más emes.

Eme baja de la limusina con tacones (es que desde que se ha convertido en estrella dice que no quiere volar, que prefiere andar de puntillas).

Ella hace ver que me cree y yo hago ver que no me doy cuenta.
Pero sé que está enfadada porque baja y sube las escaleras continuamente.
Como cuando era pequeña; como cuando te quería.
Y yo no le hago caso.
Ya se cansará, pretenden convencerme.
Pero lo sé y Eme también lo sabe.

Ahora está sola y la rutina la induce a seguir viviendo
y aunque lo intente con todas mis fuerzas, a Eme no le bastará.
Porque Eme es más de quererse morir, de llevar la tristeza grabada en las costillas.
Eme es la única que esperaría contra todo pronóstico y la única que querría solo si no la quisieran.

Yo no soy Eme. Aunque tú lo creas.

Y nunca conseguiré que Eme acepte el papel de protagonista para ninguna otra película.

Pero tengo más emes.

Fuera de mí.

Deseaba que no llegara nunca,
que viviera por siempre encadenado a mis pies mientras yo le pateaba el corazón,
que quisiera dejar de ser sombra y convertirse en luz,
en mi luz.

Ansiaba ser por siempre eso que aletea en su cabeza,
que no dejara de creer en conexiones ocultas,
que no abandonase la espera en lo alto de la escalera,
por si acaso decido volver.

Anhelaba que me echara de menos,
y que soñara conmigo,
y que no se rindiera,
porque yo nunca lo hice.

Mala suerte la mía que aquí, dentro de mí, estoy a salvo de todo.
De todo menos de mí.