cuando no sabemos a qué puerto nos dirigimos, todos los vientos son desfavorables

Las cartas que no se mandan, las que se quedan en ese casi, como nuestra historia, son las más importantes, son esas que podrían cambiar el rumbo de una vida y quizás, con un poco de suerte, de dos.
Siempre he sido de pensar que todo ocurre por algo, que si esa carta sigue en mi bolso y no en tu parabrisas es porque llovía. Y si llovía era porque no tenía que ser.
Pero yo no me rindo fácil, así que lo volveré a intentar el doce.
Que sí, ya sé eso de que la realidad es absurda y solo son simples casualidades, pero perdonadme a mí y a mi complejo de escritora. A mi empeño en buscar causas que justifiquen las cosas, en enhebrar hilos para darles sentido.
Dicen que lo que da miedo, merece la pena. Y ahora me he quedado con la pena porque el miedo está tan lejos como tú.
La lluvia dice que así es como debe ser. Que tengo que empezar a mirar más por mí y quien me quiera que me busque. Que merezco a alguien a quien le importe.
No sé qué cojones hace Abril cada año para dejarme sola. Pero estoy aprendiendo, sí. Ahora me coso y me rompo yo, cuando me apetece, cuando me da la gana. Ya no necesito que nadie me ayude. Y para tu amanecer desbocado, mejor que me olvides.
Posiblemente parezca una paradoja pero aunque te quiera, no eres lo que quiero. Creo que no te quiero tanto. Porque me has fallado, y cuando alguien te falla las cosas cambian irremediablemente. Pero ¿qué se supone que debemos hacer con todo eso? ¿Dónde van las promesas que no se cumplen?
¿Nos quedamos? ¿Luchamos? ¿Nos matamos? ¿Nos rendimos? ¿Nos besamos? ¿Nos queremos? ¿Nos olvidamos?

¿Lo intentamos?

¿Nos vamos? Juntos
 
 

2 comentarios:

  1. HOLA! Me encanta tu blog :) te sigo , me podrias seguir? :) xx http://myworld-leire.blogspot.com.es/

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