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Mostrando entradas de octubre, 2012

besarte hasta perder el control.

Podría revelar el silencio detrás de cincuenta y tres ladrillos.
Podría comentar cómo el agua se desliza sobre la piel.
Podría declarar gemidos en soledad.
Podría desarrollar cómo una barba desprende magia al contacto con una mejilla.
Podría ilustrar la preocupación en un cojín.
Podría interpretar lo que no se logra decir con palabras y se descarga con un puño en la pared.
Podría enseñar a volar a un ángel sin alas.
Podría justificar el masoquismo de unas manos que no quieren darse por vencidas.
Podría razonar sobre la tristeza y su encanto.
Podría manifestar las estaciones rojas y bocas azules que necesitan recorrer unos pies. 
Podría decir cómo hacer el domingo especial.
Podría hablar sobre cómo hacer que una causalidad parezca una casualidad.
Podría aclarar que no se puede besar sin antes haber perdido el control.
Podría explicar la ausencia con ciento veintisiete maneras de echar de menos.
Podría escribir también sobre las doce formas en las que se puede amar durante dos…

y si te vas, no vuelvas más.

Los ojos azules responden y las palabras se clavan como sus pupilas en todos mis puntos de inflexión.
'No te ofendas' dice. Y yo no pienso, se me nubla la mirada.
Me da igual, como todo lo demás, ha perdido importancia. Ahora nada es suficientemente importante para mí. No haría nada por nadie. Y lo siento, porque quizás él sí merecería que luchara un poco. Puede que algún día diga que sí o sea yo quien acabe recordándole su nuestra falta de tendenciosidad y la terapia pendiente (solo porque hace que mis ojos sigan destellando esperanza, porque mi naufragio sería más bonito en su iris y porque se empeña en ser una causa perdida).

Pero se desmenuzan los sueños. Insisto en no juntar los párpados. La mirada olvidada no me ha perdido. Aunque me ha recordado en la barra de algún bar.
Como cobarde que es siempre me deja a mí la parte difícil. 'Es incapaz' y le disparó en el corazón. Ya no llora y no está triste.
En el cielo ella vive libre y a mi alrededor solo hay grito…

quizás en otro contexto hubiera significado que necesita irse lejos, al espacio, y disfrutar de las estrellas con los ojos cerrados.

Me da miedo la enormidad donde nadie oye mi voz. Me da miedo la insignificancia del ser humano frente a la grandeza del mundo.
Huele a tierra mojada, como cuando me miraste como si no lo hubieras hecho nunca.
La brisa te lleva y te trae, te remueve, te mezcla, te enreda. Si me sueltas entre tanto viento, ¿cómo voy a continuar? Así que cogí las cuerdas de los líos e hice un nudo fuerte para que no se perdieran.
Desanudas el silencio y sales por el conducto de ventilación rompiendo el sonido de mi garganta. Las cuerdas vibran y dices que vives en el eco de mi voz.
'¿Has llorado?' me pregunta entre líneas tu subconsciente mientras vas a oscuras. 'Me importas' respondo iluminando tu oscuridad.
No quiero un final feliz, solo quiero serlo.
Respiro y pienso en la fragilidad de la vida. En que hoy estás y mañana eres nada, solo un recuerdo dentro de esas mentes que luchan contra el olvido. Y tú... te deslizas como si fueras de viento y al contacto con mis dedos te desvanecier…

te tengo, te pierdo, te agarro, te suelto, te vas, te espero, te busco, te encuentro, te acercas, me alejo, te escucho, te cuento, te compro, te vendo, te odio, te quiero, me besas, te muerdo, te abrazo, te aprieto, me duermo, te sueño…

Me miró a los ojos y me gritó: '¿Quieres saber qué me pasa? Pasa que no pasa nada. Eso me pasa.'
Y yo... no pude hacer más que abalanzarme sobre él; le besé. Era un principio que apuntaba maneras de final.

Y un año más tarde, Nada suena en mi cabeza; y me ahogo.

no podía concebir que un ángel fuera más espléndido.

Eh, que el Otoño no es tan triste si tienes con quién compartirlo. O con quién intentarlo, una y mil veces.
¿Me hará tostadas para desayunar? No lo sé. Dejaré que me sorprenda. Dejaré que el sol entre por la claraboya y seque los pantanos de mis brumas y queme los tronos donde reinen dudas.
Sí, él es mi sol (o era). Le pedí que no dejara de brillar, porque brilla(ba) tanto que incluso me hac(ía)e brillar a mí.
De verdad que iba a dejarme llevar porque la Ilusión viene a buscarme y me da otra oportunidad. Me ofrece un Octubre al lado de unos brazos que no me dejan caer, con unas manos que tratan de arreglarme. Pero el miedo se hace grande y empiezo a cuestionarme si está bien entregarse a alguien que te ama... Ni siquiera estoy segura de si quiero que sea él quién me arregle. Dejarse querer sin poder dar la misma moneda de cambio no es justo. Jugar con dos personas mientras tienes a una tercera en la cabeza no es muy ético. No hay ninguna excusa que pueda justificar un comportamiento co…

cuando recuerdo cómo sus ojos conseguían brillar en la oscuridad.

Domingo camuflado en Jueves y primera lluvia de Octubre. Entre nubes de cinismo las baldosas se multiplican y se imitan ínfimamente. Se refleja en ellas la luz del baño y no es del Siroco. Las tejas se revolucionan, se abren y se parten dejando caer gotas. Gotas que llenan de humedad estas paredes que se pudren cada vez más con el paso de los días. Ni siquiera las ratas quieren pasar. ¿Quién va a querer una morada como esta? Donde nunca pasa nada y el suelo se resquebraja debajo de sus pies. Por alguna grieta sale una araña que lo persigue maliciosa y escapa. Se agacha para recolocar la baldosa que ha movido y el barro le tiñe las manos que se tornan de color oscuro, como su corazón. Ahora solo piensa en ella, que le dejó solo.
Dijo que hacía dos meses que la esperaba, pero no sabía que lo importante no es cuánto esperas, sino a quién.
Entonces ella apareció y le dijo esta noche tú no duermes solo. Como un hada le tocó con su magia y él pensó que le había obsequiado, que era un afortu…

aunque a veces nos cueste el mundo entero, hagámoslo girar.

HOY (TE) NECESITO.

HUIR.



si un tiempo atrás alguien me lo hubiera contado, sin duda alguna habría dicho que no.

Demasiado difícil para ser Lunes, demasiado pronto para ser Martes.
Demasiado tarde para probarlo, demasiado improbable para arrepentirse.
Estoy cansada de los cobardes. De los que no arriesgan por no perder. De los que podrían ganar pero prefieren no tener esperanza y volverse egoístas por no mostrarse débiles. ¿Débiles? ¿A caso no es más fuerte el que se muestra vulnerable que el que se esconde tras su aparente fortaleza?
Dicen que es mejor no esperar nada de nadie pero ¿no crees que es un poco utópico? Yo creo que es algo inevitable. Aunque seas un egoísta.
Y yo seguía con mi monólogo interior, atormentada, pensando en el destino y su causalidad o quizás en las coincidencias y sus casualidades... Quién sabe si en ti, en él y en él. ¿Los lunes de Octubre, dónde estarás? Y entonces me dijo:
-¿Hoy qué mentira quieres escuchar: te he echado de menos, nunca te olvidé o te quiero?
- Sorpréndeme.
- No me iré de tu vida.
Le miro incrédula. Y le reto con la mirada. Me echo a reír. Había l…

y perdí, una vez más.

Hay cosas inevitables, como llorar en un concierto cuando ponen tu canción. Así es como Si te vas sonó justo antes que La vereda de la puerta de atrás. ¿Casualidad? Quién sabe. Yo he dejado de buscar razones.
Última prueba. Superada. ¿Y ahora qué?
Cuando empezaron a tocar los primeros acordes de Dulce introducción al caos, me crucé con sus ojos amarillos. Con su sonrisa, sus mejillas y sus manos. Fui valiente (aunque no del todo). Pero qué estúpida me sentí. Lo vi claro. Había apostado mal. Y antes de que pudiesen darse cuenta los demás, me fui. Volví a la multitud para perder mi individualidad y ser una más.
En medio de toda esa gente aglomerada fui capaz de ver nada. Para mis ojos no había nada. Hasta que me crucé con esos ojos amarillos. Sí. ¿No he hablado nunca de mi pequeño de ojos amarillos verdad? Pero ¿qué quieres que te diga cuando me vienes a ver? Hola ¿qué tal? muy bien, me voy tengo cosas que hacer.
Me arriesgo y me siento estúpida. Pierdo otra vez.
Para el tercer movimi…

pero sabía que allí no se escribían canciones que no fueran con tres solos desafinados.

Hablo del vacío. De las hojas que se arremolinan en los rincones, de las palabras que se lleva el silencio y de las lágrimas que tragan las alcantarillas. De los árboles que se desvisten y nosotros que nos anudamos. Del olor que deja la lluvia después de la tormenta y la tormenta antes de la calma. De la falta que me haces tú y la falta que me hace él. De jugar con la magia de las palabras y cambiar de persona en él sin que nadie se dé cuenta. De los días grises, las calles grises y las personas grises. De las melenas al viento, los despojos del alma y las miradas saturadas. De heridas abiertas que no sangran pero tampoco cicatrizan. De que en realidad me importas menos de lo que creo y de que la sonrisa asoma por la comisura de sus labios cuando resigue la costura de mi espalda. De que la Ilusión no se da por vencida nunca. Y de que yo estoy apostando por las tres cuartas partes.
Que yo, deberíavolver a sonreír.

un beso guarro que no sale bien y cierra de un portazo la puerta del coche.

La luna me ilumina, en esta ruina entra la claridad. Y ahora, ¿quién llama al Olvido? Un tira y afloja, un vete y quizás. Sabía que aparecerías.
Rompiste tu palabra y volviste. Resulta extraño estar de acuerdo con tu perfecto opuesto. Será eso de los imanes, que se atraen. Amar y odiar hasta el punto de juntar los extremos. Hablar de jodernos pero no en una cama. No podías dejar que me fuera así sin más. Tenías que odiarme, aunque ya te avisé, 'no serás capaz de odiarme'. Al menos un poco, recuperé la importancia que nunca me habías quitado y que tan bien habías sabido ocultar. No sé si gano yo o no, pero sonrío. Déjame con mi egocentrismo, nos llevamos bien.
Gritos que se echaban de menos, reconócelo. Hacía tiempo que nos debíamos una muerte. Una de estas peleas con palabras que desgarran. Una de estas en que mi lengua viperina te deja desarmado. Con un poco de suerte incluso un agua salada resbala por las mejillas. A lo mejor, te está pidiendo a gritos que no te vayas, solo…

un otoño que busca un escenario que no sea una cama.

Me levanté con dos pestañas en la mejilla. En otro momento las hubiera soplado y habría pedido dos deseos, pero aquel día no.
Aquel día recordé cuando una mañana al despertar a tu lado me dijiste 'no te muevas', acercaste tu mano, me acariciaste con los dedos y cogiste la pestaña. Acto seguido la tiraste al suelo. Me escandalicé. Te creías demasiado mayor para pedir deseos, para creer en ciertas cosas. Lo que no sabías es que nunca se es demasiado mayor para dejar de creer en la vida. Para perder la fe y la esperanza.
Yo recordando el balanceo de tus pestañas sincronizado con el columpiar titilante de mis ojos, me percaté que en la oreja me faltaba algo, faltaba un pendiente. Como cuando los perdía después de (no)dormir contigo y a la mañana siguiente regirábamos las sábanas para encontrar la pequeña perla. O cuando me prometías que buscarías mis horquillas y mis gomas de pelo, aún a sabiendas que no las recuperaría nunca. Y de todo lo que perdí contigo, eso es lo de menos. …