nota informativa.

Las situaciones cambian y nosotros con ellas. Como podéis comprobar el blog ha sufrido unos cambios. No solo he quitado todos los textos anteriores a Junio sino que también he cambiado la apariencia. Y el por qué, lo resumiré así:

- ¿Te gusta este final?
- No me gustan los finales.
- Es un comienzo.

Pues eso, os dejo con un comienzo. Después del punto y a parte (los puntos finales están sobrevalorados y yo los subestimo) aquí llega el principio de algo nuevo. Esta vez sin pretensiones y con etiqueta.

pocos son aquellos que miran con sus propios ojos y sienten con su propio corazón.

Como siempre mal y tarde Primavera se despide de mí, pero antes... es importante, dice, ¿estás enamorada? No. Ya no, o eso creo. Una vez más la hija de puta me ha hecho fuerte después de maltratarme durante tres largos y duros, durísimos meses, y como ya es costumbre, me ha dejado con esta coraza impenetrable y los trozos pegados, sin resquicios, sin ventanas. El coraje y la serenidad necesarias para seguir con mi vida sin demasiados percances.
No volverá a entrar nadie. No volverá a querer nunca más. La misma historia de siempre, la misma maldición de cada año. Pero ya se ha ido y yo ya he cerrado las puertas.
Estoy bien, y si no lo estoy no importa, estoy tan convencida de mi bienestar que carece de importancia lo que pueda llegar a pensar en algunos momentos de debilidad como el de esta mañana. Y aunque digo que ahora me he olvidado de lo que quiero y me he recordado lo que merezco, lo cierto es que sigo queriendo a ese lobo. Pero que lo haga no implica que me deje llevar. Tengo claro que, aunque caiga otra vez, aunque volvamos a fundirnos en una sola piel... Nunca volverá a tenerme, nunca seré suya. Me perdió como se pierde una aguja en un pajar, o una lágrima en el mar, o un granito de arena en la playa, o una chispa en un incendio, o un globo que se escapa y sale volando. Me perdió y no puede recuperarme. No hay forma humana para que vuelva a hacer que mis sentimientos crezcan. Son los que son y punto.
Doy un paso, dos. Incluso tres. Y cuanto más te quitas más me pongo. Olvidamos la negación a los condicionales de indicativo y dejamos que los imperfectos de subjuntivo se vuelvan presentes de indicativo.
Verano llega algo tímido esta vez, su calor es asfixiante, pero nada que ver con el ahogo primaveral. Me pide la redención y encuentro mi refugio entre esterillas. Nervios de orgullos que tragar y besos por devolver. Arder como siempre y como nunca. Fuego fatuo que no deja ni un rincón por descubrir, todo a ceniza reducido. Todavía estoy mal cosida, pero no importa, lo tengo claro. Hay abrazos que te devuelven la vida, sonrisas que nunca olvidarás y miradas perdidas que te encuentran.
Adiós le digo sonriente.

she drive me crazy.

Eva me llama a gritos, tira fuerte de mi cabellera. Como una loca echa a correr calle abajo. Yo, sin tener ninguna otra opción, la sigo. Llego al callejón sin ventanas, sin salida. Donde el sol se muere de ganas y habita el Olvido. Pero Olvido no está, Olvido no existe. Otra vez sola, yo con mi dualidad. Aparezco comiendo ladrillos de tu ausencia entre techos infinitos que me impiden ver el cielo.
Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho... y sigo engullendo porque me he dado por perdida, he dejado de buscarte y paradójicamente, eres tú quien me encuentra. Me buscas cuando llego al cincuenta y tres. He tragado mucho me dices. Y yo he tragado muchos ladrillos, esta vez no saldré volando aunque vuelves a poner mi mundo patas arriba. Ya veo el cielo. Si tú supieras, si yo te dijera, si yo te contara...
He vuelto a caer en tu gravedad.

Todos sabemos que detrás de un "no debería" se esconde el deseo de un "quisiera". 

cinco, seis, siete, infinito.

Cinco de junio, siete de la mañana.
Navegas entre cristales empañados. La luna te mira cómplice.
Inspiras. La calle huele a invierno.
Sonríes
El mensaje que llevas esperando toda una vida, llega.

Y el silencio habla.

soñarte en mis pesadillas.

Se me atragantan las noches.
"Fuera se te echa de menos" anda llorando la Libertad.
Amaneció.
"No busques más, aquí estoy" me dijo. Olvido había venido a buscarte. Lo que no sabía es que yo ya no estaba. Ni para él ni para nadie. Había huido. Que no iba a encontrarme, que no iba a encontrarte, que no iba a encontrarnos.
Que lo he pensado mejor, que ni te quiero ni te olvido. Que ni me conoces ni te conozco. Ahora somos dos desconocidos que se conocían muy bien.
Respiro humo y no sale de tu cigarrillo. Paseo en coches y no tienen los cristales tintados. Sigo buscando tu mirada entre los ojos de la gente. Dos meses, se dice rápido ¿eh?
Regalé mi espíritu imperecedero. ¿Para qué? Para que nunca más me duela. No estoy sola, hay mucha gente a mi alrededor que me quiere e intenta hacerme feliz. Intento corresponderles siempre con una sonrisa. No solo respirar es vivir. He conseguido dejarme llevar, aunque después me mate la conciencia a martillazos por la noche, por cosas tan estúpidas en mi cabeza como "he profanado nuestro amor". Resuenas en mi cabeza como cañonazos. Le susurro cosas al viento, para que con un poco de suerte, te las lleve y te acaricien el oído, esperando que mis palabras desordenen tu conciencia. ¿Los daños? Que los curen los años, que los alivien otros labios. Será mejor partir que desangrarnos. Aunque creo que ya no queda ni una gota de sangre en mí. Deja de ser cobarde, sé que tú también susurras palabras al viento para mí. Pregúntale del tiempo, y a ver si se acuerda de mí. Pregúntale si es cierto que nadie la ve sonreír. Pregúntale qué añora y en qué piensa cuando llora. Pregúntale si el tiempo cambia, o sigue lloviendo.
La evidencia es que sé que algún día volveré. Te fuiste y no hubo despedidas. Pero si te vas ya no vuelves. Tú no. No voy a permitir que vuelvas. O sí, vuelve cuando quieras que yo ya me he ido. Yo ya no estoy.
I'm so good at remembering what you forgot. Esa es mi cruz. I'm holding on your rope got me ten feet off the ground... y yo no puedo echar tierra encima, porque yo soy fuego. Yo quemo. Yo consumo. Yo ardo. Nuestras ruinas a cenizas reducidas. Donde hubo amor, cenizas quedan. Las cenizas son peligrosas. En cualquier momento pueden reprender si no se les echa tierra encima. Suerte que tú eres tierra. Tú y yo. Tan distintos... Elementos casi opuestos. Es mejor que te quedes con agua, que te dará vida. Yo solo te la quito.
Soledad y desengaño son mi condena. El ave fénix que se niega a resucitar. Dice que está bien aquí, así. Que se ha acostumbrado al dolor y es incapaz de imaginarse una vida distinta a esta que padece. Me he acostumbrado a tu ausencia. Es cierto, no te necesito, nunca te he necesitado. Pero no dejo de echarte de menos. Aunque tampoco te quiero aquí conmigo. Es muy contradictorio, lo sé. Ni yo misma me entiendo.
La vida, que es muy puta, supongo.
La Inacusatividad después de buscarla durante tanto tiempo, la encontré hace cuatro meses. No se ha separado de mí desde entonces. No he dejado de pronominalizar los verbos con la partícula "se". Romperse, desgarrarse, destrozarse, morirse, encontrarse, cruzarse... Ya sabéis.
Y yo, creyendo que había dejado de creer, hasta que descubrí nuestra perpendicularidad. Sí, encontré un extraño paralelismo entre las vidas y las líneas. Descubrí que las líneas, no son infinitas, que todas tienen límites. Que hay líneas paralelas y creí en la eterna tristeza de esas líneas paralelas que van en la misma dirección y nunca jamás se juntarán. Luego descubrí las perpendiculares, como las nuestras. Líneas que también tienen tristeza eterna. Que van en direcciones distintas, en sentidos opuestos pero consiguen la felicidad efímera al encontrarse en un punto. Se cruzan un momento y después siguen su dirección y su sentido. Aunque siempre, al mirar atrás, nos quedará ese punto. Siempre podremos volver por nuestra línea hasta el momento en el que nos encontramos.
¿Qué es más triste pues, unas paralelas o unas perpendiculares? Lo más triste, sin duda, es que no creo que haya infinitos si no son en tus pupilas y entre tus brazos. No hay infinitos si no hay punto al que volver y quedarte ahí sentado. Siempre. Toda la línea, toda la vida. Esperando volver a cruzarse, esperando volverse a encontrar.
De corazones encogidos va la cosa.
No dije adiós, por eso sigo aquí, sentada en esta vida para dejar por escrito que no voy a abandonar.
Cuando el silencio hable, cuando todos callen, volveré a ese punto perpendicular de nuestras líneas y alzaré la voz.