si un tiempo atrás alguien me lo hubiera contado, sin duda alguna habría dicho que no.

Demasiado difícil para ser Lunes, demasiado pronto para ser Martes.
Demasiado tarde para probarlo, demasiado improbable para arrepentirse.
Estoy cansada de los cobardes. De los que no arriesgan por no perder. De los que podrían ganar pero prefieren no tener esperanza y volverse egoístas por no mostrarse débiles. ¿Débiles? ¿A caso no es más fuerte el que se muestra vulnerable que el que se esconde tras su aparente fortaleza?
Dicen que es mejor no esperar nada de nadie pero ¿no crees que es un poco utópico? Yo creo que es algo inevitable. Aunque seas un egoísta.
Y yo seguía con mi monólogo interior, atormentada, pensando en el destino y su causalidad o quizás en las coincidencias y sus casualidades... Quién sabe si en ti, en él y en él. ¿Los lunes de Octubre, dónde estarás? Y entonces me dijo:
-¿Hoy qué mentira quieres escuchar: te he echado de menos, nunca te olvidé o te quiero?
- Sorpréndeme.
- No me iré de tu vida.
Le miro incrédula. Y le reto con la mirada. Me echo a reír. Había llorado tanto por esa frase que ya no quedaba agua dentro de mí para salir por los lagrimales. Estaba convencida que si me vaciaba el dolor dejaría de doler. Lo que no sabía es que el vacío lleva a la ansiedad. Y la ansiedad a la angustia. La angustia es una hijaputa si la acompaña la nostalgia. Y la nostalgia con la tristeza sienta fatal.
Por eso, cuando de vez en cuando siento algo, me alegro. Porque es mejor sentir dolor que no sentir nada. Y supongo que ese es el motivo por el cual sigo enganchada a ti, porque tu dolor me hace sentir viva. Mucho más viva que cualquier otra cosa. Y ellos, ellos dos todavía no pueden hacerme daño, ni siquiera sentir. Tú sigues siendo el puto privilegiado y yo sigo en el cruce de caminos, incapaz de escoger uno. Un cruce de caminos que cada vez veo más borroso o distorsionado. Quizás sean las gafas, quizás tenga que seguir el primer impulso y coger el desvío.
Y ¿sabes qué pasa? que estábamos equivocados cuando nos enfadábamos porque volvías tú y yo no quería, o porque volvía yo y tú no querías, o porque volvía ella, o porque volvía él. Siempre hemos ido desacompasados, a deshora, pero de eso no voy a hablar ahora. La verdad es que el pasado no vuelve, el pasado no se va. El pasado está contigo siempre. Y este sí cumple los siempres. El tiempo es uno, no tres. Vuelve la niña puñalada. Astuta, sí, como Atena. Y entonces, abatido, me dijiste:
- Golpeas bien.
- No serás capaz de odiarme.
 Y sonreí porque dolía. Y eso era todo lo que necesitaba, sentirme viva.
Las cañas de bambú me siguen dando los buenos días cada mañana cuando las calles todavía no están puestas. Y la luna me sigue mirando altiva entre el amanecer de Octubre, recordándome que dentro de poco llega Noviembre.
¿Qué hago con el infinito que hoy se escurre entre mis dedos? Le dejo pasar. Y la rutina me mata. Me faltan locuras. Me falta alguien con quien compartir domingos y a quien enfriar los pies. Alguien que me busque cuando le diga 'piérdete'. Alguien que me coja de la mano y me diga que solo no comprende la vida. Alguien que luche, que dé lo mismo que yo y que me devuelva la Ilusión. Me falta alguien a quien descolocar, alguien que toque el piano en mis costillas para provocarme la risa y se le resbale la mano hacia abajo. Alguien con quien ver películas en un sofá mientras me besa y afuera diluvia o nieva. Alguien que me abrace y pare el mundo.
Alguien que me haga sentir viva.

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