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Mostrando entradas de abril, 2014

Con eme de Mariposa

Se hacía llamar Eme. No quería que el hálito putrefacto que salía de las bocazas de esos borrachos ensuciara su nombre. Era la desconocida que salía cuando se ponía el sol, la que todo el mundo conocía por sus trabajos entre azulejos manchados y retretes asquerosos. Sí, trabajaba de luna a luna, se llenaba la boca de vida inerte por diez euros y así conseguía mantener un día más la suya. Los borrachos del bar hacían cola en la puerta del lavabo no para, sino por ella. Eran muchos los que en momentos de lucidez discursiva daban con grandes greguerías sin mucho acierto y golpeaban la barra con las jarras riendo como idiotas. Entre ellos un gordo seboso con cara de simio al que habían apodado Hercules, que no Hércules, como premio al derrotar siempre a todos sus oponentes en el concurso de beber más litros de cerveza en cincos minutos que se celebraba en el bar cada martes. Eme siempre aparecía pasadas las once, cuando el frío empezaba a apretar y después de haber probado suerte en las calle…

esto acaba de empezar.

Mi niña interior se ha puesto a llorar. Dice que no puede más. Que le duele mucho, mucho, mucho la piel. Que la primavera le está agrietando el caparazón y hace que le salgan brotes de amapolas en las heridas.

Se ha sentado en medio de la plaza gris. Es que desde que llueve todo está gris (el cielo está gris, el edificio está gris, el asfalto está gris...).
Pero no es lo mismo estar que ser.
(El cielo es azul cuando brilla el sol, 
el edificio es amarillo opaco cuando el cielo es azul y brilla el sol, 
el asfalto es negro cuando el edifico es amarillo opaco y el cielo es azul y brilla el sol...)

Se ha sentado en medio de la plaza de adoquines grises y ha cruzado los brazos. Así, sin paraguas. Se está poniendo perdida de barro. Y esta vez no va a ceder. Es su postura límite. De cuando una situación se vuelve insostenible.
Dice, también, que está cansada, que está hastiada de mí. Que estoy demasiado triste para ser tan feliz. Y que es un ultraje.

La miro desde la ventana de mis ojos y la …