me pregunto si lo que me recuerda a ti, te recuerda a mí.

A veces me cogen ataques de nostalgia
y aunque quiero escribir otras cosas,
me pueden las ganas de escribirte.
A ti,
al que ha sido siempre.

Que aunque han venido otros
más fáciles de querer y menos difíciles de olvidar,
yo sigo acordándome de ti.

Pero soy tan buena mintiendo
que, a veces, incluso me creo
que te he olvidado.

Y en cierto modo, sí, quizás lo haya hecho.
Pero en el fondo no.
Hay cosas que por bonitas
no se olvidan
y hay cosas que por dolorosas
tampoco se olvidan nunca.

Tú,
por partida doble,
por bonito y doloroso,
eres imposible
de olvidar.

Lo importante es que no te echo de menos.
Y eso sí es cierto
y todo un logro.

Que no cambiaría ni daría nada por tenerte de vuelta.
Porque no quiero alguien como tú a mi lado.
Y por eso me jode verte reflejado en él.
Por eso, porque me siento igual de mal que contigo.
Porque estoy harta de no poder ser suficiente y acabar siempre en triángulos con hipotenusas que sustituyen mi vértice.
¿Pero qué puedo esperar de diferente si la banda sonora de su vida también es Extremoduro?
Que tú te fuiste por la vereda de la puerta de atrás y él sin patria ni bandera, vive a su manera mientras yo me quedo en esta calle sin salida.

Y entonces me hago un ovillo.

Por quererme siempre
tan mal y tan poco.

Por dejaros pasar,
suceder y ser.

A sabiendas de que eso
implica mi destrucción.

Lo peor, supongo, es creer que podría volver a vivir así.
A preferir unos ratos a un nunca
y a conformarme con algo
que me envenena y me destroza por dentro.
Pero yo merezco más.

Lo peor, en realidad, es tener la sensación de no haber aprendido la lección.
De volver a caer en la misma situación, una y otra vez.
A dejarme jugar.

Quizás me guste perder(me)
con tal de ganar(te) unas horas.
Quizás sea
eso de que la tristeza crea adicción.

Y mientras tanto,
el gris aparca en mi portal
con dos cervezas encima.
Cierro la puerta como de costumbre
y empiezo a subir los escalones
a la desgana de mi vida.

Se enfada porque no consigue lo que quiere,
porque no soy fácil
y piensa castigarme con el silencio.

Que me dejo invitar,
me dejo conocer...
Pero nadie consigue
besarme.

Nadie
me ha vuelto a querer
desde que te fuiste.

Porque mi roto
sigue siendo demasiado
para un descosido.

Que a veces,
hay bocas que no encajan
y sentimientos que no llenan.

Comentarios

  1. De nuevo, increíble! Sigue escribiendo, nos leemos!

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