y hoy es veintiséis de junio y te escribo esto

Y entonces, pasa.

Pasa que un día echas la vista atrás y recuerdas ese amor que te regalaba rosas.
Ese amor que no necesitaba sexo y te cogía la mano mientras conducía aquel coche blanco.
Ese amor que se tumbaba en el suelo y te permitía escuchar sus latidos.
Ese amor que te hizo entender que seiscientos veinticinco quilómetros no separaban sentimientos, pero sí cuerpos.
Que la distancia podía salvarse y que nadie está lejos si le llevas en el corazón.

Pasa que luego te ves recordando aquel otro amor, el de los puntos suspensivos.
Ese tipo de amor que arrasa con fuerza, como un huracán. Ese amor que era capaz de todo.
Ese amor que llevaba la felicidad escondida bajo quilos de orgullo.
Ese amor que te enseñó a (no) dormir, cerrar los ojos por la noche y abrirlos por la mañana, juntos.
Que acostarte con alguien no es lo mismo que despertar a su ladoY que yo me hubiera pasado la vida amaneciendo en sus brazos.

Pasa que después recuerdas ese amor que te arregló las comisuras de los besos.
Ese amor que a destiempo y desacompasado iba reconstruyendo las ruinas.
Ese amor que fue invisible hasta que te rozó.
Ese amor que sonreía siempre y se pegaba a ti como una lapa cuando tu cara se tornaba gris.
Ese amor que te hizo aprender que querer más no es querer mejor.

Pasa que, al final, te das cuenta de que todo lo malo ha desaparecido y solo recuerdas lo mucho que quisiste y que te quisieron.

Que sigues teniendo una promesa con el Telepizza de Urquinaona.
-y por eso algunos todavía dudan si vas a volver-

Que sigues teniendo una deuda con la casa cerca del mar.
-y por eso algunos todavía dudan si vas a volver-

Y que sigues teniendo un vis a vis pendiente.
-y por eso algunos todavía dudan si vas a volver-


Que todavía no has encontrado a quién dedicarle esta canción.
Pero que le seguirás buscando.

nadie hubiera imaginado que te estaría escribiendo esto hoy.

Me preguntaba por qué la luna tenía tres sonrisas mientras esperaba que volvieras.
Recordaba cuando hace un año me prometí apostar por las tres cuartas partes.
Porque yo no era el punto negro en el papel blanco -o quizás sí,
pero no estaba preparada para aceptarlo-.

La lluvia seguía mojando mi vida mientras esperaba que creciera.
Me entretenía con él, que ya no tú -Ay, qué lío
y qué triste
cuando el deja de ser pronombre que te sustituye
y se convierte en impersonal-

Había una guitarra en el fondo de la habitación cuyas cuerdas desafinadas vibraban con los sollozos desgarrados que florecían en el esternón de la cama.
Si quieres, nos quitamos la ropa y buscamos en el cielo más razones.
Que yo tengo la osa mayor en el muslo derecho y tú eres mi astrólogo favorito.

No es cierto que pude amarte más. De hecho, te amé todo lo que me dejaste
-incluso los inviernos helados que guardabas bajo la piel y rasgaban-
Pero ahora me hablas sobre una Ella que no soy yo
y no quieres que te recuerde como un cabrón por haber seguido sin amarme.

Tal vez me eches de menos aunque los buenos recuerdos se vayan como un ladrón saltando tapias.
Tal vez te acuerdes de mí cuando te des cuenta de que, al fin y al cabo, el amor son vasos comunicantes donde uno quiere y otro se deja querer.
Que ya lo sé, que hay heridas que se cierran cuando dos piernas se abren.

Pero entonces lo entenderás:
ningún viaje fugaz entre unas piernas te dará eso que buscas.

nadie hubiera imaginado que después de tres asaltos, la distancia pondría punto y aparte en tu historia.

Llegaremos a tiempo.

No lo sabe nadie, pero esa es la frase que más leo; porque sale cada vez que le doy a "Nueva entrada".
-los que tenéis blog ya sabéis a qué me refiero-
La puse ahí yo, evidentemente. Para recordármelo.

Llegaremos a tiempo.

Si me conocéis sabéis eso de que me pueden las prisas y me come la impaciencia. Que cuando quiero es aquí y ahora, YA.
Llegaremos a tiempo me hace frenar. Reflexionar. Pensar que, quizás, tengan razón esos que cuentan que lo importante no es la meta, sino el camino. Que lo importante no es llegar al final, es ir yendo poquito a poco y pie tras pie -que los traspiés también son necesarios- y que da igual si no tienes una mano que te sujete. Tú ya tienes dos para levantarte.
Supongo que hoy venía a hablaros de las manos. De las esquinas que han doblado y las heridas que han ahorrado. De las que mueven lápices que crean vidas y de las que sacuden el alma. De las que conducen en dirección contraria al dolor y de las que remiendan el corazón.
Que a mí no me basta con oler tu piel porque yo sí quiero saber a qué coño huelen las nubes. Pero esto no viene a cuento ahora. Solo quería recordártelo, escribirlo y dejarlo caer por aquí entre mis letras, por si te apetecía leerme y lo hacías.
Supongo que siempre acabo hablando de ti porque siempre se habla de lo que falta.
Y supongo que en realidad, lo que quería decir es que tú no llegarás a tiempo, que para ti YA es demasiado tarde.

carta a todas mis yo.

No olvidéis que lo único importante en mi vida, soy yo.

(para encontrarme deprisa si me encuentro perdida.)

siempre estamos aprendiendo a vivir, pero nunca vivimos.

A una hora de volverme a encontrar con tu azul en el portal aquí estoy.
Con el corazón galopando en la gola y las piernas abiertas, esperándote.
No sé si decirte que subas o ponerme un vestido sin bragas y bajar.
Que lo de perder pendientes ya está muy visto.
Pero que eso -y quererte- es lo único que con certeza sé que seguiré haciendo.

Que hoy no es jueves, es vie(r)nes.
Y no sé si he aprendido lo suficiente, pero quiero vivir.

ni yo soy para ti, ni tú para mí.

Me hablabas de realidades paralelas y amores diferidos mientras yo quería agarrarte de la nuca y clavarte en mi presente.
Me decías eso de que no necesitabas verme para saber que estaba contigo, pero yo quería un amor de verdad, de esos que se necesitan hasta para respirar.
Supongo que sigo teniendo complejo de Oxígeno.

Mientras el sol salía y se ponía. La lluvia paseaba por calles mojándolas con nuestras ausencias. Y a pesar de que las estrellas me advirtieron sobre la luna, ya sabes, más guapa que ninguna me quedo con ella otra vez, así que no la busques esta noche en el cielo, que está conmigo.

Me engañabas cuando sentada encima de ti me hacías sentir la reina del mundo. Que no de todo el mundo, pero sí del tuyo. Y, ya ves, ni eso.
Que entre tu boca y el volante, siempre elegí morir de ti.

Ahora me pregunto dónde se habrán metido esos amaneceres que nos querían ver despertar en la misma cama, en los mismos brazos, en los mismos besos.
Dónde nos habremos metido tú y yo, que ya no nosotros.
Que yo puedo seguir tachando Abriles -todos los meses que no estás son Abril para mí-. Pero entonces tú no te enfades si en medio de Junio provoco una tormenta de esa primavera que quiere seguir siendo invierno. Porque a nadie -ni siquiera a ti- le gusta meterse en cama solo cuando el frío aprieta. Que frío es no tener tus abrazos y que tú de apretar sabes más que los nudos de las cuerdas que nunca atamos.

Es el amor, tendré que ocultarme o huir.
Yo creo que tengo el alma escondida detrás del esternón porque duele al respirar.
Pero al final te das cuenta de que la culpa no es de la primavera, sino de los capullos que no florecen.
O lo que es peor,
que florecen a destiempo
y entonces ya es demasiado tarde.
Porque no hay nada peor que un demasiado tarde.

ningún ideal vale una vida.

Aunque saliera sonriendo,
si la mirabas te dabas cuenta de que tenía los ojos brillantes.
Brillantes como cuando estás cansado de llorar y sin embargo es lo único que haces.

Si la mirabas te dabas cuenta de que escribía,
que guardaba los momentos en sus pupilas y los marcaba después con palabras.
-para no olvidar-

Si la mirabas te dabas cuenta de que seguía siendo más bonita que ninguna.
Bonita como cuando estás cansada de ser desastre, pero sigues siéndolo.
-por si acaso, ya sabes-

Y solo si la mirabas un poco más
adentro
te dabas cuenta de que quería.

Quería de verdad. Con todas sus fuerzas.
Que no hablaba porque tenía la voz rota y el aire le desgarraba la garganta.
Que le salían cristales por los poros y el charco de sangre la ahogaba.
Que se está muriendo porque no le queda mucha vida.
Ya sabes eso de que la vida sin ganas no tiene sentido,
y todo cada vez tiene menos sentido.

Si la mirabas te dabas cuenta de que su vida valía mucho más que todos los hombres que había conocido.
-aunque lo olvidara a menudo-
Que esos hombres nunca la conocerían porque su vida seguía guardando más barcos hundidos en el pecho que amores con finales felices.

Porque su vida seguías siendo tú,
poesía.

Tú con tus penas, tus nostalgias y tu tristeza
esa que tanta adicción crea.

Y ella,
ella seguía creando excusas
y pretextos
para postergar, para alargar,
para poder seguir huyendo.

Algún día entenderás que huir no te lleva a ninguna parte.

Que no era bonita porque tú la vieras bonita. Era bonita incluso fuera de tus ojos.
Y ahora que no tienes ojos para mirarla. Ahora que no estás. Ella sigue siendo bonita.
Y desastre. Por si acaso volvieras.
La esperanza es lo último que nos abandona. Y ese es un poquito el problema, que seguimos aquí sin motivos, simplemente por si acaso.
Ella sigue escribiendo, guardando y marcando. Para no olvidar.
Ella sigue sonriendo, brillando y llorando.
Ella sigue queriendo(te) mientras el silencio está gritando en todas partes.
Ella sigue rompiéndose, desgarrándose y ahogándose.

Ella sigue muriendo de vida,
o viviendo de muerte.

Ella sigue perdiendo ganas,
y ganando pérdidas.

Y todo esto con sentido
o sin,
total,
da igual,
solo es por si acaso.

Hoy te he vuelto a recordar.
Y es que recordar es lo único que puedes hacer cuando ya formas parte del Olvido.