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Mostrando entradas de octubre, 2013

suaves caricias que erizaban la piel.

Andrés nos jodió cuando dijo que podía hacer el verano algo más largo.
No soporto las cosas eternas. Ni siquiera las que duran más que un rato,
demasiado.
Luego apareces tú y me dices que te quedas si nunca acaba el verano.
Pero el verano acabó hace más de un mes y tus maletas siguen vacías encima de mi armario.
A veces me miras y sonríes como si supieras que odio que estéspero quiero que sigas estando. Verás, es que me mata el mismo sol que a ti te alumbra y los días grises necesito que me abraces más fuerte.
Por eso mi regalo de despedida será una maleta gigante
conmigo dentro. 
No es que quiera irme contigo, es que quiero que me lleves a ver el mundo cogida de tu mano
-porque esta ciudad hace tiempo que se nos quedó pequeña para un amor tan grande- y estar presente en todos los lugares que te hagan feliz para que algún día te des cuenta de que un lugar no puede hacerte feliz.
Una persona sí.  Y, al final, acabes entendiendo que  mi casa está donde estás tú.
Ahora parece que el otoño…

sigo en el puto proyecto de hacerme feliz.

Desde que no tengo vida social, porque me sacaron siete centímetros de las entrañas, que hablo mucho conmigo.

Me pregunto a menudo cómo estoy, a lo que suelo responder con un viva.
Me pregunto en qué pienso, y casi siempre la respuesta es en mí.
Me pregunto qué siento y nada porque la sístole no contrae suficientemente fuerte las arterias.
Igual un día de estos aparezco muerta por un infarto de miocardio y tengo que cambiar la respuesta a la primera pregunta.

Demasiadas preguntas para tan poca vida.

Verás, me digo, ahora sí que ya no puedes permitirte perder más tripas.
Es que yo antes de que me las extrajeran ya me las había dejado en tres asaltos. Y, bueno, esto quizás ha sido un aviso.
Supongo que el vacío del punto abierto frente a los tres de sutura no es más que una forma gráfica de resumir mi historia.
Nada y puntos suspensivos.  Que esta herida que parece que nunca vaya a cicatrizar es como una exteriorización de mi corazón,  pero sin el como. 
Entiende pues que no pueda enamora…

a despertar sin espacio, pero entre besos.

Hace mucho que no escribo, podéis imaginaros la majadera que parece mi cabeza. 
Está todo patas arriba, desordenado, y apilado encima de la cama. 
Las ideas bailan con las dudas y aquí todos parecemos casi felices. Casi feliz como cuando no tienes dónde dormir y no puedes soñar más.
Levitaban los pétalos de la rosa sin espinas por el salón. Estaban dispuestos sobre el aire, de forma casi natural. Como si desafiar la ley de la gravedad fuera algo natural. 
Como si algo así pudiese conseguirse sin tu presencia.
Es que tú siempre has sido de lograr imposibles y de hacerme volar por las paredes naranjas antes de lanzarme al precipicio del sofá rojo.
Después los cristales rotos de la copa venían a clavarse, a incrustarse en mis retinas. Rompían mis ventanas al mundo, perdía objetividad y se ponía a llover encima de tu pecho, aunque tú nunca te dabas cuenta, y me mojaba toda.

¿Por qué no me iba a cobijar? 
Porque las mejores tormentas te relampaguean el alma y te electrocutan el corazón. Por eso lo…

lo mejor de recordar es que puedes regresar cuando lo deseas, nadie te puede robar o impedir eso...

La verdad es que no lo sé con seguridad pero

hoy
o quizás mañana, aunque a lo mejor fue hace dos días, es,
será  o ha sido

el cumpleaños de una persona importante para mí.

Lo que sí sé es que hace veintitrés octubres el mundo dejó de ser tan oscuro.


Aunque ya no esté, éramos.

Tú y yo fuimos bonitos juntos

-no creas que se me ha olvidado-

pero es que ahora somos preciosos por separado.

Fuiste el mejor amigo que habría podido tener. Y ya está.

Nos salvamos. Y punto.

Fuimos bisagras en marcos de puerta que no nos correspondían. Nada más.

Solo voy a aconsejarte -porque creo que estoy en el derecho de hacerlo- aunque no, mejor, te lo voy a pedir:
no vuelvas a prometer nunca nada a nadie

-que ése es el primer paso hacia la decepción y ya sabes que las decepciones son heridas que nunca cicatrizan-

Pero qué voy a contarte yo a ti de heridas sin cicatrizar y corazones rotos, ¿verdad?

Solo espero que lo cuides bien.
Tu corazón,
digo.
Gracias por mostrarme Otra realidad y enseñarme eso…