para ti posiblemente sería otra más.

Ya no se trata de la obviedad de que hay silencios que hacen más ruido que cualquier grito, de que hay gritos ensordecedores y silencios chirriantes.
Se trata de cuando uno decide dejar de estar sentado en esta vida y levantarse. Se levanta y empieza a caminar sin importarle lo que deja atrás. Pues eso.

You'll never know if you don't spread your wings and try.

quiéreme si te atreves.

Los que nos ahogamos, volamos alto. Agité las alas y estoy muy lejos de allí. Vuelo sola, casi rozando el cielo desde la vida a ras de suelo. ¿Que si fumo? Solo cuando te echo de menos. Solo cuando quiero recordar tus besos sabor tabaco, tus brazos rodeándome desde atrás, la pelusilla de tu ombligo o mi cabeza en tu pecho mientras te retumba por culpa de tu maltrecho corazón que se encabrita cuando oye mi voz. Sí, justo ese hueco que parecía hecho solo para mí. Y que sin embargo han ocupado otras muchas. Soy fuerte. Te olvido sin pensarlo y te pienso sin olvidarlo. Pero ya ni te espero ni desespero. Ni siquiera correr detrás de ti son mis planes. Y aunque no lo puedas decir, todavía me quieres a veces. Pero no te necesito y no me mereces.
Que yo quiero pelearme con el sol, beber, reír, perder la voz y que no amanezca tan temprano. Las ganas de tenerte siempre están presentes. Tenerte a mi lado sin pedírtelo y no desangrarme cuando partas. Que nunca partas o siempre vuelvas. Y a veces me siento a ver como el humo de mi cigarro se desvanece, como tu amor por mí, como yo sin ti.
Dicen que no todos los mordiscos duelen, pero los sentimientos afloran y son cosas del destino, siempre me quiere morder. Intento pasar página pero mis heridas son tan profundas que se traspasan y se repiten como si de un eco se tratara. Y lo triste no es que creas que aguantaré lo inaguantable para no perderte, sino pensar que en el fondo, tienes razón.
Y con un poco de suerte, algún día que vuelvas a pillarme borracha, desprevenida y echándote de menos, te diré lo que quieres oír. Que las despedidas siempre tienen mal sabor, pero a ver, que no, que yo te quiero. Te cambio un "sí" por ese "ya no puedo". Y que luego tú, sin truco y sin prisa me entregues tu sonrisa. Ya ves, sigo presa en tu jaula, brindando tu ausencia con mi silencio de suicida sin cojones, pero ahora el viento corre alrededor. ¿Cómo quieres que esté dentro de tu ombligo? Si entre los dedos se me escapa volando una flor y yo la dejo que me marque el camino. A los que digan que no tengo corazón, les diré que tú me lo robaste. Y si te vas, tacharía calendarios esperando a que volvieras porque ya no lloro por nadie, me hiciste una insensible. Ahora necesito aire, el mundo se ha vuelto loco y no aguanto más. Llévame contigo y bésame. Deja huella pero no lágrimas. Y quiéreme hasta que esa cosa llamada corazón, explote y se te salga por la boca.
Me castiga el frío de tu calor ausente, me quedo dormida con tu imagen en la mente porque la actitud correcta es siempre ser educada. Pero ¡que vivan los idiotas que me hacen reír! Que soy pobre en dinero, pero no en sentimientos ni en inteligencia. Y aparcaría toda mi rabia solo para verte sonreír y volver a tener(te) en la cama sin sábanas y llenos de esos besos con ganas. Que tiembla hasta el último poro de mi piel a tu lado. Hazme un hueco en tu colchón, que es donde me encuentro si he dejado de buscarte, porque soy yo quien decide cómo equivocarse, y congela las horas. Agárrame del brazo y dime "quédate", después bésame, y los días tristes pues me abrazas más fuerte, y no te atrevas a llamarme egoísta, volemos juntos siempre hacia arriba y cada vez más alto. Pero siempre me cortas las alas antes de empezar a volar. El de los "me encantas" al oído, ese eras tú. ¿Te tengo? Oscuramente la soledad germina alrededor de mi cuerpo. Me pierdo por un momento y regreso a por ti, cada suspiro exclama tu nombre. Hagamos el amor hasta enamorarnos.
¿Capaz o incapaz?

Un día más, un día menos.
Y la vida siguió como siguen las cosas que no tienen mucho sentido.

sonriendo, mirando el techo con mi cabeza en tu pecho.

Y después de seis años, otra vez oyes su nombre. La mente viaja a la velocidad de la luz y miles de momentos se agolpan en tu cabeza. Oyes su voz. Piensas que todo es estúpidamente surrealista y tienes tanto miedo que no quieres ni girar la cabeza para verle... Pero por el rabillo del ojo le ves. Tu pasado se acerca, atenta. Sueños de los catorce que se cumplen a los diecinueve. Mi amor más amor. Mi amor más puro. Mi amor platónico. Mi obsesión. El primero por el que sentí que moría.
Luego apareció el de amarillo (que trae mala suerte ya lo sabéis). Se quedó en una anécdota, en tormenta de verano y miradas bajo las estrellas.
Fue después de ese verano cuando conocí al de la sonrisa más bonita del mundo. Un viaje al extranjero, lágrimas en mis ojos y su consolación. Fue cuando descubrí que ni los fuertes son tan fuertes ni los débiles tan débiles. Que detrás de su fachada de tipo duro y típico graciosillo, debajo de su caparazón de caracol, se escondía algo más, algo que me movía a quererle.
Después de eso volvió a aparecer el de amarillo. El primero de verdad. Le quise, pero dejé de hacerlo. Y se acabó.
Inmediatamente después entró en mi vida él. El de la barba de tres días. El que acabó con mis nuncas. El que me rompió los esquemas. El que consiguió que perdiera el culo por él. El que hizo que me tragara el orgullo e hiciese lo imposible. El más extremo, el más limítrofe, el más intenso. El que más daño y dolor me ha causado. El que más fuerte me ha hecho. Por el que he muerto un par de veces, y seguramente seguiré muriendo porque se niega a ser pasado y vuelve a mi presente después de haberse ido. El que me devuelve la vida con sus abrazos. Él, que después de todo, sigue siendo mi nada favorita. Yo, que después de todo, sigo siendo la misma idiota que le quería.

no sé si lo recuerdo o me lo contaron.

Los domingos por antonomasia son días tristes. Que si llueve, todavía más. Si estás a solas, la tristeza se multiplica por cincuenta y tres, que viene a ser lo mismo que infinito. Y que si llueve, estás a solas y es domingo, la combinación resulta fatídica.
Cuarenta y cuatro domingos. Lluviosos. Soleados. Tristes. Alegres. Nostálgicos. Memorables. Odiosos. Amorosos. Separados. Juntos.
Veintidós océanos. Veinticuatro tierras. Diecinueve incendios. Cuatro mundos. Ocho cielos. Nueve intentos.
A veces no tienes suficientes lágrimas para llorar todo lo que llevas dentro. A veces tienes tantas que desbordan incontroladas por los párpados como cascadas. Pero sht, calma. ¿No ves que se está encapotando el cielo? Así no llorarás tan sola. Y otra vez llega el puto invierno en pleno verano. La indulgencia se apodera de ti y alguien pide su redención.
Aunque los domingos me suelo jurar que cambiaré de vida, siempre pensé que quien se quiere los domingos es para siempre. Y tú seguías sudando la tristeza.