llévame a ver salir el sol desde todos los portales de la luna.

El viernes voló
y yo también aunque cambié el asiento de atrás de tu coche por colgarme de un peta mal hecho.
Que sí, que me mata. Pero tú más.
Que a veces para olvidar el dolor es la mejor anestesia. Pero no te pierdas, que Marea sigue sonando en mis oídos y no consigo olvidar tu último beso.
Que no me dejaste ir sin besarme. Y nadie me besa desde que se fue.
Supongo que eres el único y eso te otorga cierto poder. Poder sobre mí. Que no querer. Puesto que querer no me quieres. Salvo a ratos.
Y eso a mí no me sirve.

Al final aprendes que agradecerle a alguien que aparezca en tu vida justo en un momento determinado, es una tontería ya que él tampoco decide aparecer. Es el azar que cruza vuestras líneas y os convierte en perpendiculares. Pero no olvides, que tampoco depende de ti cuánto duren esas vidas cruzadas. Que cualquier día, se pueden volver paralelas.

Y a la mierda el poder.

Y entonces, solo entonces, empiezas a querer.

Y entonces, solo entonces, entiendes que querer es poder.

Que si hace falta, se coge un compás y se traza una línea nueva en la que confluyan las dos.
Que si es indispensable, podemos alargar el invierno todo el tiempo que quieras seguir a mi lado y a la mierda primavera.
Que si es necesario, puedo hacer de este verano el más frío de la historia y crear todos los días de la semana tormentas para que te asustes y vengas a cobijarte en mi agujero.
Hablo de que todos los días podrían ser mis Viernes y me pregunto si seguirías convirtiéndolos en tus "¿Vienes?"
Yo prometo no decirte que no, pero deja de perderme y de(vuélve)me las ganas multiplicadas por veintinueve.

you don't know how lovely you are.

La Primavera se disfraza de Noviembre
y yo aquí, creyéndome lluvia a dos esquinas del sol.

¿Sabes?
Hace días que me pregunto si llegarás. O si te encontraré.

A veces el atardecer me coge por sorpresa
y se encapricha pintándome los labios con su rojo.
Entonces te imagino cerca,
sin cara,
mirando el azul de mis ojeras,
y ahí ya sí que te puedes bañar y que se joda el mar.
Que para verde
la desesperanza de mis ojos.
Y para nostalgia
las lunas que brillan y me contemplan
por las noches en que me da por recordar que todavía
no has llegado,
no te he encontrado y
no te tengo.

Hoy es Jueves y vuelvo a pensar en el Gris.
Por eso de que se intenta lo que sabes que no conseguirás,
porque si pudieras conseguirlo,
ni siquiera lo intentarías.
Y ese es el motivo por el que yo no te intento.
Porque no te quiero (conseguir).

Me pregunto a cuántos más dejaré marchar.
Por cuántas vidas pasearé de puntillas
y cuántos tejados me quedan por visitar hasta que me digas 'quédate'.

He perdido la cuenta de los besos que he regalado en vano.
De cuántas sombras he cosido
aunque tuviera que tirar de mi propio hilo
-por falta de presupuesto-
y eso me descosiera a mí.

Me gustaría escribir que eres tú
el que me roba la rutina y me dice:
¿vie(r)nes?
El que gana tiempo con sus faltas
sus fuera de juego
y su prórroga.
El que teme a la tormenta
si está desnudo y golpea la lluvia en el cristal del parabrisas.
-Ay, se me olvidó decirte que yo era Noviembre,
pero no te preocupes, 'cause nothing lasts forever
even cold november rain-

Me gustaría escribir que la vida es su boca,
y no.
Porque me muero cuando su boca muerde otras vidas.
Porque me (des)ilusiona.

Y sin duda tú tienes que estar al caer.
Así que me dejaré de tonterías de amores temporeros
y de poetas de bragueta y revolcón.

No olvides que sueño contigo -aunque no sepa quién eres-.

Pero que necesito que me pares en esta inercia que tengo por vida
y me abras los ojos para demostrarme
que eres tú.

Que aunque no seas lo que yo tengo imaginado,
eres real.
-existes-
Y eso es mucho mejor.

Que vienes para enseñarme lo que es no despedirse nunca.
Y que la libertad a la que no quiero renunciar, es más bonita cogida de tu mano.
Que los miedos desaparecen si me muerdes con ganas
y las dudas de mi mente se disipan si me susurras al oído.
Que para confiar, solo se necesita querer. Y que yo,
te quiero.

No te pido nada,
solo que aparezcas de una vez y me digas
que eres tú,
que soy yo,
que somos nosotros.

Que llevo toda la vida esperándote
y soy una impaciente.

quedarse sin respiración.

No sé cómo decirte que después de ocho meses, he vuelto a encontrarme a M en el suelo.
Que justo hoy, también, se ha roto tu cadena que ataba las llaves a la puerta de mi vida.
Que lo siento, pero tus remolinos nunca fueron mis huracanes.
Y que llueve. Llueve a mares.
Que yo, no creo en las casualidades.

Que deberíamos aceptar la caducidad del paraíso.
Que soy una descreída y que he perdido la ilusión.
Que no creo en ti, ni en mí, ni en nosotros,
mucho menos en el amor.

Que tal vez yo no sea más la chica de la sonrisa triste y los ojos brillantes que alumbraban tu vida.
Que tal vez tú prefieras seguir anudando otras cuerdas para salvarte de los naufragios.
Que puede ser que no quiera acompañarte ni de noche ni de día,
y que no quiera volver a ver(te).
Pero ya sabes eso de que la doble negación es una afirmación.

Que mis labios no te busquen y mis manos no te escriban.
Que me aguante los miedos de tenerte porque nunca existirá la posibilidad de perder algo que no es tuyo.
Que me he hartado de los fantasmas que habitan tu corazón y de las perras que amenazan mi estabilidad emocional cuando las encuentro al doblar tus esquinas porque me doy la vuelta y te doy la espalda.
Que quizás, quiera rendirme
pero no al puto milagro que supone que existas sino
a la invisibilidad -para no asustarte con mis apasionados deseos de meterte en todos los resquicios de mi vida-.

Que los quilómetros entre dos personas no cuentan,
la única distancia válida es la que interponen esas dos personas entre sus almas.
-y la nuestra ahora es casi insalvable-.
Que puedo tenerte al lado y sentirte en Venecia,
estar delante del espejo en Roma, sola,
o puedes ser París entre mis piernas.
-como aquella noche,
Ay, déjate querer, dímelo otra vez, un día con una noche oscura y esperando por ver si saliera la luna...-

Que me acuerdo de los días en los que quería que te quedaras siempre,
y aún así,
siempre no era suficiente,
porque a la luna le sobra oscuridad si no está el sol
y a mí me sobra noche si no estás tú.

Pero que hoy,
hoy estoy dispuesta a confesar(te) que
tengo ganas de decirte que me muero de ganas de volver a tener ganas.
Que hoy me faltan peros para decirte que no me busques y me sobran excusas para dejarme encontrar.
Que quizás tú seas lo bonito de quererse sin enamorarse.


y a mí, me apetece querer(te).

si no puede hacerte daño, no podrá hacerte feliz.

Como cuando la primera vez que quedamos,
como cuando aún éramos unos desconocidos que se morían de ganas.

Ahora somos unos muertos con ganas de desconocernos
y es la última vez que nos vemos.


Cuando veníamos rotos de otros amores y buscábamos recuperar el calor, que nos había quitado Agosto, en un otoño desolado y un invierno adverso.
Que luego Abril traía el desencanto cogido de la mano de la felicidad y los enjaulaba en mi vida llevándose las llaves.
Que mi vida entonces se partía en mil pedazos y yo me asustaba.
Y huía.
Como tú de mí,
pero yo de mi vida sin ti.

Entonces un día cualquiera decidía(s) volver a reconstruir(me).
Nunca he necesitado razones para hacer algo. Solo lo he hecho si me ha salido de dentro. Y si me salía de dentro siempre me sobraban los motivos. Porque lo hacía si tenía ganas. Si quería.
Y claro que (te) quería.


Ha llegado Mayo, con M de magia y todo sigue patas arriba.
Tú vuelves aunque a medias.
Pero vuelves.

Me desvío porque no me desvistes.
Porque prefieres mil bocas a tener un amor siempre.
Porque no eres lo que quiero ni lo que busco
pero eres,
y eso es mucho más que todo lo que pueda anhelar.

Si te escribo es porque no te veo
y si te veo no me besas
y si me besas me confundes
y si me confundo me hundo
y si me hundo no me salvas.

Si te escribo es para que no me olvides
y si me olvidas para que me recuerdes.

Porque si me recuerdas me salvas
y si me salvas no me hundo
porque si me confundo me besas
y si me besas te veo
y si te veo, no me olvidas.

me pregunto si lo que me recuerda a ti, te recuerda a mí.

A veces me cogen ataques de nostalgia
y aunque quiero escribir otras cosas,
me pueden las ganas de escribirte.
A ti,
al que ha sido siempre.

Que aunque han venido otros
más fáciles de querer y menos difíciles de olvidar,
yo sigo acordándome de ti.

Pero soy tan buena mintiendo
que, a veces, incluso me creo
que te he olvidado.

Y en cierto modo, sí, quizás lo haya hecho.
Pero en el fondo no.
Hay cosas que por bonitas
no se olvidan
y hay cosas que por dolorosas
tampoco se olvidan nunca.

Tú,
por partida doble,
por bonito y doloroso,
eres imposible
de olvidar.

Lo importante es que no te echo de menos.
Y eso sí es cierto
y todo un logro.

Que no cambiaría ni daría nada por tenerte de vuelta.
Porque no quiero alguien como tú a mi lado.
Y por eso me jode verte reflejado en él.
Por eso, porque me siento igual de mal que contigo.
Porque estoy harta de no poder ser suficiente y acabar siempre en triángulos con hipotenusas que sustituyen mi vértice.
¿Pero qué puedo esperar de diferente si la banda sonora de su vida también es Extremoduro?
Que tú te fuiste por la vereda de la puerta de atrás y él sin patria ni bandera, vive a su manera mientras yo me quedo en esta calle sin salida.

Y entonces me hago un ovillo.

Por quererme siempre
tan mal y tan poco.

Por dejaros pasar,
suceder y ser.

A sabiendas de que eso
implica mi destrucción.

Lo peor, supongo, es creer que podría volver a vivir así.
A preferir unos ratos a un nunca
y a conformarme con algo
que me envenena y me destroza por dentro.
Pero yo merezco más.

Lo peor, en realidad, es tener la sensación de no haber aprendido la lección.
De volver a caer en la misma situación, una y otra vez.
A dejarme jugar.

Quizás me guste perder(me)
con tal de ganar(te) unas horas.
Quizás sea
eso de que la tristeza crea adicción.

Y mientras tanto,
el gris aparca en mi portal
con dos cervezas encima.
Cierro la puerta como de costumbre
y empiezo a subir los escalones
a la desgana de mi vida.

Se enfada porque no consigue lo que quiere,
porque no soy fácil
y piensa castigarme con el silencio.

Que me dejo invitar,
me dejo conocer...
Pero nadie consigue
besarme.

Nadie
me ha vuelto a querer
desde que te fuiste.

Porque mi roto
sigue siendo demasiado
para un descosido.

Que a veces,
hay bocas que no encajan
y sentimientos que no llenan.