nadie hubiera imaginado que después de tres asaltos, la distancia pondría punto y aparte en tu historia.

Llegaremos a tiempo.

No lo sabe nadie, pero esa es la frase que más leo; porque sale cada vez que le doy a "Nueva entrada".
-los que tenéis blog ya sabéis a qué me refiero-
La puse ahí yo, evidentemente. Para recordármelo.

Llegaremos a tiempo.

Si me conocéis sabéis eso de que me pueden las prisas y me come la impaciencia. Que cuando quiero es aquí y ahora, YA.
Llegaremos a tiempo me hace frenar. Reflexionar. Pensar que, quizás, tengan razón esos que cuentan que lo importante no es la meta, sino el camino. Que lo importante no es llegar al final, es ir yendo poquito a poco y pie tras pie -que los traspiés también son necesarios- y que da igual si no tienes una mano que te sujete. Tú ya tienes dos para levantarte.
Supongo que hoy venía a hablaros de las manos. De las esquinas que han doblado y las heridas que han ahorrado. De las que mueven lápices que crean vidas y de las que sacuden el alma. De las que conducen en dirección contraria al dolor y de las que remiendan el corazón.
Que a mí no me basta con oler tu piel porque yo sí quiero saber a qué coño huelen las nubes. Pero esto no viene a cuento ahora. Solo quería recordártelo, escribirlo y dejarlo caer por aquí entre mis letras, por si te apetecía leerme y lo hacías.
Supongo que siempre acabo hablando de ti porque siempre se habla de lo que falta.
Y supongo que en realidad, lo que quería decir es que tú no llegarás a tiempo, que para ti YA es demasiado tarde.

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