llévame a ver salir el sol desde todos los portales de la luna.

El viernes voló
y yo también aunque cambié el asiento de atrás de tu coche por colgarme de un peta mal hecho.
Que sí, que me mata. Pero tú más.
Que a veces para olvidar el dolor es la mejor anestesia. Pero no te pierdas, que Marea sigue sonando en mis oídos y no consigo olvidar tu último beso.
Que no me dejaste ir sin besarme. Y nadie me besa desde que se fue.
Supongo que eres el único y eso te otorga cierto poder. Poder sobre mí. Que no querer. Puesto que querer no me quieres. Salvo a ratos.
Y eso a mí no me sirve.

Al final aprendes que agradecerle a alguien que aparezca en tu vida justo en un momento determinado, es una tontería ya que él tampoco decide aparecer. Es el azar que cruza vuestras líneas y os convierte en perpendiculares. Pero no olvides, que tampoco depende de ti cuánto duren esas vidas cruzadas. Que cualquier día, se pueden volver paralelas.

Y a la mierda el poder.

Y entonces, solo entonces, empiezas a querer.

Y entonces, solo entonces, entiendes que querer es poder.

Que si hace falta, se coge un compás y se traza una línea nueva en la que confluyan las dos.
Que si es indispensable, podemos alargar el invierno todo el tiempo que quieras seguir a mi lado y a la mierda primavera.
Que si es necesario, puedo hacer de este verano el más frío de la historia y crear todos los días de la semana tormentas para que te asustes y vengas a cobijarte en mi agujero.
Hablo de que todos los días podrían ser mis Viernes y me pregunto si seguirías convirtiéndolos en tus "¿Vienes?"
Yo prometo no decirte que no, pero deja de perderme y de(vuélve)me las ganas multiplicadas por veintinueve.

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