lo absurdo es ser desconocidos con gente con la que alguna vez compartimos algo.

Dispuesta a naufragar entre la lluvia que se avecina esta noche -mentira, que ya llueve- y ahogar las penas con alcohol, a menudo me sigo cuestionando por qué no se han atrevido a saltar conmigo. A cogerme de la mano y volar.
Si yo lo único que he querido siempre es encontrar mi sitio. Encajar.
Pero se acabó. Así sin más. Como cuando se acaban las grandes historias en silencio.
No quiero ajustarme ni obsesionarme por ser ideal. Quiero dejar de empeñarme en trasladar lo que tengo en mi mente a la realidad. Quiero dejar de buscar en todo motivos o razones que justifiquen mis pajas mentales.
Es mejor dejarse querer y puestos a dejar, dejarse también los principios en el fondo del sofá -junto con las lágrimas y tus migas de pan-.
Voy a pedir perdón por quererme tan poco y tan mal.
Empezaré a cambiar el adverbio mal por bien y ya más adelante, cuando sepa, el poco por el mucho.
Creo que mis penas se van a tomar un tiempo de vacaciones. Y tú con ellas.
Lo siento pero no puedo más. Búscate a otra a quien marear. A mí me has perdido. Y algún día te arrepentirás de haber dejado ir a la única chica que había despertado algo en ti y que te había devuelto la ilusión después de.
Pero estoy harta de historias cíclicas que se repiten. Que ya sé lo que viene a continuación. Y no. No estoy dispuesta a quererlo. Ni a quererte otra vez.
Ahora que puedo, ahora que estoy distante: adiós.
He dejado de estar cuando me inventes, porque quien no está en las malas no merece estar en las buenas. Y tú vas, vienes y estás cuando te da la gana. Y yo no soy un juguete a tu antojo.
O aprendes a querer las espinas o no aceptes la rosa.

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