catarsis

El otoño ya está aquí y no lo digo yo.
Que yo solo sé decir que te quiero desde que me instruyo en el dejar de contar.

No han existido otros tiempos en los que una suerte mejor me conociera
aunque sigo pareciendo la chica más triste de la ciudad.

Con los ojos cargados de nostalgia,
cuánto tiempo desde el interrogante en la mirada y los primeros errores,
cuánto tiempo desde las huidas que acababan donde se encontraba alguien que ya no sé quién es,
cuánto tiempo desde la primera eternidad antes de rendirme,
cuánto tiempo desde la última vez que de vuelta en el autobús memoricé el paisaje que no volvería a ver.
cuánto tiempo desde no me mientas, no me digas nunca te olvidaré.

Los fuegos artificiales desgarraban la ciudad festiva
y nuestros corazones empañaban los cristales de un italiano al lado del mar.
Así empezó la catarsis:
Lléname de tus historias, que se detengan las horas.

Y lo consiguió. 
Y se quedó a mi lado durante los domingos más tristes de cada mes y sus noches infinitas. Y los lunes. Y los sábados. Y los martes. Y los viernes. Y los miércoles. Y los jueves. Y un año. Y lo convirtió en el más feliz. Y pasaban los días y seguía conmigo, escondido bajo las sábanas.

Ojalá la vida fueran solo estas pequeñas cosas.
Ojalá el mundo existiera solo en esta habitación.

De vez en cuando, todavía, un sollozo rompe mi garganta
para recordarme lo que es un naufragio
                                                               y un vacío
                                                                               y nada.
Para ahogarme.
                        El espacio es lo que no tiene
                                                                    oxígeno.

Pero todo el mundo sigue mandándome a las nubes,
como si fuera cielo.

Y yo vuelvo a hacerlo
lo de escribir sin sentido
lo de morirme 
                        y después
                                          matarme.

Las palabras no me salen, pero la vida a borbotones.
Algo va mal.
O demasiado bien
Empieza a amanecer el primer año sin pasado.

Agárrate de mi mano, que tengo miedo del futuro.