a despertar sin espacio, pero entre besos.

Hace mucho que no escribo, podéis imaginaros la majadera que parece mi cabeza. 
Está todo patas arriba, desordenado, y apilado encima de la cama. 
Las ideas bailan con las dudas y aquí todos parecemos casi felices.
Casi feliz como cuando no tienes dónde dormir y no puedes soñar más.

Levitaban los pétalos de la rosa sin espinas por el salón. Estaban dispuestos sobre el aire, de forma casi natural. Como si desafiar la ley de la gravedad fuera algo natural. 

Como si algo así pudiese conseguirse sin tu presencia.
Es que tú siempre has sido de lograr imposibles y de hacerme volar por las paredes naranjas antes de lanzarme al precipicio del sofá rojo.
Después los cristales rotos de la copa venían a clavarse, a incrustarse en mis retinas. Rompían mis ventanas al mundo, perdía objetividad y se ponía a llover encima de tu pecho, aunque tú nunca te dabas cuenta, y me mojaba toda.

¿Por qué no me iba a cobijar? 

Porque las mejores tormentas te relampaguean el alma y te electrocutan el corazón. Por eso los abrazos cobraban intensidad. 
Quería pasarte la corriente y resucitar ese pequeño órgano medio muerto que habitaba debajo de tu coraza los miércoles. Pero.

Regresé. Reincidí. Y cuántas erres, yo que siempre he sido más de amar.

Vendí mi sonrisa de diablo a cambio de un reencuentro fortuito.
Pero verás, es que cuando la palabra nostalgia tiene de por medio una estación de tren y unas piernas con ganas de abrazar sabes que, como mínimo, la incomprensión de las lágrimas del otro deja de tener sentido.

Ya no me llaman Octubre aunque sigo hablando de ti. 

Ahora es octubre el que me llama a mí y quiere recordarme que las tardes de otoño son para quererse cerca y fuerte. 
No sé. 
Que alguien le explique a este desastre que yo solo soy feliz si me dejáis ser triste. 
Y que para ser triste, tienes que encantarme el corazón y soltarlo desde lo más alto de la Torre Eiffel,
tirarlo sin paracaídas, 
que el primer contacto seco contra el suelo sea la vida inevitable e ineludible de mi muerte.

Resumiendo, que las relaciones siempre las maneja quien más siente

Por eso el mundo es de los amadospero lo mueven los que aman.

Que deberían multiplicarse los segundos porque es mejor ser agente que paciente de la acción. O, al menos, eso creía yo.

Que ahora llevo mucho tiempo sin escribir y sin querer.
Que he dejado de mover mundos y transformar espacios para convertirme en la dueña de alguno y recibir besos en los pies.
Que por las mañanas, si no me despiertas bajándome las bragas, mejor no me digas nada.
Y joder, qué mal.

Pero ojalá nunca pierda tu movimiento,

jamás un mundo había sido tan bonito como el mío

cuando lo hacemos nuestro.

Comentarios

  1. Tienes la pequeña capacidad de hacer que otros se metan en tus versos y hasta duelan...Joder no sé me ocurre ni lo que decir. Me voy cargado de grandes frases y reflexiones, gracias por estos momentos.

    Besos.

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  2. que buena entrada, te dejo mi blog, por si le quieres echar un vistazo santijg.blogspot.com
    =)

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