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Mostrando entradas de noviembre, 2013

tenía los labios rotos, igual que sus medias.

A veces huiría
aunque todavía no sé de qué, ni de quién, ni de dónde.

Pero soy tan cobarde
que todavía el cuchillo, conmigo, aquí.

Estoy tendida en el suelo
he caído del piso veintitrés.
Que alguien le diga a Santi que no es buena idea andar por los cables.

Ni saltar desde ahí para volar.

Que no soy una de las golondrinas de Bécquer, joder.
Yo no tengo alas por mucho que me acaricies la espalda con manos de invierno.

A ver ahora quién limpia este desastre
y este ruido de pasos que llegan a ninguna parte.

Y este hueles a verano
y estas ganas de no querer llover.

Ir a destiempo es lo que tiene
y eso que siempre fuimos atemporales.

Lo peor no es que me robaras un beso, es que me rasgaras la sonrisa con mi cuchillo
y pretendieras quedarte conmigo
aquí.

Con suerte el hielo empezará a cubrirme y el proceso de putrefacción se ralentizará,
quizás esté más guapa rodeada del rojo que sale de mi cabeza y tiñe el asfalto.
No vengas a lamentarte por las cosas que no pudiste hacer cuando todavía te…

que lo único que vea al despertar sea su sonrisa.

Estoy harta de la gente que se compadece diciendo que tiene una vida de mierda.
Callaos. 
Yo os diré qué es una vida de mierda.
Siempre pienso que hay muchas vidas tristes para tan poca mierda.
A ver si me explico, que yo, si tuviera una vida de mierda sería la mejor triste.

Yo llegaría a casa después de haber vendido mi cuerpo por unos míseros euros, con una barra de pan bajo el brazo y nada bajo el vestido.
Abriría la puerta que nunca cierra del todo e intentaría cerrar las ventanas que siempre están abiertas y por las cuales ya no entran las moscas porque ni siquiera tengo sobras.
Me sentaría en el mármol roto de la cocina y observaría los fogones llenos de telarañas,
porque hace meses que no tengo gas,  y vertiría mis lágrimas en un cazo para intentar tener un poco de lo que beber.
Después vería cómo la oscuridad que se había adueñado de mi alrededor, dejándome en total penumbra, me volvía ojos de gata. Y es entonces cuando las diminutas asquerosidades con las que me habría visto …

me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace.

Era un ángel vestida de blanco y tenía pendientes en este mundo todavía. Ya hacía catorce siglos de la primera vez que metiste las orejas en el centro de su andar y seguía sin controlar el tembleque en las piernas cuando veía aparecer esa sonrisa tan tuya.
Por no hablar de todas esas veces que salía a salvar el mundo solo para conseguir sacar las telarañas de tu corazón.

No sabría cómo explicaros que los amores de verano son eso,
de verano. Que luego llega el otoño y joder,
qué guarrada sin ti.
Después decidió quedarse a vivir en el verano eterno de otro sol porque era la única estación en la que no estabas.

Pero entonces, en medio de ese verano,
nevó;
Se hizo la cobarde como solo pueden hacerse los valientes,
y en lugar de escapar, se sentó a esperar.

Nunca un frío había azotado tan fuerte en la nuca de Agosto. Y ella lo sabía porque era Noviembre.

Siempre fuiste la causa, la explicación y la resolución del problema.

Eras todo y más.
Noviembre había vuelto con su nostalgia pero esta v…