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Mostrando entradas de abril, 2013

lo absurdo es ser desconocidos con gente con la que alguna vez compartimos algo.

Dispuesta a naufragar entre la lluvia que se avecina esta noche -mentira, que ya llueve- y ahogar las penas con alcohol, a menudo me sigo cuestionando por qué no se han atrevido a saltar conmigo. A cogerme de la mano y volar.
Si yo lo único que he querido siempre es encontrar mi sitio. Encajar.
Pero se acabó. Así sin más. Como cuando se acaban las grandes historias en silencio.
No quiero ajustarme ni obsesionarme por ser ideal. Quiero dejar de empeñarme en trasladar lo que tengo en mi mente a la realidad. Quiero dejar de buscar en todo motivos o razones que justifiquen mis pajas mentales.
Es mejor dejarse querer y puestos a dejar, dejarse también los principios en el fondo del sofá -junto con las lágrimas y tus migas de pan-.
Voy a pedir perdón por quererme tan poco y tan mal.
Empezaré a cambiar el adverbio mal por bien y ya más adelante, cuando sepa, el poco por el mucho.
Creo que mis penas se van a tomar un tiempo de vacaciones. Y tú con ellas.
Lo siento pero no puedo más. Bús…

para mí, ser valiente es tener el valor de decir adiós a una persona porque te hace daño, a pesar de no poder vivir sin ella.

El viento traía restos del naufragio en esta primavera soleada y fría -por la ausencia de abrazos-.
Se asomó a la ventana con la vana esperanza, y una triste melancolía, de ver en la esquina verde aparecer ese azul eléctrico que la salvaba. Pero las palmeras se movían, se contoneaban como antaño y de repente, sin quererlo, bajó la vista y lo vio. El alerón negro.
No sintió nada. Solo una punzada en el esternón de ira incontenible.
Y entonces empezó a pitar y a gritar mi nombre.
Recuerdo que me volví loca. Recuerdo que el motivo de mi locura era el de las gafas de sol aparcado de culo delante de mi portal. Recuerdo que recordar lleva cuerdas que te atan al pasado y que nosotros duramos más locos que cuerdos -por eso de mi miedo al compromiso y el tuyo a decidir entre dos fuegos-.
Supongo que cuando me desperté eran las seis de la mañana y amanecía. Supongo que era Domingo y nadie me había bajado las bragas. Supongo que estaba sola y él con otra.
Él no lo sabía pero hay musas encerr…

sus ojos son una espiral que te animan a seguir funcionando.

Con alguna copa de más para tener alguna lágrima de menos, seguía con mi vida.
Mi vida sin ti.
Con la ilusión apedazada, la esperanza remendada y los ojos tan tristes que solo sabían sonreír.
La luna cóncava indicaba que estaba creciendo -pero en realidad estaba así porque acunaba mi llanto para consolarme- y en un par de semanas estará llena -espero que de cosas buenas-.
Lo mejor que podía pasar es que dejaras de ser un ojalá y te convirtieras en ese "sal, estoy aquí".
Y pasó, apareciste.
Seguiste el guión de mi película, hiciste lo que tenía planeado para ti.
Después de que el silencio gritara en todas partes durante tantos días quien gritó fue mi garganta. Deshizo el nudo y salieron todas las palabras a borbotones, sin sentido, sin dirección -no, no lloraba, yo no lloro nunca en público-. Pero dejé de asfixiarme aunque apenas y a penas recuerdo nada.
Solo sé que hay abrazos que te devuelven la vida y sonrisas que alegran los ojos más tristes.
Que la noche es más oscura …

reduzcamos el adiós a la magia

Te echo de menos.

Y punto.
Nada más.
Es solo esto, claro, conciso y directo.
He intentado hacerlo y decirlo de mil formas -todas fallidas-. Quizás por mi falta de valentía o mi excesivo coraje. Quién sabe si el miedo ha tenido algo que ver y si el orgullo ha intervenido.
Creo que mandaré a la mierda todas las cartas que esperan en el cajón y las que todavía rondan por mi cabeza. Las palabras me nublan la mente y yo solo quiero...

He vuelto, ¿vuelves tú?

Te espero; por eso no olvides que esperar es el verbo con más prisa del mundo.
Y que yo, empiezo a desesperar.
Todas las esperanzas escritas en el papel que ojalá no se haya llevado el aire. -y ojalá aparezcas hoy-

Natàlia.

Quaranta-set abrils de qui és sempre primavera.
Perquè si la primavera té algun so, és el seu riure.
Perquè si la primavera té verd, és el dels seus ulls.
I perquè si la primavera s’ha de guardar dins algú,
aquest algú és ella....

Però la Primavera
mai podrà estimar tant com ella
-perquè d’altres coses no,
però d’estimar,
millor que ningú-.

Des de fa quatre anys li falta una cosa
-la més important potser-
un buit que ningú pot, ni podrà omplir mai
-però ella no ho sap,
que és un tresor amagat sota la pell de la humanitat-.
Que estem condemnats a recordar sempre el que ha marxat
i poques vegades,
pensem en el que hi ha.
I el que queda és el que compta,
perquè el que hi ha és més que suficient.

Hi ha quaranta-set abrils formant part dels meus vint novembres.
Vint novembres que han portat la tardor en la seva primavera eterna.

Les dues estacions més inestables,
-potser per això ens enfadem tant-
Perquè una és la mort i l’altre la resurrecció de la vida
-perquè som el contrari i en el fo…

cuando no sabemos a qué puerto nos dirigimos, todos los vientos son desfavorables

Las cartas que no se mandan, las que se quedan en ese casi, como nuestra historia, son las más importantes, son esas que podrían cambiar el rumbo de una vida y quizás, con un poco de suerte, de dos.
Siempre he sido de pensar que todo ocurre por algo, que si esa carta sigue en mi bolso y no en tu parabrisas es porque llovía. Y si llovía era porque no tenía que ser.
Pero yo no me rindo fácil, así que lo volveré a intentar el doce.
Que sí, ya sé eso de que la realidad es absurda y solo son simples casualidades, pero perdonadme a mí y a mi complejo de escritora. A mi empeño en buscar causas que justifiquen las cosas, en enhebrar hilos para darles sentido.
Dicen que lo que da miedo, merece la pena. Y ahora me he quedado con la pena porque el miedo está tan lejos como tú.
La lluvia dice que así es como debe ser. Que tengo que empezar a mirar más por mí y quien me quiera que me busque. Que merezco a alguien a quien le importe.
No sé qué cojones hace Abril cada año para dejarme sola. Per…

"te odio"...

Dejando a un lado la evidencia de que la primavera me la ha vuelto a jugar, aquí estoy yo, viviendo rápido para no pensar. Como antaño, poniendo parches, arrancando finales y cuadrando el círculo de mi obsesión.
Yo ya sabía que la culpa pesa un quilo más para el que parte. Porque siempre parto yo. Y ya llevo tres quilos de más encima.
Y sigue mi empeño en (des)aprovechar cualquier oportunidad de decir SÍ.
Si lo lees no lo entenderás, pero me da igual. No me has dejado explicarte mi vida y contarte mis historias, mis tormentos. Quizás si hubieras querido entrar en mi mundo y hubieses buscado un poco en el fondo de los vértices de mis rayuelas, me habrías entendido.
Yo quería que apostaras por mí y te quedaras.
Yo solo quería quererte más que a nada.
Enamorarme de tu sonrisa y tu mirada.
Pero ¿cómo va a entenderme alguien que no sabe oír lo que callo?
Y eso que no me había abierto nunca tanto con nadie. Yo quería que esta vez las cosas salieran bien, en serio que lo quería. Pero es…