he's not perfect, but he's all I want.

Nos hemos roto. Sí, los dos.
Empezamos a cosernos las heridas en Julio (o quizás era Agosto), fue de esas casualidades que te salvan la vida. La persona adecuada que aparece justo en el momento oportuno. Decía que yo era su salvación, lo que no sabía era que, en realidad, era mi salvación. Y me salvó.
Se convirtió en mi sonrisa y se colgó de mis pensamientos. Se reía de mí y de mi torpeza. Me decía que era el caos perfecto. Le contaba que mi espacio vacío era tan enorme que no se llenaba con nada. Y me ahogaba. Él se esforzaba en hacerse cada día un poco más grande y devolverme el aire que me hacía falta. A veces, incluso más.
Me pintó los días grises con sus tonterías y me apartó de la autodestrucción. Me cuidó como si de verdad importara y fue llenando mi vida. Primero con un gorro de paja correteando por un parque entre conciertos, después con una botella de vodka (que no era de ninguno de nosotros dos) en la playa una noche con niebla, más tarde inventamos eso que llamábamos "cochear" y por último, descubrir pueblos alejados de la mano de Dios por caminos que ni siquiera tenían luz. Pero ¿quién necesita luz, teniendo a la luz que alumbra tu vida al lado? Para esos entonces ya no había huecos, ni espacios, ni vacíos. Me regalaba compañía y me hacía feliz. Eso era impagable. Él era eso que le faltaba a mi vida.
Nos habíamos cosido las pieles y, aunque ya no eran visibles, compartíamos heridas. Nuestros corazones tenían cicatrices parecidas.
Había creado algo de la nada. Había creído en mí y me había querido, incluso cuando yo había dejado de hacerlo. Solía decirme que siempre estaba a la defensiva. Yo solía decirle que perro ladrador, poco mordedor.  Y ahora el fuego del infierno ya es solo humo.
Y siempre he pensado que a buen entendedor pocas palabras bastan.

Será que no entiendo. Será que no soy buena. Y mucho menos buena entendedora. O quizás es que pocas palabras no bastan. Quizás las palabras nunca han bastado (ya lo decían los poetas del siglo pasado: imposibilidad del lenguaje).
Pero es el mejor amigo que tengo y que quizás haya tenido nunca. Solo tendremos que volver a coser(nos). Si quieres, claro.

Sé que no soy fácil, que a veces manda huevos.

1 comentario:

  1. Tú y yo nos conocimos porque estábamos hechos para estar juntos, lo más normal era que algún día esta amistad surgiera y me obsesionara por ti(y por nosotros)y que me volviera loco para que estuvieras conmigo. Alguna vez he pensando en dejarlo todo, ya lo ves, pero cuando llegaba uno de esos días, siempre conseguías hacer algo para animarme a volver a luchar por ti.

    Las cosas molan cuando tú estás cerca y yo molo cuando tú estás conmigo. Eres una gran razón para sonreír y ser feliz.

    Cuando no estés aquí, si algún día te vas, acuérdate de todas nuestras sonrisas, de cómo el tiempo se paraba a nuestro alrededor cuando estábamos juntos y que (cómo tu dices de mi) hacías de un día gris un día de colores con solo tu presencia.

    Quédate conmigo y prometo intentar exprimirte hasta tu última sonrisa. :)

    tequuuuuuuiershhhhtttttttt...

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