suaves caricias que erizaban la piel.

Andrés nos jodió cuando dijo que podía hacer el verano algo más largo.
No soporto las cosas eternas. Ni siquiera las que duran más que un rato,
demasiado.

Luego apareces tú y me dices que te quedas si nunca acaba el verano.
Pero el verano acabó hace más de un mes y tus maletas siguen vacías encima de mi armario.
A veces me miras y sonríes como si supieras que odio que estés pero quiero que sigas estando. Verás, es que me mata el mismo sol que a ti te alumbra y los días grises necesito que me abraces más fuerte.
Por eso mi regalo de despedida será una maleta gigante
conmigo dentro. 

No es que quiera irme contigo, es que quiero que me lleves a ver el mundo cogida de tu mano
-porque esta ciudad hace tiempo que se nos quedó pequeña para un amor tan grande-
y estar presente en todos los lugares que te hagan feliz para que algún día te des cuenta de que un lugar no puede hacerte feliz.
Una persona sí. 
Y, al final, acabes entendiendo que 
mi casa está donde estás tú.

Ahora parece que el otoño por fin ha llegado, con mis ganas de esconderme debajo del jersey de lana y compartir manta en el sofá, con su cielo encapotado aguando los cristales mientras me abrazas más fuerte que nunca, con su frío, su gris, su deshojar árboles de media sonrisa caduca con mis labios secos.

Justo ahora que tú 
has decidido 

quedarte

de forma
perenne.

Y a la mierda con las estaciones.

sigo en el puto proyecto de hacerme feliz.

Desde que no tengo vida social, porque me sacaron siete centímetros de las entrañas, que hablo mucho conmigo.

Me pregunto a menudo cómo estoy, a lo que suelo responder con un viva.
Me pregunto en qué pienso, y casi siempre la respuesta es en mí.
Me pregunto qué siento y nada porque la sístole no contrae suficientemente fuerte las arterias.
Igual un día de estos aparezco muerta por un infarto de miocardio y tengo que cambiar la respuesta a la primera pregunta.

Demasiadas preguntas para tan poca vida.

Verás, me digo, ahora sí que ya no puedes permitirte perder más tripas.
Es que yo antes de que me las extrajeran ya me las había dejado en tres asaltos. Y, bueno, esto quizás ha sido un aviso.

Supongo que el vacío del punto abierto frente a los tres de sutura no es más que una forma gráfica de resumir mi historia.
Nada y puntos suspensivos
Que esta herida que parece que nunca vaya a cicatrizar es como una exteriorización de mi corazón, 
pero sin el como. 

Entiende pues que no pueda enamorarme de ti. Pero sí te voy a querer como nunca he querido a nadie.
 Porque nunca he querido a nadie con el corazón por fuera, 
a flor de piel

Tampoco había besado a alguien que besara con los ojos abiertos como yo.
Y creo que eso es todo lo que me faltaba a mí para cerrarlos. 
Porque nunca había sentido la necesidad de hacerlo hasta que me encontré contigo.

Creo que, por primera vez, puedo bajar la guardia sin sentirme amenazada.

Verás, me digo, si vas a dejarte querer que sea por mí.
Es que yo ahora prefiero que me quieran.
A secas, 
como si fuera un desierto. 
y hasta el borde, 
como si fuera un precipicio. 

Y quizás no lo entendáis porque siempre he querido por encima de todas las cosas,
pero creedme que por debajo es más divertido.

A las piernas siempre les ha gustado hacer intercambio de pareja a los pies de la cama. Y a los pies anudarse con otros pies. Y, bueno, qué voy a contaros yo aquí de juegos divertidos que no sepáis.
Si, jugar, sabemos todos. 
Lo que no sabemos es querer.

Esta niña nunca va a llegar a nada, dijo mi yo del futuro cuando tenía cinco años.
Me encogí de hombros y empecé a engalanarme los tirabuzones.
Yo no quería llegar a nada, yo me pintaba mariposas en la cara y ya era feliz,
porque siempre tuve un aire de mariposa
y quería una vida como la suya:
llena de colores.

Ahora, me temo, que tenía razón.
Todo es demasiado gris y yo sigo en el puto proyecto de hacerme mariposa feliz.
Por eso he regresado a mi niñez.
Para robarme la ilusión que tenía a los cinco años y ponerla ahora en medio de esta metamorfosis.
He conseguido que una parte de mi niña vuelva conmigo al presente. 
Dice que lo hace para que no la eche en falta. No entiende que yo, simplemente, no la echaría de ningún modo.

a despertar sin espacio, pero entre besos.

Hace mucho que no escribo, podéis imaginaros la majadera que parece mi cabeza. 
Está todo patas arriba, desordenado, y apilado encima de la cama. 
Las ideas bailan con las dudas y aquí todos parecemos casi felices.
Casi feliz como cuando no tienes dónde dormir y no puedes soñar más.

Levitaban los pétalos de la rosa sin espinas por el salón. Estaban dispuestos sobre el aire, de forma casi natural. Como si desafiar la ley de la gravedad fuera algo natural. 

Como si algo así pudiese conseguirse sin tu presencia.
Es que tú siempre has sido de lograr imposibles y de hacerme volar por las paredes naranjas antes de lanzarme al precipicio del sofá rojo.
Después los cristales rotos de la copa venían a clavarse, a incrustarse en mis retinas. Rompían mis ventanas al mundo, perdía objetividad y se ponía a llover encima de tu pecho, aunque tú nunca te dabas cuenta, y me mojaba toda.

¿Por qué no me iba a cobijar? 

Porque las mejores tormentas te relampaguean el alma y te electrocutan el corazón. Por eso los abrazos cobraban intensidad. 
Quería pasarte la corriente y resucitar ese pequeño órgano medio muerto que habitaba debajo de tu coraza los miércoles. Pero.

Regresé. Reincidí. Y cuántas erres, yo que siempre he sido más de amar.

Vendí mi sonrisa de diablo a cambio de un reencuentro fortuito.
Pero verás, es que cuando la palabra nostalgia tiene de por medio una estación de tren y unas piernas con ganas de abrazar sabes que, como mínimo, la incomprensión de las lágrimas del otro deja de tener sentido.

Ya no me llaman Octubre aunque sigo hablando de ti. 

Ahora es octubre el que me llama a mí y quiere recordarme que las tardes de otoño son para quererse cerca y fuerte. 
No sé. 
Que alguien le explique a este desastre que yo solo soy feliz si me dejáis ser triste. 
Y que para ser triste, tienes que encantarme el corazón y soltarlo desde lo más alto de la Torre Eiffel,
tirarlo sin paracaídas, 
que el primer contacto seco contra el suelo sea la vida inevitable e ineludible de mi muerte.

Resumiendo, que las relaciones siempre las maneja quien más siente

Por eso el mundo es de los amadospero lo mueven los que aman.

Que deberían multiplicarse los segundos porque es mejor ser agente que paciente de la acción. O, al menos, eso creía yo.

Que ahora llevo mucho tiempo sin escribir y sin querer.
Que he dejado de mover mundos y transformar espacios para convertirme en la dueña de alguno y recibir besos en los pies.
Que por las mañanas, si no me despiertas bajándome las bragas, mejor no me digas nada.
Y joder, qué mal.

Pero ojalá nunca pierda tu movimiento,

jamás un mundo había sido tan bonito como el mío

cuando lo hacemos nuestro.

lo mejor de recordar es que puedes regresar cuando lo deseas, nadie te puede robar o impedir eso...

La verdad es que no lo sé con seguridad pero

hoy
o quizás mañana,
aunque a lo mejor fue hace dos días,
es,
será 
o ha sido

el cumpleaños de una persona importante para mí.

Lo que sí sé es que hace veintitrés octubres el mundo dejó de ser tan oscuro.


Aunque ya no esté, éramos.

Tú y yo fuimos bonitos juntos

-no creas que se me ha olvidado-

pero es que ahora somos preciosos por separado.


Fuiste el mejor amigo que habría podido tener. Y ya está.

Nos salvamos. Y punto.

Fuimos bisagras en marcos de puerta que no nos correspondían. Nada más.

Solo voy a aconsejarte
-porque creo que estoy en el derecho de hacerlo-
aunque no,
mejor,
te lo voy a pedir:

 no vuelvas a prometer nunca nada a nadie

-que ése es el primer paso hacia la decepción
y ya sabes que las decepciones son heridas que nunca cicatrizan-

Pero qué voy a contarte yo a ti de heridas sin cicatrizar y corazones rotos, ¿verdad?

Solo espero que lo cuides bien.
Tu corazón,
digo.

Gracias por mostrarme Otra realidad y enseñarme eso de que querer más, no es querer mejor.

Y aunque el carné de identidad ya no mienta, estoy segura de que los dos tenemos motivos para decirle al sol que seguimos estando vivos.

Recuerda que después de arder el fuego ya es solo humo, por eso necesitamos respirar lejos. 

Y que ahora no te asustes del destino, ya le he dicho que no juegue contigo. Así que cree a Robe cuando dice que siempre hay un hilo mágico que alumbra nuestro camino.

Te lo digo yo, porque lo sé, porque lo he podido comprobar, porque  eres uno de esos hilos.


Te deseo mucha felicidad mongui.
Disfrútalos.