besarte hasta perder el control.

Podría revelar el silencio detrás de cincuenta y tres ladrillos.
Podría comentar cómo el agua se desliza sobre la piel.
Podría declarar gemidos en soledad.
Podría desarrollar cómo una barba desprende magia al contacto con una mejilla.
Podría ilustrar la preocupación en un cojín.
Podría interpretar lo que no se logra decir con palabras y se descarga con un puño en la pared.
Podría enseñar a volar a un ángel sin alas.
Podría justificar el masoquismo de unas manos que no quieren darse por vencidas.
Podría razonar sobre la tristeza y su encanto.
Podría manifestar las estaciones rojas y bocas azules que necesitan recorrer unos pies. 
Podría decir cómo hacer el domingo especial.
Podría hablar sobre cómo hacer que una causalidad parezca una casualidad.
Podría aclarar que no se puede besar sin antes haber perdido el control.
Podría explicar la ausencia con ciento veintisiete maneras de echar de menos.
Podría escribir también sobre las doce formas en las que se puede amar durante doscientos noventa y cuatro días.
Podría relatar el sonido de una risa encadenada al brillar de unos ojos.
Podría demostrar cómo en un abrazo todo alrededor se ve distinto.
Podría contar cómo una escultura de mármol puede sacudirte la vida.
Podría describir cómo un lobo puede meter las orejas en el centro de tu andar.
Podría anotar los preceptos del olvido en asolar un alma.
Podría redactar el calor del deshielo en invierno y el frío verano que no dejó de nevar.
Podría publicar cómo manejar el viejo truco de nunca desaparecer y sin embargo nunca aparecer.
Podría novelar cómo nunca entrar y sin embargo nunca salir.
Podría expresar los sinsentidos y las incoherencias en cuatrocientas veintiuna maneras diferentes.
Podría exponer la amargación de una existencia trastocada por otra.
Podría esclarecer el embrollo de cualquier primavera con un guiñar de ojos otoñal.
Podría comentar cómo solucionar cualquier vacío con un poco de chocolate y seguir dilucidando que me equivocaría otra vez.
Podría apostillar las palabras que te faltan por las que me sobran.
Podría narrar cómo estoy esperando un giro en esta historia que es mi vida.
Podría muchas cosas en poco más de un año.
Pero no (te) quiero.  
Ya no.

y si te vas, no vuelvas más.

Los ojos azules responden y las palabras se clavan como sus pupilas en todos mis puntos de inflexión.
'No te ofendas' dice. Y yo no pienso, se me nubla la mirada.
Me da igual, como todo lo demás, ha perdido importancia. Ahora nada es suficientemente importante para mí. No haría nada por nadie. Y lo siento, porque quizás él sí merecería que luchara un poco. Puede que algún día diga que sí o sea yo quien acabe recordándole su nuestra falta de tendenciosidad y la terapia pendiente (solo porque hace que mis ojos sigan destellando esperanza, porque mi naufragio sería más bonito en su iris y porque se empeña en ser una causa perdida).

Pero se desmenuzan los sueños. Insisto en no juntar los párpados. La mirada olvidada no me ha perdido. Aunque me ha recordado en la barra de algún bar.
Como cobarde que es siempre me deja a mí la parte difícil. 'Es incapaz' y le disparó en el corazón. Ya no llora y no está triste.
En el cielo ella vive libre y a mi alrededor solo hay gritos desesperados en contra del olvido. Suyos, míos, nuestros.
El veintiuno empezó con trescientos veintitrés y corroboró el infinito de nuestro final. Me recordó que, quien se quiere los domingos, es para siempre.
Y silencio.

¿Cuántas veces más tendrás que decirme adiós para darte cuenta de que, en realidad, no quieres irte?
El otro contador se paró el veintidós, con mi dos mil dos sin infinito. Mandó una misiva, no con ninguna intención, simplemente le contó que Octubre y la sonrisa a punto de cumplir los diecinueve (que ahora veinte) le echaban de menos.

Mientras uno se consume, otro resurge. Y es todo tan complejo... Que sí, sienta bien mirar al pasado cuando el futuro da miedo. Los sentimientos se me van de las manos. Ya no sé, ni quiero saber. Todo me da absolutamente igual. Me sigo aferrando a la vida, a la mía, que es lo único que tengo.
Y que amanezca si va a amanecer.

Pero soy como una muerta en vida, las ganas se han esfumado, no hay motivos y ya hace tiempo que dejé de buscar razones. Solo me queda leer entre líneas un te quiero disfrazado de adiós.
Y adiós.

Cierra la puerta al salir.
  
Me encontrarás en el fin del mundo.

quizás en otro contexto hubiera significado que necesita irse lejos, al espacio, y disfrutar de las estrellas con los ojos cerrados.

Me da miedo la enormidad donde nadie oye mi voz. Me da miedo la insignificancia del ser humano frente a la grandeza del mundo.
Huele a tierra mojada, como cuando me miraste como si no lo hubieras hecho nunca.
La brisa te lleva y te trae, te remueve, te mezcla, te enreda. Si me sueltas entre tanto viento, ¿cómo voy a continuar? Así que cogí las cuerdas de los líos e hice un nudo fuerte para que no se perdieran.
Desanudas el silencio y sales por el conducto de ventilación rompiendo el sonido de mi garganta. Las cuerdas vibran y dices que vives en el eco de mi voz.
'¿Has llorado?' me pregunta entre líneas tu subconsciente mientras vas a oscuras. 'Me importas' respondo iluminando tu oscuridad.
No quiero un final feliz, solo quiero serlo.
Respiro y pienso en la fragilidad de la vida. En que hoy estás y mañana eres nada, solo un recuerdo dentro de esas mentes que luchan contra el olvido. Y tú... te deslizas como si fueras de viento y al contacto con mis dedos te desvanecieras.
Reapareces y desde mi ventana veo como el viento sacude las hojas de las palmeras.
Pienso en ti y en si es el aire de mis suspiros quien te ha devuelto a mí, que después de perderse en soplar tantas y tantas pestañas, tantos y tantos dientes de león pidiéndo(te) el posible y tan ansiado reencuentro, por fin me lo concede.
Dominas el viejo truco de nunca desaparecer y retrasas el momento de irte. Como si fueras tú el que ha sido siempre.
Debo admitir que la jugada es buena y que incluso puede que te deje ganar.
El contador se paró en siete mil doscientos cuarenta y cuatro. Fue el último infinito que me regalaste. Nada más.

Me moriré de ganas de decirte que te voy a echar de menos.

te tengo, te pierdo, te agarro, te suelto, te vas, te espero, te busco, te encuentro, te acercas, me alejo, te escucho, te cuento, te compro, te vendo, te odio, te quiero, me besas, te muerdo, te abrazo, te aprieto, me duermo, te sueño…

Me miró a los ojos y me gritó: '¿Quieres saber qué me pasa? Pasa que no pasa nada. Eso me pasa.'
Y yo... no pude hacer más que abalanzarme sobre él; le besé. Era un principio que apuntaba maneras de final.

Y un año más tarde, Nada suena en mi cabeza; y me ahogo.

no podía concebir que un ángel fuera más espléndido.

Eh, que el Otoño no es tan triste si tienes con quién compartirlo. O con quién intentarlo, una y mil veces.
¿Me hará tostadas para desayunar? No lo sé. Dejaré que me sorprenda. Dejaré que el sol entre por la claraboya y seque los pantanos de mis brumas y queme los tronos donde reinen dudas.
Sí, él es mi sol (o era). Le pedí que no dejara de brillar, porque brilla(ba) tanto que incluso me hac(ía)e brillar a mí.
De verdad que iba a dejarme llevar porque la Ilusión viene a buscarme y me da otra oportunidad. Me ofrece un Octubre al lado de unos brazos que no me dejan caer, con unas manos que tratan de arreglarme. Pero el miedo se hace grande y empiezo a cuestionarme si está bien entregarse a alguien que te ama... Ni siquiera estoy segura de si quiero que sea él quién me arregle. Dejarse querer sin poder dar la misma moneda de cambio no es justo. Jugar con dos personas mientras tienes a una tercera en la cabeza no es muy ético. No hay ninguna excusa que pueda justificar un comportamiento como este. Y yo, más que nadie, lo sé.
El cruce de caminos se hace por momentos más insostenible. Y no puedo más, exploto. Supongo que como te pasó a ti. Has aparecido en un momento complicado de mi vida. Y de repente me veo usando esa frase, y me doy cuenta de que me he convertido en eso que tanto odiaba de ti.
Tengo suerte de ser consciente de ello y poder pararlo antes de que alguien resulte herido. Se acabó el marearlo con mis 'quizás' y mis 'tal vez', con mis 'no' que significan sí y con mis 'sí' que significan no. Escapo. Se acabaron los destiempos y los errores convertidos en aciertos.
Palabras vacías y corazones rotos subiendo por la cuesta del olvido y saltando suicidas por el acantilado del desamor.
Yo no he cambiado tanto, sigo escapando de las cuerdas y sigo prefiriendo quedarme loca (que no histérica). Y aunque te parezca que no escribo sobre ti, si te buscas, siempre te encontrarás entre mis letras.
Pero ahora... Ahora tengo a alguien que aparece justo cuando lo necesito (sin ser avisado) y me saca sonrisas y se preocupa por mí, alguien que llena el coche de vaho con palabras y no con sudor. Es mi mejor amigo y sin duda, la mejor casualidad que me encontré en el camino que seguía por ti.
A día de hoy, él, es el motivo de mi sonrisa diaria.

cuando recuerdo cómo sus ojos conseguían brillar en la oscuridad.

Domingo camuflado en Jueves y primera lluvia de Octubre. Entre nubes de cinismo las baldosas se multiplican y se imitan ínfimamente. Se refleja en ellas la luz del baño y no es del Siroco. Las tejas se revolucionan, se abren y se parten dejando caer gotas. Gotas que llenan de humedad estas paredes que se pudren cada vez más con el paso de los días. Ni siquiera las ratas quieren pasar. ¿Quién va a querer una morada como esta? Donde nunca pasa nada y el suelo se resquebraja debajo de sus pies. Por alguna grieta sale una araña que lo persigue maliciosa y escapa. Se agacha para recolocar la baldosa que ha movido y el barro le tiñe las manos que se tornan de color oscuro, como su corazón. Ahora solo piensa en ella, que le dejó solo.
Dijo que hacía dos meses que la esperaba, pero no sabía que lo importante no es cuánto esperas, sino a quién.
Entonces ella apareció y le dijo esta noche tú no duermes solo. Como un hada le tocó con su magia y él pensó que le había obsequiado, que era un afortunado. Su reina había vuelto. Iba, venía y volvía a su antojo. Al fin y al cabo, por eso eran sus despojos.
Pero le derrota igual, por la mañana antes que despunte el alba, como un cuerpo etéreo algo diáfano, desaparecía. Era inalcanzable.
Se fue volando por el balcón una vez más, con el pelo al viento diciéndole adiós. Recordándole que ella no era su reina, era su ruina. Y experto en romper lo prohibido, arrancó las fotos pegadas al gotelé y empezó a derribar él mismo las paredes de su prisión, esclavo de unas redes inexistentes. La casa caía y él gritaba iracundo, pensando que si destruía todo aquello, ella no tendría adónde volver y eso hará que no te vuelva a ver. Lloraba porque sabía que al matarla, él moría con sus recuerdos. Estaba perdido, no podía volver atrás, los destrozos eran demasiado evidentes y ya la había perdido.
Pero entonces, ella volvió para salvarle del derribo. No le hizo falta casa, ni razones. Nunca las necesitó.

Ella era así, imprevisible.
 
 
No era su puta, era su putada.

si un tiempo atrás alguien me lo hubiera contado, sin duda alguna habría dicho que no.

Demasiado difícil para ser Lunes, demasiado pronto para ser Martes.
Demasiado tarde para probarlo, demasiado improbable para arrepentirse.
Estoy cansada de los cobardes. De los que no arriesgan por no perder. De los que podrían ganar pero prefieren no tener esperanza y volverse egoístas por no mostrarse débiles. ¿Débiles? ¿A caso no es más fuerte el que se muestra vulnerable que el que se esconde tras su aparente fortaleza?
Dicen que es mejor no esperar nada de nadie pero ¿no crees que es un poco utópico? Yo creo que es algo inevitable. Aunque seas un egoísta.
Y yo seguía con mi monólogo interior, atormentada, pensando en el destino y su causalidad o quizás en las coincidencias y sus casualidades... Quién sabe si en ti, en él y en él. ¿Los lunes de Octubre, dónde estarás? Y entonces me dijo:
-¿Hoy qué mentira quieres escuchar: te he echado de menos, nunca te olvidé o te quiero?
- Sorpréndeme.
- No me iré de tu vida.
Le miro incrédula. Y le reto con la mirada. Me echo a reír. Había llorado tanto por esa frase que ya no quedaba agua dentro de mí para salir por los lagrimales. Estaba convencida que si me vaciaba el dolor dejaría de doler. Lo que no sabía es que el vacío lleva a la ansiedad. Y la ansiedad a la angustia. La angustia es una hijaputa si la acompaña la nostalgia. Y la nostalgia con la tristeza sienta fatal.
Por eso, cuando de vez en cuando siento algo, me alegro. Porque es mejor sentir dolor que no sentir nada. Y supongo que ese es el motivo por el cual sigo enganchada a ti, porque tu dolor me hace sentir viva. Mucho más viva que cualquier otra cosa. Y ellos, ellos dos todavía no pueden hacerme daño, ni siquiera sentir. Tú sigues siendo el puto privilegiado y yo sigo en el cruce de caminos, incapaz de escoger uno. Un cruce de caminos que cada vez veo más borroso o distorsionado. Quizás sean las gafas, quizás tenga que seguir el primer impulso y coger el desvío.
Y ¿sabes qué pasa? que estábamos equivocados cuando nos enfadábamos porque volvías tú y yo no quería, o porque volvía yo y tú no querías, o porque volvía ella, o porque volvía él. Siempre hemos ido desacompasados, a deshora, pero de eso no voy a hablar ahora. La verdad es que el pasado no vuelve, el pasado no se va. El pasado está contigo siempre. Y este sí cumple los siempres. El tiempo es uno, no tres. Vuelve la niña puñalada. Astuta, sí, como Atena. Y entonces, abatido, me dijiste:
- Golpeas bien.
- No serás capaz de odiarme.
 Y sonreí porque dolía. Y eso era todo lo que necesitaba, sentirme viva.
Las cañas de bambú me siguen dando los buenos días cada mañana cuando las calles todavía no están puestas. Y la luna me sigue mirando altiva entre el amanecer de Octubre, recordándome que dentro de poco llega Noviembre.
¿Qué hago con el infinito que hoy se escurre entre mis dedos? Le dejo pasar. Y la rutina me mata. Me faltan locuras. Me falta alguien con quien compartir domingos y a quien enfriar los pies. Alguien que me busque cuando le diga 'piérdete'. Alguien que me coja de la mano y me diga que solo no comprende la vida. Alguien que luche, que dé lo mismo que yo y que me devuelva la Ilusión. Me falta alguien a quien descolocar, alguien que toque el piano en mis costillas para provocarme la risa y se le resbale la mano hacia abajo. Alguien con quien ver películas en un sofá mientras me besa y afuera diluvia o nieva. Alguien que me abrace y pare el mundo.
Alguien que me haga sentir viva.

y perdí, una vez más.

Hay cosas inevitables, como llorar en un concierto cuando ponen tu canción. Así es como Si te vas sonó justo antes que La vereda de la puerta de atrás. ¿Casualidad? Quién sabe. Yo he dejado de buscar razones.
Última prueba. Superada. ¿Y ahora qué?
Cuando empezaron a tocar los primeros acordes de Dulce introducción al caos, me crucé con sus ojos amarillos. Con su sonrisa, sus mejillas y sus manos. Fui valiente (aunque no del todo). Pero qué estúpida me sentí. Lo vi claro. Había apostado mal. Y antes de que pudiesen darse cuenta los demás, me fui. Volví a la multitud para perder mi individualidad y ser una más.
En medio de toda esa gente aglomerada fui capaz de ver nada. Para mis ojos no había nada. Hasta que me crucé con esos ojos amarillos. Sí. ¿No he hablado nunca de mi pequeño de ojos amarillos verdad? Pero ¿qué quieres que te diga cuando me vienes a ver? Hola ¿qué tal? muy bien, me voy tengo cosas que hacer.
Me arriesgo y me siento estúpida. Pierdo otra vez.
Para el tercer movimiento, ya me había vuelto gusano y estaba en el origen.
Así es como vuelvo a ti. Siempre.
Entre acorde y acorde, emerges. En mi mente, claro. Si te vas y yo que me he quedado en esta calle sin salida. La vereda de la puerta de atrás y tú que me viste marchar. Contradicciones reales, lágrimas de verdad. Ausencias palpables y soledad rodeada de gente.
Entonces, me doy cuenta a medida que van sonando las canciones, que he usado muchas de esas frases para ti. Y es inevitable recordar(te). Me pregunto si tú te acordarás de mí.
¿Sabes? No he parado de buscarte. Mi mirada inquieta posándose sobre cada una de las personas que había a mi alrededor con la esperanza de encontrarse con una barba de tres días o con las tres pecas debajo de la oreja izquierda.
No dejé de buscar el calor de unos brazos conocidos que sirvieran de capullo y me transformaran en mariposa otra vez. Pero para entonces lo único que quería era subir a lo más alto de la locura en unos hombros concretos. Y no estaban conmigo.
No me duele y no me importa. Pero echar de menos es otra cosa.

pero sabía que allí no se escribían canciones que no fueran con tres solos desafinados.

Hablo del vacío. De las hojas que se arremolinan en los rincones, de las palabras que se lleva el silencio y de las lágrimas que tragan las alcantarillas. De los árboles que se desvisten y nosotros que nos anudamos. Del olor que deja la lluvia después de la tormenta y la tormenta antes de la calma. De la falta que me haces tú y la falta que me hace él. De jugar con la magia de las palabras y cambiar de persona en él sin que nadie se dé cuenta. De los días grises, las calles grises y las personas grises. De las melenas al viento, los despojos del alma y las miradas saturadas. De heridas abiertas que no sangran pero tampoco cicatrizan. De que en realidad me importas menos de lo que creo y de que la sonrisa asoma por la comisura de sus labios cuando resigue la costura de mi espalda. De que la Ilusión no se da por vencida nunca. Y de que yo estoy apostando por las tres cuartas partes.
Que yo, debería volver a sonreír.

un beso guarro que no sale bien y cierra de un portazo la puerta del coche.

La luna me ilumina, en esta ruina entra la claridad. Y ahora, ¿quién llama al Olvido? Un tira y afloja, un vete y quizás. Sabía que aparecerías.
Rompiste tu palabra y volviste. Resulta extraño estar de acuerdo con tu perfecto opuesto. Será eso de los imanes, que se atraen. Amar y odiar hasta el punto de juntar los extremos. Hablar de jodernos pero no en una cama. No podías dejar que me fuera así sin más. Tenías que odiarme, aunque ya te avisé, 'no serás capaz de odiarme'. Al menos un poco, recuperé la importancia que nunca me habías quitado y que tan bien habías sabido ocultar. No sé si gano yo o no, pero sonrío. Déjame con mi egocentrismo, nos llevamos bien.
Gritos que se echaban de menos, reconócelo. Hacía tiempo que nos debíamos una muerte. Una de estas peleas con palabras que desgarran. Una de estas en que mi lengua viperina te deja desarmado. Con un poco de suerte incluso un agua salada resbala por las mejillas. A lo mejor, te está pidiendo a gritos que no te vayas, solo hay que saber leer entre líneas.
Alguien lo llamaría masoquismo, pero... Como en el videoclip de 'We found love in a hopeless place' cuando Rihanna dice que desearía tener de vuelta todo lo malo para así tener también lo bueno... Sé que podéis entenderme.
Primer lunes de Octubre. Suena a triste. Y ciertamente lo es. Experta en aferrarme a la posibilidad o media posibilidad entre mil millones de que algo pase, en sembrar dudas, en quebrantar leyes innatas, en jugarme la vida en batallas perdidas y ganarlas. Ya no creo en la suerte de vidas cruzadas y destinos compartidos. Creo en los besos que me debes y las llagas que me dejas. Que a veces un 'ven' es un 'no te vayas'.
¿Dónde coño te escondes Felicidad? Soledad se cansa de mí, dice que estoy loca. Pero te diré un secreto, las mejores personas lo están.
Y ya no queda rabia, solo pena. El equilibrio es imposible y me acordé que querer no es suficiente. Promesas que no cumplirás pero que sí cumpliré.  Olvídame, yo te recordaré.
Quizás nos falte ese algo que lo impulsa todo.

Por mí puedes quedarte tú conmigo y yo sin ti.
 
Sinsentidos en vidas que son un ojalá constante.

un otoño que busca un escenario que no sea una cama.

Me levanté con dos pestañas en la mejilla. En otro momento las hubiera soplado y habría pedido dos deseos, pero aquel día no.
Aquel día recordé cuando una mañana al despertar a tu lado me dijiste 'no te muevas', acercaste tu mano, me acariciaste con los dedos y cogiste la pestaña. Acto seguido la tiraste al suelo. Me escandalicé. Te creías demasiado mayor para pedir deseos, para creer en ciertas cosas. Lo que no sabías es que nunca se es demasiado mayor para dejar de creer en la vida. Para perder la fe y la esperanza.
Yo recordando el balanceo de tus pestañas sincronizado con el columpiar titilante de mis ojos, me percaté que en la oreja me faltaba algo, faltaba un pendiente. Como cuando los perdía después de (no)dormir contigo y a la mañana siguiente regirábamos las sábanas para encontrar la pequeña perla. O cuando me prometías que buscarías mis horquillas y mis gomas de pelo, aún a sabiendas que no las recuperaría nunca. Y de todo lo que perdí contigo, eso es lo de menos. Porque perdí el corazón y eso sí es irreemplazable.
Y así, sin darme cuenta, Septiembre sin ti se despide de mí. Último domingo. Ya ves, tampoco ha sido para tanto ¿no?