lo que no decimos se transforma en deber, en deuda, en asignatura pendiente.

No te inventes todos los finales predicaba una canción de Quique y, joder, ojalá pudiera dejar de hacerlo.
Pero entonces me arrancaba la piel a tiras para borrar la señal de tus colmillos (igual que Leiva). Como si echar a alguien de tu cabeza fuera tan fácil como mudarse la piel.
Aunque bueno, ya solo quedan los demonios y no sé contra quién voy.
Es Zahara la que nos cuenta eso de que se me hundió el dolor en el costado y se me nublaron los recodos. Y ya véis, no hay mejor forma de explicarlo.
No quiero no estar a tu lado.
Pero no sé qué hacer contigo. Igual que nunca he sabido qué hacer con alguien cuando ha empezado a importarme de verdad.
¿Sabes cuál es mejor opción que pensar en mí y no concluir? Que me quieras.
Porque no se puede tener todo. Pero me puedes tener a mí.
Que no sabes que soy un gato con complejo de mariposa. Que yo provoco desastres naturales al otro lado de la cama con solo morderme el labio y que para arañar y desafiar el vértigo en el ático de una espalda, nadie mejor que yo.
Pero, tranquilo, supongo que huiré como siempre, como los gatos huyen del suelo y como las mariposas huyen de sus cazadores. Si quieres que vuelva una vez me haya ido, quédate quieto y entonces me posaré sobre tu nariz.
Si te mueves de forma brusca me asustarás, echaré a volar y me moriré de ganas de decirte que te voy a echar de menos.

Todavía estoy a tiempo de escoger la opción menos lógica y más suicida. La de tirarme de tu precipicio. En tu abismo. Con tus dudas.
La de dejarme matar por unos besos vacíos de amor. La de dejarme morir por un sentimiento mutilado
(eso sí que es un atentado).
La de follarte por fallarme. Y la de fundirte en mi fuego como si fueses de cera. Ya sabes, como dice Robe, siempre en estado de espera.

Que ya sé que hay más peces en el mar pero, todos tenemos preferencias y, ahora tú eres mi favorito.

Aún así finjo que no sé y que no has sabido.
Y que tampoco queremos saber(nos).

pero, en cualquier caso, sabías amar.

Y es que a veces hay que explicar más para que la gente invente menos. Aunque eso me haya dejado de importar ya.
La cuestión es que hoy he venido a contaros que después de aprender a besar a alguien porque apetece y no por necesidad, viene lo de aprender a abrir las piernas pero no el corazón.
Ya sabes, todo eso que tenía que haber sabido hacer contigo pero que no pude porque te abrí el corazón antes que las piernas y porque necesitaba besarte antes de que me apeteciera. Supongo que te quería demasiado.
Pero ya he aprendido todas las lecciones y ahora sí que ya sé todo lo necesario para ser feliz.
Y lo que en realidad venía a explicaros es que pasados quince siglos, puedes volver a comer macarrones. Puedes volver a ver una película en el sofá abrazada a alguien. Puedes volver a compartir una cama de 90. Puedes volver a dormir sin bragas. Puedes volver a despertarte con una sonrisa. Puedes volver a ponerte una camiseta enorme prestada. Y quizás, solo quizás, los martes vuelvan a dejar de ser tan horribles.

- ¿Haces café o no?
- Pero si no te gusta el café...
Entiende que a mí el café me gusta solo si es sinónimo de amor.
Así que reitero:

- Hazme el café.


-considerando la posibilidad de hacer una excepción a la regla
aunque no sepa a(mar)-

yo soy una variable enloquecida de tu vida.

Juntar los puntos hasta convertirlos en suspensivos dejó de ser una opción hace más de un año cuando aprendiste que la sutura implicaba la unión.
¿Para qué unir lo que funciona mejor por separado?
Que es mejor dejar la herida abierta para que aniden otros cuervos y confiar en que esta vez no te saquen los ojos.

Tardas en entenderlo, pero te acabas dando cuenta de que lo más bonito del final son todos los principios que te brinda.
Lo más bonito del final es la libertad de escoger cómo empezar.

Y decides que empiezas por abrir el cajón,
ese lleno de humedad
-de todos los recuerdos bonitos-
y atestado de monstruos
-de los que nadie mató por ti-
y ponerlo al sol, en la cuerda de tender desolación.

Miras con compasión todas esas cosas que quisiste decir y se quedaron anudadas en la garganta y atrapadas en el papel con tu letra.

Sigues sin saber qué es el amor, pero ahora ya sabes que amor, a veces, es fijarse en la persona equivocada en el momento equivocado.

Que pisar fuerte no es sinónimo de ir deprisa, sino más bien lo contrario. Pero que la velocidad da igual, que ahora solo cruzas los dedos para que el aire de tormenta no sacuda la memoria y remueva los accidentes del pasado.
Porque sí, nuestras vidas son colisiones constantes de gente que quiere quedarse y se va y de gente que se quiere ir y se queda.
Y así nos va.

Quería contaros que el número 20 es mágico. Que no tenéis ni idea de las risas que guarda.
Y que estoy empezando a perder el miedo al ocho y al siete cuando se suceden en este orden.

Te podría decir que es posible da a entender menos ganas y que puede es más probable.
Y puede.
 
Te podría decir que tal vez es como un no.
Pero que quizá suena a ojalá sí.

Y quizás.

cógeme en brazos y vuelve a besarme cuando corra hacia ti con alegría.

Perdóname por no escribir(te) con tanta frecuencia,
pero es que ya no te quiero
recordar.

Y no es por ti,
amor,
es por mí.

Es que el tiempo que tú necesitabas,
yo lo necesito multiplicado por dos.

Ojalá poder huir al espacio
y subir al asteroide que da la vuelta a Venus
y desde allí,
espiarte.

Entrar por las rendijas de tu persiana
como la luz de la luna
y acunarte en un beso de buenas noches
de esos que nunca te daba.

Yo, que llevo todos los duerme conmigo colgados del brazo
por si la valentía hace acto de presencia y te lo pide por mi boca...
Y Kutxi que tiene razón cuando dice eso de y si eres aire te irás.

-tú siempre te vas-.

Ahora que por fin nos hemos ido los dos, me parece de justicia responderte la verdad:
Tú y yo nos conocimos porque estábamos hechos para fallecernos.
Que no follarnos (eso vino después).
Lo normal era que algún día decidiéramos pudrirnos juntos y nos obsesionáramos con los nuevos brotes que iban saliendo, que quisiéramos aniquilarlos para que no perturbaran nuestra pequeña necrópolis llena de vida inerte.
Alguna vez pensamos en dejarnos y florecer por separado, pero por suerte siempre nos gustó más la descomposición conjunta.
-Yo te quitaba la camiseta y tú me bajabas las bragas-.
Y sigo sin saber cómo explicarte que si me gustaban los viernes era porque me gustabas tú. Que tú eras mi razón favorita para no dejarme morir del todo y seguir en ese abismo entre la vida y la muerte.
Ahora que no estás aquí, espero que recuerdes nuestros gusanos y nuestros capullos. Nuestros restos de metamorfosis antes de volar libres al sol y al viento repartiendo el amor que teníamos dentro. Y espero que entiendas, también, que uno no se puede quedar donde ya no está. No sé si me explico.
Por favor, no prometas exprimir más sonrisas a nadie hasta que no me hayas devuelto las mías.

Y ahora yo no sé cómo explicaros que Julio es más frío que Enero. Que estoy sudando pero me congelo. Y que para morir de frío, prefiero irme a la Antártida. Que al menos ese frío, es real.

y notas que el corazón vuelve a latir, tranquilo, pero late.

A veces necesitas irte lejos para sentirte cerca.
A veces necesitas un pequeño empujón -ese algo que lo impulse todo- y abrir puertas nuevas sin miedo, aunque cerrarlas cueste más.
A veces estás en el momento adecuado en el lugar oportuno y entonces aparece, la magia.

Puede que el mar ayude a cicatrizar las heridas, pero también puede que en una noche de borrachera la torpeza no te haga perder el equilibrio, sino pisar fuerte para dejar huellas de esas tan indelebles que no se van ni con toda el agua del mar
-y cruza los dedos para que no lo hagan-
 
Que solo necesitas unos tacones verdes y la vida te puede dar un giro(na).
Que puede que no creas en el azar y su maldita suerte, pero créeme a mí cuando te digo que la casualidad me puso la zancadilla. Y que lo mejor que me podía pasar era bailar sobre tus pies.
Que esa noche entendí lo del café escondido debajo de unos párpados y por qué siempre me había gustado besar a hombres con barba
-porque siempre preferí que me rasgaran los labios a que me partieran el corazón-

Podría hablar de los celos de los barcos que ya no nos verán naufragar en su puerto. De la nostalgia de las vallas blancas y las paredes sobre las que no nos apoyaremos más.
Podría hablar sobre la envidia que despertaba mi vestido carcelero ante esos ojos que me veían tan libre cogida de tu mano.
Podría hablar de lo bonito de pasear en tus brazos y ver amanecer en tus pupilas.
Podría decir que subí a tu nuca y que ese es el precipicio más alto al que me he asomado nunca; pero que aún así le dije al vértigo que le dieran por culo, que yo me quedaba ahí, a vivir.
Podría hablar de la verdad, pero tengo el don o la maldición de hacerlo todo tristemente bonito.

Puede que a veces sea siempre ahora y ahora ya esté un paso por delante.
Que ya he aprendido eso de besar a alguien porque apetece y no por necesidad.
Que hay amores que huelen a verano y hay veranos que huelen a amor.
Yo todavía no sé a qué huele este verano, mucho menos el amor.
Pero puede que huela algo.
Puede que sea el verano de mi vida.

El teu cor és lliure, tingues el valor de fer-li cas.