soñarte en mis pesadillas.

Se me atragantan las noches.
"Fuera se te echa de menos" anda llorando la Libertad.
Amaneció.
"No busques más, aquí estoy" me dijo. Olvido había venido a buscarte. Lo que no sabía es que yo ya no estaba. Ni para él ni para nadie. Había huido. Que no iba a encontrarme, que no iba a encontrarte, que no iba a encontrarnos.
Que lo he pensado mejor, que ni te quiero ni te olvido. Que ni me conoces ni te conozco. Ahora somos dos desconocidos que se conocían muy bien.
Respiro humo y no sale de tu cigarrillo. Paseo en coches y no tienen los cristales tintados. Sigo buscando tu mirada entre los ojos de la gente. Dos meses, se dice rápido ¿eh?
Regalé mi espíritu imperecedero. ¿Para qué? Para que nunca más me duela. No estoy sola, hay mucha gente a mi alrededor que me quiere e intenta hacerme feliz. Intento corresponderles siempre con una sonrisa. No solo respirar es vivir. He conseguido dejarme llevar, aunque después me mate la conciencia a martillazos por la noche, por cosas tan estúpidas en mi cabeza como "he profanado nuestro amor". Resuenas en mi cabeza como cañonazos. Le susurro cosas al viento, para que con un poco de suerte, te las lleve y te acaricien el oído, esperando que mis palabras desordenen tu conciencia. ¿Los daños? Que los curen los años, que los alivien otros labios. Será mejor partir que desangrarnos. Aunque creo que ya no queda ni una gota de sangre en mí. Deja de ser cobarde, sé que tú también susurras palabras al viento para mí. Pregúntale del tiempo, y a ver si se acuerda de mí. Pregúntale si es cierto que nadie la ve sonreír. Pregúntale qué añora y en qué piensa cuando llora. Pregúntale si el tiempo cambia, o sigue lloviendo.
La evidencia es que sé que algún día volveré. Te fuiste y no hubo despedidas. Pero si te vas ya no vuelves. Tú no. No voy a permitir que vuelvas. O sí, vuelve cuando quieras que yo ya me he ido. Yo ya no estoy.
I'm so good at remembering what you forgot. Esa es mi cruz. I'm holding on your rope got me ten feet off the ground... y yo no puedo echar tierra encima, porque yo soy fuego. Yo quemo. Yo consumo. Yo ardo. Nuestras ruinas a cenizas reducidas. Donde hubo amor, cenizas quedan. Las cenizas son peligrosas. En cualquier momento pueden reprender si no se les echa tierra encima. Suerte que tú eres tierra. Tú y yo. Tan distintos... Elementos casi opuestos. Es mejor que te quedes con agua, que te dará vida. Yo solo te la quito.
Soledad y desengaño son mi condena. El ave fénix que se niega a resucitar. Dice que está bien aquí, así. Que se ha acostumbrado al dolor y es incapaz de imaginarse una vida distinta a esta que padece. Me he acostumbrado a tu ausencia. Es cierto, no te necesito, nunca te he necesitado. Pero no dejo de echarte de menos. Aunque tampoco te quiero aquí conmigo. Es muy contradictorio, lo sé. Ni yo misma me entiendo.
La vida, que es muy puta, supongo.
La Inacusatividad después de buscarla durante tanto tiempo, la encontré hace cuatro meses. No se ha separado de mí desde entonces. No he dejado de pronominalizar los verbos con la partícula "se". Romperse, desgarrarse, destrozarse, morirse, encontrarse, cruzarse... Ya sabéis.
Y yo, creyendo que había dejado de creer, hasta que descubrí nuestra perpendicularidad. Sí, encontré un extraño paralelismo entre las vidas y las líneas. Descubrí que las líneas, no son infinitas, que todas tienen límites. Que hay líneas paralelas y creí en la eterna tristeza de esas líneas paralelas que van en la misma dirección y nunca jamás se juntarán. Luego descubrí las perpendiculares, como las nuestras. Líneas que también tienen tristeza eterna. Que van en direcciones distintas, en sentidos opuestos pero consiguen la felicidad efímera al encontrarse en un punto. Se cruzan un momento y después siguen su dirección y su sentido. Aunque siempre, al mirar atrás, nos quedará ese punto. Siempre podremos volver por nuestra línea hasta el momento en el que nos encontramos.
¿Qué es más triste pues, unas paralelas o unas perpendiculares? Lo más triste, sin duda, es que no creo que haya infinitos si no son en tus pupilas y entre tus brazos. No hay infinitos si no hay punto al que volver y quedarte ahí sentado. Siempre. Toda la línea, toda la vida. Esperando volver a cruzarse, esperando volverse a encontrar.
De corazones encogidos va la cosa.
No dije adiós, por eso sigo aquí, sentada en esta vida para dejar por escrito que no voy a abandonar.
Cuando el silencio hable, cuando todos callen, volveré a ese punto perpendicular de nuestras líneas y alzaré la voz.

1 comentario:

  1. "¿Qué es más triste pues, unas paralelas o unas perpendiculares?" Qué gran pregunta, y qué forma más gráfica de decirlo.

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