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Mostrando entradas de junio, 2013

y hoy es veintiséis de junio y te escribo esto

Y entonces, pasa.

Pasa que un día echas la vista atrás y recuerdas ese amor que te regalaba rosas.
Ese amor que no necesitaba sexo y te cogía la mano mientras conducía aquel coche blanco.
Ese amor que se tumbaba en el suelo y te permitía escuchar sus latidos.
Ese amor que te hizo entender que seiscientos veinticinco quilómetros no separaban sentimientos, pero sí cuerpos.
Que la distancia podía salvarse y que nadie está lejos si le llevas en el corazón.

Pasa que luego te ves recordando aquel otro amor, el de los puntos suspensivos.
Ese tipo de amor que arrasa con fuerza, como un huracán. Ese amor que era capaz de todo.
Ese amor que llevaba la felicidad escondida bajo quilos de orgullo.
Ese amor que te enseñó a (no) dormir, cerrar los ojos por la noche y abrirlos por la mañana, juntos.
Que acostarte con alguien no es lo mismo que despertar a su lado. Y que yo me hubiera pasado la vida amaneciendo en sus brazos.

Pasa que despuésrecuerdas ese amor que te arregló las comisuras de los beso…

nadie hubiera imaginado que te estaría escribiendo esto hoy.

Me preguntaba por qué la luna tenía tres sonrisas mientras esperaba que volvieras.
Recordaba cuando hace un año me prometí apostar por las tres cuartas partes.
Porque yo no era el punto negro en el papel blanco -o quizás sí,
pero no estaba preparada para aceptarlo-.

La lluvia seguía mojando mi vida mientras esperaba que creciera.
Me entretenía con él, que ya no tú -Ay, qué lío
y qué triste
cuando el deja de ser pronombre que te sustituye
y se convierte en impersonal-

Había una guitarra en el fondo de la habitación cuyas cuerdas desafinadas vibraban con los sollozos desgarrados que florecían en el esternón de la cama.
Si quieres, nos quitamos la ropa y buscamos en el cielo más razones.
Que yo tengo la osa mayor en el muslo derecho y tú eres mi astrólogo favorito.

No es cierto que pude amarte más. De hecho, te amé todo lo que me dejaste
-incluso los inviernos helados que guardabas bajo la piel y rasgaban-
Pero ahora me hablas sobre una Ella que no soy yo
y no quieres que te recuer…

nadie hubiera imaginado que después de tres asaltos, la distancia pondría punto y aparte en tu historia.

Llegaremos a tiempo.

No lo sabe nadie, pero esa es la frase que más leo; porque sale cada vez que le doy a "Nueva entrada".
-los que tenéis blog ya sabéis a qué me refiero-
La puse ahí yo, evidentemente. Para recordármelo.

Llegaremos a tiempo.

Si me conocéis sabéis eso de que me pueden las prisas y me come la impaciencia. Que cuando quiero es aquí y ahora, YA.
Llegaremos a tiempo me hace frenar. Reflexionar. Pensar que, quizás, tengan razón esos que cuentan que lo importante no es la meta, sino el camino. Que lo importante no es llegar al final, es ir yendo poquito a poco y pie tras pie -que los traspiés también son necesarios- y que da igual si no tienes una mano que te sujete. Tú ya tienes dos para levantarte.
Supongo que hoy venía a hablaros de las manos. De las esquinas que han doblado y las heridas que han ahorrado. De las que mueven lápices que crean vidas y de las que sacuden el alma. De las que conducen en dirección contraria al dolor y de las que remiendan el cora…

carta a todas mis yo.

No olvidéis que lo único importante en mi vida, soy yo.

(para encontrarme deprisa si me encuentro perdida.)

siempre estamos aprendiendo a vivir, pero nunca vivimos.

A una hora de volverme a encontrar con tu azul en el portal aquí estoy.
Con el corazón galopando en la gola y las piernas abiertas, esperándote.
No sé si decirte que subas o ponerme un vestido sin bragas y bajar.
Que lo de perder pendientes ya está muy visto.
Pero que eso -y quererte- es lo único que con certeza sé que seguiré haciendo.

Que hoy no es jueves, es vie(r)nes.
Y no sé si he aprendido lo suficiente, pero quiero vivir.

ni yo soy para ti, ni tú para mí.

Me hablabas de realidades paralelas y amores diferidos mientras yo quería agarrarte de la nuca y clavarte en mi presente.
Me decías eso de que no necesitabas verme para saber que estaba contigo, pero yo quería un amor de verdad, de esos que se necesitan hasta para respirar.
Supongo que sigo teniendo complejo de Oxígeno.

Mientras el sol salía y se ponía. La lluvia paseaba por calles mojándolas con nuestras ausencias. Y a pesar de que las estrellas me advirtieron sobre la luna, ya sabes, más guapa que ninguna me quedo con ella otra vez, así que no la busques esta noche en el cielo, que está conmigo.

Me engañabas cuando sentada encima de ti me hacías sentir la reina del mundo. Que no de todo el mundo, pero sí del tuyo. Y, ya ves, ni eso.
Que entre tu boca y el volante, siempre elegí morir de ti.

Ahora me pregunto dónde se habrán metido esos amaneceres que nos querían ver despertar en la misma cama, en los mismos brazos, en los mismos besos.
Dónde nos habremos metido tú y yo, que ya n…

ningún ideal vale una vida.

Aunque saliera sonriendo,
si la mirabas te dabas cuenta de que tenía los ojos brillantes.
Brillantes como cuando estás cansado de llorar y sin embargo es lo único que haces.

Si la mirabas te dabas cuenta de que escribía,
que guardaba los momentos en sus pupilas y los marcaba después con palabras.
-para no olvidar-

Si la mirabas te dabas cuenta de que seguía siendo más bonita que ninguna.
Bonita como cuando estás cansada de ser desastre, pero sigues siéndolo.
-por si acaso, ya sabes-

Y solo si la mirabas un poco más
adentro
te dabas cuenta de que quería.

Quería de verdad. Con todas sus fuerzas.
Que no hablaba porque tenía la voz rota y el aire le desgarraba la garganta.
Que le salían cristales por los poros y el charco de sangre la ahogaba.
Que se está muriendo porque no le queda mucha vida.
Ya sabes eso de que la vida sin ganas no tiene sentido,
y todo cada vez tiene menos sentido.

Si la mirabas te dabas cuenta de que su vida valía mucho más que todos los hombres que había conocid…