciéndole adiós. Recordándole que ella no era su reina, era su ruina. Y experto en romper lo prohibido, arrancó las fotos pegadas al gotelé y empezó a derribar él mismo las paredes de su prisión, esclavo de unas redes inexistentes. La casa caía y él gritaba iracundo, pensando que si destruía todo aquello, ella no tendría adónde volver y eso hará que no te vuelva a ver. Lloraba porque sabía que al matarla, él moría con sus recuerdos. Estaba perdido, no podía volver atrás, los destrozos eran demasiado evidentes y ya la había perdido.
Pero entonces, ella volvió para salvarle del derribo. No le hizo falta casa, ni razones. Nunca las necesitó.

Ella era así, imprevisible.
 
 
No era su puta, era su putada.

si un tiempo atrás alguien me lo hubiera contado, sin duda alguna habría dicho que no.

Demasiado difícil para ser Lunes, demasiado pronto para ser Martes.
Demasiado tarde para probarlo, demasiado improbable para arrepentirse.
Estoy cansada de los cobardes. De los que no arriesgan por no perder. De los que podrían ganar pero prefieren no tener esperanza y volverse egoístas por no mostrarse débiles. ¿Débiles? ¿A caso no es más fuerte el que se muestra vulnerable que el que se esconde tras su aparente fortaleza?
Dicen que es mejor no esperar nada de nadie pero ¿no crees que es un poco utópico? Yo creo que es algo inevitable. Aunque seas un egoísta.
Y yo seguía con mi monólogo interior, atormentada, pensando en el destino y su causalidad o quizás en las coincidencias y sus casualidades... Quién sabe si en ti, en él y en él. ¿Los lunes de Octubre, dónde estarás? Y entonces me dijo:
-¿Hoy qué mentira quieres escuchar: te he echado de menos, nunca te olvidé o te quiero?
- Sorpréndeme.
- No me iré de tu vida.
Le miro incrédula. Y le reto con la mirada. Me echo a reír. Había llorado tanto por esa frase que ya no quedaba agua dentro de mí para salir por los lagrimales. Estaba convencida que si me vaciaba el dolor dejaría de doler. Lo que no sabía es que el vacío lleva a la ansiedad. Y la ansiedad a la angustia. La angustia es una hijaputa si la acompaña la nostalgia. Y la nostalgia con la tristeza sienta fatal.
Por eso, cuando de vez en cuando siento algo, me alegro. Porque es mejor sentir dolor que no sentir nada. Y supongo que ese es el motivo por el cual sigo enganchada a ti, porque tu dolor me hace sentir viva. Mucho más viva que cualquier otra cosa. Y ellos, ellos dos todavía no pueden hacerme daño, ni siquiera sentir. Tú sigues siendo el puto privilegiado y yo sigo en el cruce de caminos, incapaz de escoger uno. Un cruce de caminos que cada vez veo más borroso o distorsionado. Quizás sean las gafas, quizás tenga que seguir el primer impulso y coger el desvío.
Y ¿sabes qué pasa? que estábamos equivocados cuando nos enfadábamos porque volvías tú y yo no quería, o porque volvía yo y tú no querías, o porque volvía ella, o porque volvía él. Siempre hemos ido desacompasados, a deshora, pero de eso no voy a hablar ahora. La verdad es que el pasado no vuelve, el pasado no se va. El pasado está contigo siempre. Y este sí cumple los siempres. El tiempo es uno, no tres. Vuelve la niña puñalada. Astuta, sí, como Atena. Y entonces, abatido, me dijiste:
- Golpeas bien.
- No serás capaz de odiarme.
 Y sonreí porque dolía. Y eso era todo lo que necesitaba, sentirme viva.
Las cañas de bambú me siguen dando los buenos días cada mañana cuando las calles todavía no están puestas. Y la luna me sigue mirando altiva entre el amanecer de Octubre, recordándome que dentro de poco llega Noviembre.
¿Qué hago con el infinito que hoy se escurre entre mis dedos? Le dejo pasar. Y la rutina me mata. Me faltan locuras. Me falta alguien con quien compartir domingos y a quien enfriar los pies. Alguien que me busque cuando le diga 'piérdete'. Alguien que me coja de la mano y me diga que solo no comprende la vida. Alguien que luche, que dé lo mismo que yo y que me devuelva la Ilusión. Me falta alguien a quien descolocar, alguien que toque el piano en mis costillas para provocarme la risa y se le resbale la mano hacia abajo. Alguien con quien ver películas en un sofá mientras me besa y afuera diluvia o nieva. Alguien que me abrace y pare el mundo.
Alguien que me haga sentir viva.

y perdí, una vez más.

Hay cosas inevitables, como llorar en un concierto cuando ponen tu canción. Así es como Si te vas sonó justo antes que La vereda de la puerta de atrás. ¿Casualidad? Quién sabe. Yo he dejado de buscar razones.
Última prueba. Superada. ¿Y ahora qué?
Cuando empezaron a tocar los primeros acordes de Dulce introducción al caos, me crucé con sus ojos amarillos. Con su sonrisa, sus mejillas y sus manos. Fui valiente (aunque no del todo). Pero qué estúpida me sentí. Lo vi claro. Había apostado mal. Y antes de que pudiesen darse cuenta los demás, me fui. Volví a la multitud para perder mi individualidad y ser una más.
En medio de toda esa gente aglomerada fui capaz de ver nada. Para mis ojos no había nada. Hasta que me crucé con esos ojos amarillos. Sí. ¿No he hablado nunca de mi pequeño de ojos amarillos verdad? Pero ¿qué quieres que te diga cuando me vienes a ver? Hola ¿qué tal? muy bien, me voy tengo cosas que hacer.
Me arriesgo y me siento estúpida. Pierdo otra vez.
Para el tercer movimiento, ya me había vuelto gusano y estaba en el origen.
Así es como vuelvo a ti. Siempre.
Entre acorde y acorde, emerges. En mi mente, claro. Si te vas y yo que me he quedado en esta calle sin salida. La vereda de la puerta de atrás y tú que me viste marchar. Contradicciones reales, lágrimas de verdad. Ausencias palpables y soledad rodeada de gente.
Entonces, me doy cuenta a medida que van sonando las canciones, que he usado muchas de esas frases para ti. Y es inevitable recordar(te). Me pregunto si tú te acordarás de mí.
¿Sabes? No he parado de buscarte. Mi mirada inquieta posándose sobre cada una de las personas que había a mi alrededor con la esperanza de encontrarse con una barba de tres días o con las tres pecas debajo de la oreja izquierda.
No dejé de buscar el calor de unos brazos conocidos que sirvieran de capullo y me transformaran en mariposa otra vez. Pero para entonces lo único que quería era subir a lo más alto de la locura en unos hombros concretos. Y no estaban conmigo.
No me duele y no me importa. Pero echar de menos es otra cosa.

pero sabía que allí no se escribían canciones que no fueran con tres solos desafinados.

Hablo del vacío. De las hojas que se arremolinan en los rincones, de las palabras que se lleva el silencio y de las lágrimas que tragan las alcantarillas. De los árboles que se desvisten y nosotros que nos anudamos. Del olor que deja la lluvia después de la tormenta y la tormenta antes de la calma. De la falta que me haces tú y la falta que me hace él. De jugar con la magia de las palabras y cambiar de persona en él sin que nadie se dé cuenta. De los días grises, las calles grises y las personas grises. De las melenas al viento, los despojos del alma y las miradas saturadas. De heridas abiertas que no sangran pero tampoco cicatrizan. De que en realidad me importas menos de lo que creo y de que la sonrisa asoma por la comisura de sus labios cuando resigue la costura de mi espalda. De que la Ilusión no se da por vencida nunca. Y de que yo estoy apostando por las tres cuartas partes.
Que yo, debería volver a sonreír.

un beso guarro que no sale bien y cierra de un portazo la puerta del coche.

La luna me ilumina, en esta ruina entra la claridad. Y ahora, ¿quién llama al Olvido? Un tira y afloja, un vete y quizás. Sabía que aparecerías.
Rompiste tu palabra y volviste. Resulta extraño estar de acuerdo con tu perfecto opuesto. Será eso de los imanes, que se atraen. Amar y odiar hasta el punto de juntar los extremos. Hablar de jodernos pero no en una cama. No podías dejar que me fuera así sin más. Tenías que odiarme, aunque ya te avisé, 'no serás capaz de odiarme'. Al menos un poco, recuperé la importancia que nunca me habías quitado y que tan bien habías sabido ocultar. No sé si gano yo o no, pero sonrío. Déjame con mi egocentrismo, nos llevamos bien.
Gritos que se echaban de menos, reconócelo. Hacía tiempo que nos debíamos una muerte. Una de estas peleas con palabras que desgarran. Una de estas en que mi lengua viperina te deja desarmado. Con un poco de suerte incluso un agua salada resbala por las mejillas. A lo mejor, te está pidiendo a gritos que no te vayas, solo hay que saber leer entre líneas.
Alguien lo llamaría masoquismo, pero... Como en el videoclip de 'We found love in a hopeless place' cuando Rihanna dice que desearía tener de vuelta todo lo malo para así tener también lo bueno... Sé que podéis entenderme.
Primer lunes de Octubre. Suena a triste. Y ciertamente lo es. Experta en aferrarme a la posibilidad o media posibilidad entre mil millones de que algo pase, en sembrar dudas, en quebrantar leyes innatas, en jugarme la vida en batallas perdidas y ganarlas. Ya no creo en la suerte de vidas cruzadas y destinos compartidos. Creo en los besos que me debes y las llagas que me dejas. Que a veces un 'ven' es un 'no te vayas'.
¿Dónde coño te escondes Felicidad? Soledad se cansa de mí, dice que estoy loca. Pero te diré un secreto, las mejores personas lo están.
Y ya no queda rabia, solo pena. El equilibrio es imposible y me acordé que querer no es suficiente. Promesas que no cumplirás pero que sí cumpliré.  Olvídame, yo te recordaré.
Quizás nos falte ese algo que lo impulsa todo.

Por mí puedes quedarte tú conmigo y yo sin ti.
 
Sinsentidos en vidas que son un ojalá constante.

un otoño que busca un escenario que no sea una cama.

Me levanté con dos pestañas en la mejilla. En otro momento las hubiera soplado y habría pedido dos deseos, pero aquel día no.
Aquel día recordé cuando una mañana al despertar a tu lado me dijiste 'no te muevas', acercaste tu mano, me acariciaste con los dedos y cogiste la pestaña. Acto seguido la tiraste al suelo. Me escandalicé. Te creías demasiado mayor para pedir deseos, para creer en ciertas cosas. Lo que no sabías es que nunca se es demasiado mayor para dejar de creer en la vida. Para perder la fe y la esperanza.
Yo recordando el balanceo de tus pestañas sincronizado con el columpiar titilante de mis ojos, me percaté que en la oreja me faltaba algo, faltaba un pendiente. Como cuando los perdía después de (no)dormir contigo y a la mañana siguiente regirábamos las sábanas para encontrar la pequeña perla. O cuando me prometías que buscarías mis horquillas y mis gomas de pelo, aún a sabiendas que no las recuperaría nunca. Y de todo lo que perdí contigo, eso es lo de menos. Porque perdí el corazón y eso sí es irreemplazable.
Y así, sin darme cuenta, Septiembre sin ti se despide de mí. Último domingo. Ya ves, tampoco ha sido para tanto ¿no?

no eran las manos de octubre, ni las ocho vidas que se gastaron en el primer asalto.

'No eres la mancha negra en el mapa blanco.'
Y entonces decido apostar. Apostar por la vida y por las tres cuartas partes.
Apuesto por ti.

 
T'estimo compi.

por si acaso, yo te guardo un infinito que está cerca de mis labios.

Fue un adiós muy doloroso pero ya se me ha pasado.
Me llaman Octubre desde que solo hablo de ti y podría decir que lo hice todo, pero sht.
Prohibido recordar es la promesa que me hago, a sabiendas que no la cumpliré. Al menos no soy tan estúpida como para prometer que (te) voy a olvidar.
Abrir. Asomarse. Salir. Llamar. Volver a entrar. Cerrar. Blindar. 
No me quedan puertas, pero sí muchas ventanas. Lo has entendido bien.
Después de acabar con el silencio, con el ruido, con la ausencia, con la indiferencia, con el dolor, después de escribir el final que nunca quise, después de poner el último punto, aparece. El Amor pasó por mi lado en forma de sonrisa. Supe que era él porque es inconfundible la manera en que me pone nerviosa, la manera en que no puedo parar quieta porque me puede la vergüenza. Me miró con unos ojos almendrados y me preguntó si estaba ocupado. Le respondí que no y le hice un hueco apartando mis destrozos. La verdad es que llegaba justo a tiempo, yo acababa de desocupar mi corazón y le dejé que llenara el espacio, el vacío.
Hazme olvidar, le dije.
Mírame, estoy aquí, pero no puedo estar siempre, respondió.
Entonces vete, gruñí.
Y se sentó a mi lado. Se quedó conmigo durante una hora y media. Después se fue. Como siempre. Qué lejos hay que ir a buscar para comprar la Dignidad... Quizás solamente me vino a enseñar, que viene y va. Y que había llegado el momento de emprender mi búsqueda de la Felicidad. De reencontrarme.
Benvinguts al llarg viatge.

Y ya no hay vuelta atrás.

si el amor es una pregunta, tú eres mi única respuesta.

Su llegada era inminente y lo sabía(mos). Otoño me sopló en la cara con su viento huracanado y se rió de mí burlón. Las primeras hojas que arrancaba de los árboles, revoloteaban a mi alrededor. Sentí frío y ausencia. Pero ni una pizca de tristeza, solo una punzada letal de nostalgia.
Mi estación favorita ya no me traía felicidad. Y un año después me preguntaba cuánto tiempo más iba a dejar escapar, a cuántas personas echaría por la que ya no está.
Y de repente dejó de oscurecer. Levanté la vista al cielo y el negro estaba tornándose de un color azul. Llegaba a casa y se hacía de día. Amaneció el veinticuatro.
Palpando las paredes y tropezando con algún que otro objeto llego a mi habitación. Cierro la puerta y enciendo la luz. En medio, en el suelo, la mariposa. Con una ala rota. ¿Qué coño hace la mariposa en el suelo y con el ala rota?  Me río ante tal desgracia. Me río ante tal coincidencia. Y me rompo un poco más yo también. Una lágrima se desliza tranquilamente por mi mejilla, mientras otras se agolpan ansiosas por salir de los párpados en cuanto los recuerdos inunden mi cabeza y empiecen a resquebrajar los cristales de mis retinas. Putas casualidades.
Será una señal del destino.

hay personas que es mejor olvidar, cosas que es preferible no saber y momentos que es mejor no recordar.


Hola (des)amores.
Voy a dedicar esto a mi club de fans (me he enterado recientemente que existe), a todos vosotros que leéis mis entradas por cotillear. Por meter mierda.
Os voy a dejar algo claro, blogger es mucho más que un sitio donde alguien puede escribir, es la forma en la que muchas personas se desahogan y logran expresar lo que sienten (que puede ser o no verídico) porque a esto, se le llama verosimilitud.
Y que para conocer y opinar realmente tienes que saber leer, pero no como quien lee un periódico cada mañana, ni como el que lee una novela de fascículos antes de acostarse. No. Tienes que saber leerme. Mis palabras no siempre quieren decir lo que dicen, a menudo ocultan más de lo que podáis imaginar porque llevan implícitas otras muchas quimeras que no escribo.
Tienes que leer entre mis líneas y el juego de palabras, las ambigüedades y demás paradojas. Solo así podríais llegar a la verdad, pero siento comunicaros que no la encontraréis, al menos, no aquí en mi blog.
Así que, por favor, dejad de confundir realidad con ficción. Y dejad de hablar de lo que no sabéis ni sabréis. Gracias.

podremos dejar de vernos, podremos dejar de hablar... pero nunca podremos dejar de ser nosotros.

¿llegaremos a tiempo?

Con la cabeza fría mientras el corazón ardía, cerré la puerta a conciencia pero sin querer hacerlo. Y allí me quedé. Atrapada, quieta, inmóvil. La oscuridad inundaba mi alrededor mientras esperaba que llamaras a la puerta, que intentaras abrirla. Y no. El peor castigo es la indiferencia, te dije que me mataba y dejaste que me doliese. Hice varios intentos de abrir la ventana, pero en cuanto empezaban a entrar resquicios de luz por las rendijas de la persiana me asustaba y creía pensar que eso no era lo que quería así que siempre volvía agazapada a mirar por el agujero, por la cerradura de la puerta. Y te miraba y te miraba y te miraba y te miraba, y ya no te veía a ti, solo veía lo que recordaba de ti, y los días pasaban, el tiempo pasaba, la vida pasaba... Y yo no avanzaba, yo moría.
Dije que no volvería y... Y aquí estoy. Otra vez. Aún tengo algo que decirte, siempre es demasiado pronto para darse por vencido.
Se acabó el mirar por la mirilla. Con las dudas del presente y los errores del pasado, abro la puerta a ver si te encuentro detrás, ilusa y esperanzada de que hayas estado todo este tiempo ahí esperando por mí. Y si no estás, seré lo suficientemente valiente para llamar a tu puerta.
Otoño y mariposas te han venido a buscar.


Todo lo que hagas en la vida será insignificante, pero es muy importante que lo hagas, porque nadie más lo hará.
 
Asumir que rendirse no es una opción.

todo lo que podríamos haber sido tú y yo, si no fuéramos tú y yo.

Nosotros. 'Nosotros' es la respuesta a todo lo que podríamos haber sido tú y yo, si no fuéramos tú y yo. Pero ya no inspiro dolor ni expiro tristeza. Ahora inspiro ausencia y expiro indiferencia. Hay la distancia y el espacio suficiente para separarme todo lo necesario de ti. Lo que pasa es que tú y yo éramos nosotros, y al separarlo en tú y yo, he perdido un poco de mi yo en tu tú, y tú inevitablemente te has quedado un poco aquí con mi yo. Son trocitos que nos constituyen a cada uno y que vamos perdiendo a lo largo del camino, que vamos dejando a las personas con las que nos cruzamos.
¿Dónde está tu calor, tu mirada y tu pasión? El silencio está gritando en todas partes pero, es que de todas formas, nunca me entiendes cuando te hablo con la voz. Silencio, eso es lo que somos. Huelga de palabras, orgullos ganando partidas y puntos finales. Falsa ignorancia y... ¿olvido? quizás. El planeta es demasiado grande para encontrarte una tercera vez. Aunque a la tercera va la vencida y tu dirección ya me la sé, podemos atajar un poco. Pero siempre hemos ido muy deprisa, jugamos a ser nadie y no lo conseguimos. En este juego hoy voy ganando, ayer perdí. Depende de mí y yo, no me levanto ni me acuesto, hago un esfuerzo y me meto en mi caparazón. Dejo que los días pasen, que el tiempo pase. Y que nos mate el reloj. El reloj o las ganas. Que no aguantes ni un segundo más ese tic-tac y vengas a comerme a besos en un plis-plas. Porque como dice Sabina, lo atroz de la pasión es cuando pasa, cuando al punto final de los finales, no le siguen dos puntos suspensivos. Pero ninguno de los dos puso un punto final.

Y algunos todavía dudan si vas a volver.

rímel de miel pa' corregir la tristeza.

Voy que ni toco el suelo y he espantado hasta a las nubes. La brisa mañanera me hiela. Luna creciente y cielo gris. Se cierne sobre mí y les despierto compasión con este pobre corazón moribundo. Soledad y desengaño son mi condena por dejar que resucitaras a la mariposa, por dejar que después de aniquilarla le devolvieras la vida.
Me llaman la ilusa de los ojos verdes sin luz, la de la sonrisa triste, la del alma rota. La que vive mirando una estrella siempre en estado de espera.
Dicen que todavía recuerdo cuando me besabas y que ando perdida preparando alguna despedida. ¿Dónde estarán los besos? Los busco y te busco. Que no soy de las que manda un mensaje diciendo 'te echo de menos'; que mando un mensaje diciendo 'he venido, sal, estoy aquí'. Y que aquí no pasa nada desde que te fuiste porque no hubo despedidas, que a veces, todo es tan normal... Pero se hace largo el camino sin ti y dicen que me pierdo si me dejas y me encuentro si me rozas.
Pero de madrugada me mira desde lejos la luna, y yo harta de tanta duda me vuelvo loca y me subo a las estrellas. Y tú en mala compañía, te quedas contigo a solas, y le preguntas al viento por qué te has quedado con las ganas, con mis ganas de ti.
Y ahora dime, ¿en qué coños ocupas el tiempo? Dices que nada te interesa de alrededor. Pero oye, ¿dónde vas? ¡Cabrón! ¿Dónde te has metido? Y subes a lo más alto de la locura para ver si me encuentras hablando con la luna porque sabes que los pies al suelo a mí no me sujetan y que si te atreves, yo me atrevo.
Me tiro de cabeza.

Como cuando nos juntó la vida, como cuando queda nada que perder.

cuatro besos...

Entonces, en medio de este vacío inesperado, en medio del sinsentido de siempre, entre las palabras que suben y bajan por mis arterias y mis venas con cada sístole y diástole, aprisionadas en mi cabeza y rehenes de la indiferencia, con tus recuerdos pegados en el interior de mis párpados y el silencio colgando en la garganta... Solo deseo que detengas todo ese ruido, todo ese alboroto, todo ese caos que hay en tu ausencia.
Que la distancia se mida en latidos y que me calles a besos.
Que Septiembre no es Septiembre sin ti.

a eso que llaman amor.

Mañana será 4 de septiembre. Estamos a un día de que se cumplan 365. Ya sé que tú omites esos datos, pero ya sabes que yo no. Que por recordar, recuerdo hasta que tu barba camufla las tres pecas que forman un pequeño triángulo equilátero debajo de tu oreja izquierda, y que bajando por tu cuello hacia la nuca, se encuentran otras dos, aunque solo se ve la última, como un punto final.
Que fui un centauro con complejo de cangrejo durante demasiado tiempo. Y después descubrí que el cangrejo en realidad era un león y no hubo vuelta atrás. El león no se dio cuenta que yo tenía un arco, y mi flecha le atravesó la cabeza. Le volé la sien. Le dejé muerto. La victoria era mía. La cabra seguía viva y comiendo de mi mano, no tenía intención de acabar con ella. Pero ella acabó conmigo. O no. Quizás, solo éramos distintos imposibles.
Cayendo en el olvido igual ahora debería hacer un balance de lo bueno y malo, pero no, ya sabemos que el equilibrio es imposible y preferimos pensar que lo bueno no nos compensa porque lo malo pesa mucho y la balanza siempre cae hacia ese lado. Que tú tienes un carácter inflamable y yo soy puro fuego. Pero como quien no quiere la cosa, nos disfrazamos de cordialidad. Incluso nos sonreimos. Aunque no nos atrevemos a asomarnos a los ojos del otro. Tú por miedo a descubrir dolor, yo por miedo a descubrir verdad. Tú por miedo a perderte, yo porque ya estoy perdida.
Y si alguien me pregunta ¿qué te pasa? nada, solo son recuerdos, que llegan de repente y te estrangulan el alma.
De fondo sonaba Déjame de Los Secretos. Y la canto, o mejor dicho, la grito a todo pulmón. Deseando que su letra llegue al otro lado de la plaza, que me oigas, que la oigas. Que tuviste una oportunidad y la dejaste escapar. Que no vuelvas a mi lado, que ya no tiene sentido, que sigas tu camino que yo el mío seguiré. Que no hay nada que ahora ya puedas hacer porque a tu lado yo no volveré. Pero a las pocas horas me arrepiento. Y entonces apareces solo. Quiero ir, pero mis patas no se mueven y cuando consigo reaccionar, ya no estás. Me acerco a la ventana. Ahora no soy un centauro, soy una mariposa. Y aunque hace unas semanas dije que era la última vez que la mariposa volaba a tu ventana, nunca fue tan literal como esa noche.
El mismo cristal que empañamos con nuestro sudor, y que guardó mis huellas dactilares como las de Rose en Titanic, ahora solo le queda entre restos de polvo un 'tengo ganas de ti'. La mariposa provocó un pequeño desajuste. Y alguna que otra frase que no leerás porque no escribiré.
Septiembre ha vuelto y tú no estás. Pero yo tampoco.

¿qué saben las tripas de puños cerrados?

No me gustan los Martes. Hoy es Martes, y no solo es imposible sin tu voz sino que además es 21. Y seguimos sumando. Un año más con una persona menos. No hace falta que diga lo mucho que te echo de menos. ¿cuántos llevo sin ti? creo que ya son cuatro... Cuatro que se dice pronto, cuatro años rompiéndome por partes que ni siquiera sabía que existían. Cuatro años llenos de nudos en la garganta y ojos empañados cada vez que a alguien le da por recordarte. Cuatro años siendo fuerte porque no hay más remedio. Porque hay que seguir. Porque el tiempo no espera a nadie y poco importa si una vida se ha quedado por el camino. Una ausencia que nunca se llena, alguien que siempre falta.
No creo que llegue a perdonarme nunca no haberlo hecho cuando podía. El pensar 'ya lo haré mañana, no viene de un día'. Pues resulta que sí. Esperarme un día más será la condena que llevaré toda la vida. Esa lección la aprendí con el palo más grande que me he llevado. Por eso nunca espero. Por eso cuando quiero a alguien tengo la urgencia de decirlo o hacerlo en ese mismo instante.
Todavía recuerdo cuando me cogiste de la mano por última vez y yo te dije sonriendo 'tranquilo, en septiembre habré vuelto'. Claro que iba a volver, lo que no sabía es que tú ya no estarías esperándome detrás de las cortinas blancas y saldrías silbando 'cucuiada'.
Recuerdo llegar y encontrarme el vacío. Encontrarnos a todos perdidos sin ti. Desolación. Lágrimas. Y tú allí, frío, inmóvil. Entonces, cogí una libreta y empecé a escribir. Para ti, para mí, para ellos.
Y ahora estoy aquí, en el pueblo bajo el sauce llorón, cuatro años después recordándote. Solo muere lo que se olvida, y yo, ya sabes que en olvidar soy un desastre. Por recordar, recuerdo todo. Y aunque no fuera así, es imposible olvidar alguien como tú.
Sé que en donde estés, sigues leyéndome y espero que te sientas orgulloso de la persona en la que poco a poco me he ido convirtiendo.
T'estimo molt bolu.
La teva Sasha.

también aprendí otra cosa sobre las lágrimas, con ellas no puedes hacer que alguien que ya no te quiere vuelva a quererte.

Entre el riesgo y la rendición Agosto se disfrazó de Noviembre para no infundir sospechas. Pero no resultó. Diciembre no quiso darse por aludido y no apareció, en su lugar, Octubre y Febrero. Mientras Julio se había dedicado a unir el valor suficiente para arriesgar, Agosto rescató sus pendientes esperando el abrazo de Diciembre. Pero en realidad quien esperaba en un banco delante del portal era Octubre. El recuerdo de la sonrisa ahora ausente de Diciembre llevó al nudo de garganta de Febrero. No lo deshagas, que desgarra. Ven le suplicaba a Junio. Pero nada. La próxima vez susurró con un hilo de voz. Enero le congeló. No habrá próxima vez, Agosto es el mes del deshielo. Pobre Febrero, siempre se ahoga pensó Mayo. Entonces deseó que nunca hubiese existido Abril. Marzo hizo la réplica a Enero y Julio. Septiembre asomó la cabeza, pero no hizo nada, se limitó a decir que ya no eran los mismos. Que ya no servía de nada. Y ese nada, solo era nada.

Esa fue la última vez que la mariposa voló a su ventana.
Último huracán, último destrozo, último roto.

no ha vuelto a amanecer.

Otro tres que pone el contador a cero. Ya van dos. El silencio se rompe por una última elegía o por un último intento desesperado. Solo nueve ladrillos esta vez, pero que se suman a los cincuenta y tres. En total son sesenta y dos. Y como quien no quiere la cosa, volvemos a ser infinito. ¿Será esto la eternidad a la que se refieren cuando se jura amor para siempre?
Lo que sé es que me cuesta un rato hacer las cosas sin querer. Y aunque fui yo quien decidió que ya no más... No sé olvidar(te), así que olvídame tú primero, que yo no puedo. Me clavo las esquinas de mi corazón resquebrajado en ruinas. Me escondo entre recovecos de mi propia inocencia muerta, hurgando por mis uñas restos de tu piel y contemplando cómo se pudren las cicatrices todavía abiertas por falta de plaquetas en la sangre. Sangre que se derrama por no partir en su momento. Por preferir desangrarme a marcharme. Y al final me fuí, pero duele. Duele tanto o más que mi adiós. Sí, porque yo no soy de esas personas que dicen adiós. No me gusta esa palabra, no me gustan las despedidas, ni los finales y mucho menos la ausencia que esta conlleva. Nunca quise irme.
Y ya no sé si te busco o te me apareces, pero las canciones siguen rompiéndome porque te encuentro en ellas. Porque por mucho que huya, siempre te llevo conmigo. No son las manos de septiembre, ni el frío que llega en invierno sin tu cama. Ni siquiera el beso que se quedó a medias en el coche, mientras pensaba "si este es el último, no lo quiero, quédatelo".  Entonces sin saber el por qué de mi pensamiento. Junio y yo sonreíamos después de mucho tiempo, me habías devuelto la vida y decidida cerré la puerta de un portazo. Ahora sabiendo que es un bucle, un ciclo sin fin y que algún día lo recuperaré. Porque no hay más remedio, porque es lo que hay y lo que hay es lo que toca. Se trata de ignorar lo que sientes y recordar lo que mereces.
Merecemos ser felices.Y la última verdad que necesito escuchar sigue siendo esa mentira. Mírame a los ojos y dímelo. Porque prefiero ser una amargada infeliz a tu lado que una hipócrita aparentando felicidad con otro.
Esta noche, un cuerpo que se viste en tus sueños con unos labios de mujer te susurrará como un reo sin voz y algo confuso:

Dímelo.
Porque se me acaba el tiempo y se esfuma el amor.

para ti posiblemente sería otra más.

Ya no se trata de la obviedad de que hay silencios que hacen más ruido que cualquier grito, de que hay gritos ensordecedores y silencios chirriantes.
Se trata de cuando uno decide dejar de estar sentado en esta vida y levantarse. Se levanta y empieza a caminar sin importarle lo que deja atrás. Pues eso.

You'll never know if you don't spread your wings and try.

quiéreme si te atreves.

Los que nos ahogamos, volamos alto. Agité las alas y estoy muy lejos de allí. Vuelo sola, casi rozando el cielo desde la vida a ras de suelo. ¿Que si fumo? Solo cuando te echo de menos. Solo cuando quiero recordar tus besos sabor tabaco, tus brazos rodeándome desde atrás, la pelusilla de tu ombligo o mi cabeza en tu pecho mientras te retumba por culpa de tu maltrecho corazón que se encabrita cuando oye mi voz. Sí, justo ese hueco que parecía hecho solo para mí. Y que sin embargo han ocupado otras muchas. Soy fuerte. Te olvido sin pensarlo y te pienso sin olvidarlo. Pero ya ni te espero ni desespero. Ni siquiera correr detrás de ti son mis planes. Y aunque no lo puedas decir, todavía me quieres a veces. Pero no te necesito y no me mereces.
Que yo quiero pelearme con el sol, beber, reír, perder la voz y que no amanezca tan temprano. Las ganas de tenerte siempre están presentes. Tenerte a mi lado sin pedírtelo y no desangrarme cuando partas. Que nunca partas o siempre vuelvas. Y a veces me siento a ver como el humo de mi cigarro se desvanece, como tu amor por mí, como yo sin ti.
Dicen que no todos los mordiscos duelen, pero los sentimientos afloran y son cosas del destino, siempre me quiere morder. Intento pasar página pero mis heridas son tan profundas que se traspasan y se repiten como si de un eco se tratara. Y lo triste no es que creas que aguantaré lo inaguantable para no perderte, sino pensar que en el fondo, tienes razón.
Y con un poco de suerte, algún día que vuelvas a pillarme borracha, desprevenida y echándote de menos, te diré lo que quieres oír. Que las despedidas siempre tienen mal sabor, pero a ver, que no, que yo te quiero. Te cambio un "sí" por ese "ya no puedo". Y que luego tú, sin truco y sin prisa me entregues tu sonrisa. Ya ves, sigo presa en tu jaula, brindando tu ausencia con mi silencio de suicida sin cojones, pero ahora el viento corre alrededor. ¿Cómo quieres que esté dentro de tu ombligo? Si entre los dedos se me escapa volando una flor y yo la dejo que me marque el camino. A los que digan que no tengo corazón, les diré que tú me lo robaste. Y si te vas, tacharía calendarios esperando a que volvieras porque ya no lloro por nadie, me hiciste una insensible. Ahora necesito aire, el mundo se ha vuelto loco y no aguanto más. Llévame contigo y bésame. Deja huella pero no lágrimas. Y quiéreme hasta que esa cosa llamada corazón, explote y se te salga por la boca.
Me castiga el frío de tu calor ausente, me quedo dormida con tu imagen en la mente porque la actitud correcta es siempre ser educada. Pero ¡que vivan los idiotas que me hacen reír! Que soy pobre en dinero, pero no en sentimientos ni en inteligencia. Y aparcaría toda mi rabia solo para verte sonreír y volver a tener(te) en la cama sin sábanas y llenos de esos besos con ganas. Que tiembla hasta el último poro de mi piel a tu lado. Hazme un hueco en tu colchón, que es donde me encuentro si he dejado de buscarte, porque soy yo quien decide cómo equivocarse, y congela las horas. Agárrame del brazo y dime "quédate", después bésame, y los días tristes pues me abrazas más fuerte, y no te atrevas a llamarme egoísta, volemos juntos siempre hacia arriba y cada vez más alto. Pero siempre me cortas las alas antes de empezar a volar. El de los "me encantas" al oído, ese eras tú. ¿Te tengo? Oscuramente la soledad germina alrededor de mi cuerpo. Me pierdo por un momento y regreso a por ti, cada suspiro exclama tu nombre. Hagamos el amor hasta enamorarnos.
¿Capaz o incapaz?

Un día más, un día menos.
Y la vida siguió como siguen las cosas que no tienen mucho sentido.

sonriendo, mirando el techo con mi cabeza en tu pecho.

Y después de seis años, otra vez oyes su nombre. La mente viaja a la velocidad de la luz y miles de momentos se agolpan en tu cabeza. Oyes su voz. Piensas que todo es estúpidamente surrealista y tienes tanto miedo que no quieres ni girar la cabeza para verle... Pero por el rabillo del ojo le ves. Tu pasado se acerca, atenta. Sueños de los catorce que se cumplen a los diecinueve. Mi amor más amor. Mi amor más puro. Mi amor platónico. Mi obsesión. El primero por el que sentí que moría.
Luego apareció el de amarillo (que trae mala suerte ya lo sabéis). Se quedó en una anécdota, en tormenta de verano y miradas bajo las estrellas.
Fue después de ese verano cuando conocí al de la sonrisa más bonita del mundo. Un viaje al extranjero, lágrimas en mis ojos y su consolación. Fue cuando descubrí que ni los fuertes son tan fuertes ni los débiles tan débiles. Que detrás de su fachada de tipo duro y típico graciosillo, debajo de su caparazón de caracol, se escondía algo más, algo que me movía a quererle.
Después de eso volvió a aparecer el de amarillo. El primero de verdad. Le quise, pero dejé de hacerlo. Y se acabó.
Inmediatamente después entró en mi vida él. El de la barba de tres días. El que acabó con mis nuncas. El que me rompió los esquemas. El que consiguió que perdiera el culo por él. El que hizo que me tragara el orgullo e hiciese lo imposible. El más extremo, el más limítrofe, el más intenso. El que más daño y dolor me ha causado. El que más fuerte me ha hecho. Por el que he muerto un par de veces, y seguramente seguiré muriendo porque se niega a ser pasado y vuelve a mi presente después de haberse ido. El que me devuelve la vida con sus abrazos. Él, que después de todo, sigue siendo mi nada favorita. Yo, que después de todo, sigo siendo la misma idiota que le quería.

no sé si lo recuerdo o me lo contaron.

Los domingos por antonomasia son días tristes. Que si llueve, todavía más. Si estás a solas, la tristeza se multiplica por cincuenta y tres, que viene a ser lo mismo que infinito. Y que si llueve, estás a solas y es domingo, la combinación resulta fatídica.
Cuarenta y cuatro domingos. Lluviosos. Soleados. Tristes. Alegres. Nostálgicos. Memorables. Odiosos. Amorosos. Separados. Juntos.
Veintidós océanos. Veinticuatro tierras. Diecinueve incendios. Cuatro mundos. Ocho cielos. Nueve intentos.
A veces no tienes suficientes lágrimas para llorar todo lo que llevas dentro. A veces tienes tantas que desbordan incontroladas por los párpados como cascadas. Pero sht, calma. ¿No ves que se está encapotando el cielo? Así no llorarás tan sola. Y otra vez llega el puto invierno en pleno verano. La indulgencia se apodera de ti y alguien pide su redención.
Aunque los domingos me suelo jurar que cambiaré de vida, siempre pensé que quien se quiere los domingos es para siempre. Y tú seguías sudando la tristeza.

nota informativa.

Las situaciones cambian y nosotros con ellas. Como podéis comprobar el blog ha sufrido unos cambios. No solo he quitado todos los textos anteriores a Junio sino que también he cambiado la apariencia. Y el por qué, lo resumiré así:

- ¿Te gusta este final?
- No me gustan los finales.
- Es un comienzo.

Pues eso, os dejo con un comienzo. Después del punto y a parte (los puntos finales están sobrevalorados y yo los subestimo) aquí llega el principio de algo nuevo. Esta vez sin pretensiones y con etiqueta.

pocos son aquellos que miran con sus propios ojos y sienten con su propio corazón.

Como siempre mal y tarde Primavera se despide de mí, pero antes... es importante, dice, ¿estás enamorada? No. Ya no, o eso creo. Una vez más la hija de puta me ha hecho fuerte después de maltratarme durante tres largos y duros, durísimos meses, y como ya es costumbre, me ha dejado con esta coraza impenetrable y los trozos pegados, sin resquicios, sin ventanas. El coraje y la serenidad necesarias para seguir con mi vida sin demasiados percances.
No volverá a entrar nadie. No volverá a querer nunca más. La misma historia de siempre, la misma maldición de cada año. Pero ya se ha ido y yo ya he cerrado las puertas.
Estoy bien, y si no lo estoy no importa, estoy tan convencida de mi bienestar que carece de importancia lo que pueda llegar a pensar en algunos momentos de debilidad como el de esta mañana. Y aunque digo que ahora me he olvidado de lo que quiero y me he recordado lo que merezco, lo cierto es que sigo queriendo a ese lobo. Pero que lo haga no implica que me deje llevar. Tengo claro que, aunque caiga otra vez, aunque volvamos a fundirnos en una sola piel... Nunca volverá a tenerme, nunca seré suya. Me perdió como se pierde una aguja en un pajar, o una lágrima en el mar, o un granito de arena en la playa, o una chispa en un incendio, o un globo que se escapa y sale volando. Me perdió y no puede recuperarme. No hay forma humana para que vuelva a hacer que mis sentimientos crezcan. Son los que son y punto.
Doy un paso, dos. Incluso tres. Y cuanto más te quitas más me pongo. Olvidamos la negación a los condicionales de indicativo y dejamos que los imperfectos de subjuntivo se vuelvan presentes de indicativo.
Verano llega algo tímido esta vez, su calor es asfixiante, pero nada que ver con el ahogo primaveral. Me pide la redención y encuentro mi refugio entre esterillas. Nervios de orgullos que tragar y besos por devolver. Arder como siempre y como nunca. Fuego fatuo que no deja ni un rincón por descubrir, todo a ceniza reducido. Todavía estoy mal cosida, pero no importa, lo tengo claro. Hay abrazos que te devuelven la vida, sonrisas que nunca olvidarás y miradas perdidas que te encuentran.
Adiós le digo sonriente.

she drive me crazy.

Eva me llama a gritos, tira fuerte de mi cabellera. Como una loca echa a correr calle abajo. Yo, sin tener ninguna otra opción, la sigo. Llego al callejón sin ventanas, sin salida. Donde el sol se muere de ganas y habita el Olvido. Pero Olvido no está, Olvido no existe. Otra vez sola, yo con mi dualidad. Aparezco comiendo ladrillos de tu ausencia entre techos infinitos que me impiden ver el cielo.
Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho... y sigo engullendo porque me he dado por perdida, he dejado de buscarte y paradójicamente, eres tú quien me encuentra. Me buscas cuando llego al cincuenta y tres. He tragado mucho me dices. Y yo he tragado muchos ladrillos, esta vez no saldré volando aunque vuelves a poner mi mundo patas arriba. Ya veo el cielo. Si tú supieras, si yo te dijera, si yo te contara...
He vuelto a caer en tu gravedad.

Todos sabemos que detrás de un "no debería" se esconde el deseo de un "quisiera". 

cinco, seis, siete, infinito.

Cinco de junio, siete de la mañana.
Navegas entre cristales empañados. La luna te mira cómplice.
Inspiras. La calle huele a invierno.
Sonríes
El mensaje que llevas esperando toda una vida, llega.

Y el silencio habla.

soñarte en mis pesadillas.

Se me atragantan las noches.
"Fuera se te echa de menos" anda llorando la Libertad.
Amaneció.
"No busques más, aquí estoy" me dijo. Olvido había venido a buscarte. Lo que no sabía es que yo ya no estaba. Ni para él ni para nadie. Había huido. Que no iba a encontrarme, que no iba a encontrarte, que no iba a encontrarnos.
Que lo he pensado mejor, que ni te quiero ni te olvido. Que ni me conoces ni te conozco. Ahora somos dos desconocidos que se conocían muy bien.
Respiro humo y no sale de tu cigarrillo. Paseo en coches y no tienen los cristales tintados. Sigo buscando tu mirada entre los ojos de la gente. Dos meses, se dice rápido ¿eh?
Regalé mi espíritu imperecedero. ¿Para qué? Para que nunca más me duela. No estoy sola, hay mucha gente a mi alrededor que me quiere e intenta hacerme feliz. Intento corresponderles siempre con una sonrisa. No solo respirar es vivir. He conseguido dejarme llevar, aunque después me mate la conciencia a martillazos por la noche, por cosas tan estúpidas en mi cabeza como "he profanado nuestro amor". Resuenas en mi cabeza como cañonazos. Le susurro cosas al viento, para que con un poco de suerte, te las lleve y te acaricien el oído, esperando que mis palabras desordenen tu conciencia. ¿Los daños? Que los curen los años, que los alivien otros labios. Será mejor partir que desangrarnos. Aunque creo que ya no queda ni una gota de sangre en mí. Deja de ser cobarde, sé que tú también susurras palabras al viento para mí. Pregúntale del tiempo, y a ver si se acuerda de mí. Pregúntale si es cierto que nadie la ve sonreír. Pregúntale qué añora y en qué piensa cuando llora. Pregúntale si el tiempo cambia, o sigue lloviendo.
La evidencia es que sé que algún día volveré. Te fuiste y no hubo despedidas. Pero si te vas ya no vuelves. Tú no. No voy a permitir que vuelvas. O sí, vuelve cuando quieras que yo ya me he ido. Yo ya no estoy.
I'm so good at remembering what you forgot. Esa es mi cruz. I'm holding on your rope got me ten feet off the ground... y yo no puedo echar tierra encima, porque yo soy fuego. Yo quemo. Yo consumo. Yo ardo. Nuestras ruinas a cenizas reducidas. Donde hubo amor, cenizas quedan. Las cenizas son peligrosas. En cualquier momento pueden reprender si no se les echa tierra encima. Suerte que tú eres tierra. Tú y yo. Tan distintos... Elementos casi opuestos. Es mejor que te quedes con agua, que te dará vida. Yo solo te la quito.
Soledad y desengaño son mi condena. El ave fénix que se niega a resucitar. Dice que está bien aquí, así. Que se ha acostumbrado al dolor y es incapaz de imaginarse una vida distinta a esta que padece. Me he acostumbrado a tu ausencia. Es cierto, no te necesito, nunca te he necesitado. Pero no dejo de echarte de menos. Aunque tampoco te quiero aquí conmigo. Es muy contradictorio, lo sé. Ni yo misma me entiendo.
La vida, que es muy puta, supongo.
La Inacusatividad después de buscarla durante tanto tiempo, la encontré hace cuatro meses. No se ha separado de mí desde entonces. No he dejado de pronominalizar los verbos con la partícula "se". Romperse, desgarrarse, destrozarse, morirse, encontrarse, cruzarse... Ya sabéis.
Y yo, creyendo que había dejado de creer, hasta que descubrí nuestra perpendicularidad. Sí, encontré un extraño paralelismo entre las vidas y las líneas. Descubrí que las líneas, no son infinitas, que todas tienen límites. Que hay líneas paralelas y creí en la eterna tristeza de esas líneas paralelas que van en la misma dirección y nunca jamás se juntarán. Luego descubrí las perpendiculares, como las nuestras. Líneas que también tienen tristeza eterna. Que van en direcciones distintas, en sentidos opuestos pero consiguen la felicidad efímera al encontrarse en un punto. Se cruzan un momento y después siguen su dirección y su sentido. Aunque siempre, al mirar atrás, nos quedará ese punto. Siempre podremos volver por nuestra línea hasta el momento en el que nos encontramos.
¿Qué es más triste pues, unas paralelas o unas perpendiculares? Lo más triste, sin duda, es que no creo que haya infinitos si no son en tus pupilas y entre tus brazos. No hay infinitos si no hay punto al que volver y quedarte ahí sentado. Siempre. Toda la línea, toda la vida. Esperando volver a cruzarse, esperando volverse a encontrar.
De corazones encogidos va la cosa.
No dije adiós, por eso sigo aquí, sentada en esta vida para dejar por escrito que no voy a abandonar.
Cuando el silencio hable, cuando todos callen, volveré a ese punto perpendicular de nuestras líneas y alzaré la voz.

la despedida