hazme rabiar hasta que no pueda evitar besarte.

Busca entre mis puntos suspensivos el motivo. Encuéntrame como única solución. Y cuando te des cuenta, ven.
Derritamos el ayer, el hoy y el mañana; que no exista el tiempo. Que nos escapamos de sus leyes, tú y yo somos atemporales.
Reduzcamos el lejos y el cerca de los quilómetros que nos separan. Que estemos juntos, en la misma línea. Aquí y ahora.

Y repetir que en las tierras cerca del mar se arreglan los destrozos con un par de mentiras. Y llenar el suelo de arena, jugar con las caracolas y que te caigan los huevos al suelo al ver el candor de mi alma. Después una copa de vino y un plato de pasta. Dormir yo contigo y tú conmigo bajo una colcha azul. Las piernas abiertas abrazando la soledad que se desvanece y la sonrisa vertical que vierte lágrimas saladas. Amanecer con una ducha de agua caliente y la vida corriendo por las venas. Con los ojos brillantes, fulgiendo de emoción. El pelo mojado, ralo, deslizándose por la espalda. Una espalda blanca como la nieve y con lunares. Ya ves, no es necesario ir a la luna para alunizar, basta con desnudarme cerca del mar.

Que siempre fuimos un poco como la luna y el sol, tú un lunático por mi piel y yo la luz que quema tu oscuridad. Que a veces te buscaría sin miedo de hallarte, corriendo por querer encontrarme y escapando por si te encuentro.

Diecinueve otoños que se acaban y siguen huyendo por laberintos sin sentido que llevan a un mismo lugar lleno de hojas secas, muertas, que al fin y al cabo, no son más que mi propio reflejo. Sonrío mientras pienso don't think twice it's alright... pero ya sabes, friends, lovers or nothing, there can only be one. Y, nosotros, siempre fuimos más de nada.

 

Come on skinny love just last year...

¿realmente quieres tenerme?

A golpes que me dejó aquella obsesión. Tú no me entenderás.
Las mañanas se tiñen de tu vida entera. Fuera el frío ha secado mi jardín y ya no te sientes un bicho raro.
Y frena.
La reproducción aleatoria me traiciona, Si te vas... empieza a sonar. Mi corazón se encoge, se hace pequeño, las costuras se rompen y se resquebraja mil veces más. La angustia me perfora debajo del esternón y el vacío me engulle soltando un gemido desgarrador de desconsuelo.
No puedo.
Ni siquiera quiero.

que esto solo es un pequeño secreto.

El cielo gris cubría la ciudad, que no heroica, pero sí dormía la siesta. Las cosas inmutables habían cambiado. El suelo era el mismo, pero yo no. El Domingo inesperado me lleva a pisar tus calles sin ti. Extraño paralelismo de vidas, que siendo la misma, es tan distinta. Y tú nunca tan lejos pero siempre tan dentro.
Sin darme cuenta el tiempo ha pasado. Me encuentro aquí sentada, a pocos días de cumplir los veinte. Quien me conozca sabe que odio cumplir años. Lo que nadie sabe es la razón. Y a esa razón, ahora, hay que sumarle otra.
Dicen que no importa el tiempo que pase sino lo que pase en ese tiempo. Pues siguiendo el compás de los suspiros que das -me dice la conciencia- sigues rota. Y más que nunca.
Yo que estaba convencida de haber superado el dolor. Yo que había dejado de ser la tristeza personificada. Yo que me autoengaño y lo sé. Porque no es peso, es vacío. Y el vacío me asfixia. El vacío es espacio que me ahoga, en el espacio no hay oxígeno. En el espacio no hay nada. Nada. ¿Te das cuenta? Después de todo sigues estando tú.
Es como un callejón sin salida en el que he dejado de contar ladrillos porque ya tienes quien te ladra mientras yo intento desenladrillar el cielo para alzar el vuelo y alejarme de esta cárcel. Aunque es imposible, esta prisión solo existe en mi mente. Todo está en mi cabeza, que vivo de memoria. De memorias y recuerdos, de eternos pasados y efímeros presentes.
Aferrada a dos infinitos que ya no me atrevo a colgarme en las orejas. Porque conservar algo que me ayude a recordarte sería admitir que te puedo olvidar y eso, sigue siendo una misión imposible.
En algunos momentos de flaqueza todavía juro que lo daría todo por verte llegar y ponerme a tu lado. Por volver a dejar que detrás de la negación del condicional de indicativo donde se esconde el deseo del imperfecto de subjuntivo, se convirtiera en presente de indicativo. Pero luego recuerdo que yo te dí la oportunidad de ser feliz conmigo y tú no quisiste. Y entonces me enervo. Me enfado y me siento patética. Pero ese dolor es lo único que puedes infligirme ahora. Ese dolor es lo único que me sigue atando a ti, y en cierta forma, estoy agradecida por ello. Porque prefiero el dolor al vacío de la calma que me asfixia. Prefiero sufrir y sentirme viva que morir.
Noviembre es el mes del Amor y en mi pensamiento solo una palabra, un verbo, una acción: Vuelve.

(que es el deseo de si 'volviera o volviese' escondido detrás del 'no debería volver' transformado en imperativo pero en presente).

Una vez te dije cuidado con las mariposas, sus alas despiertan huracanes y no me hiciste caso.
Otra vez te lo digo.
 
Me voy cuando quiera y cuando quiera te olvido.

ya no sé qué tipo de aire respiro.

A ver si escribiendo menos consigo decir más. Que después de sobrevivir a 'Septiembre no es Septiembre sin ti' y 'a mi Octubre le faltas tú', llega Nostalgiaviembre.
Me repica el corazón porque M me mira desde el balcón de sus ojos amarillos, se ha puesto el traje oscuro. No llueve pero el suelo está húmedo y me encaramo como puedo. El beso, como un castigo divino, nos rompe los huesos porque no nos besamos donde sabemos. El lugar correcto es en tus labios. Y nos quedamos con las ganas. Todo había concluído... sin haber empezado.
A veces tan fría que quemo. ¿No ves que se la suda? Llevan tiempo esperándose, eran dos orgullos paralelos. De un fleco de mi alma herida: restos de sábanas, colcha, somier y colchón. La diferencia entre dejar que pase y dejarlo pasar. Al final solo quedan cenizas.
¿Hoy no lloras? me pregunta el corazón cuando golpeo la pared, como si golpear esa pared te hiciera volver.
Quién me iba a decir que cuando acabara de zurcir las heridas de las noches mal dormidas llegarías tú. No sé a qué estamos jugando pero vamos perdiendo. Donde hay lunas de tela y un sol navajero, me bebí la razón y me fumé el corazón. ¿Ahora sí que podemos besarnos, no? Porque nadie que merezca la pena te dejará marchar.
Porque el orgullo puede hacerte fuerte, pero no feliz.

Este Otoño desolado se rinde repitiéndome que las musas inspiran, no escriben. Pero, querido Noviembre, por favor, dame algo grande para recordar. Y mientras, la casualidad del primer viernes se pone el disfraz de una mariposa gritando a M:
 
 ¿Qué quieres? ¿Amor? ¡Pues ya somos dos!