yo soy una variable enloquecida de tu vida.

Juntar los puntos hasta convertirlos en suspensivos dejó de ser una opción hace más de un año cuando aprendiste que la sutura implicaba la unión.
¿Para qué unir lo que funciona mejor por separado?
Que es mejor dejar la herida abierta para que aniden otros cuervos y confiar en que esta vez no te saquen los ojos.

Tardas en entenderlo, pero te acabas dando cuenta de que lo más bonito del final son todos los principios que te brinda.
Lo más bonito del final es la libertad de escoger cómo empezar.

Y decides que empiezas por abrir el cajón,
ese lleno de humedad
-de todos los recuerdos bonitos-
y atestado de monstruos
-de los que nadie mató por ti-
y ponerlo al sol, en la cuerda de tender desolación.

Miras con compasión todas esas cosas que quisiste decir y se quedaron anudadas en la garganta y atrapadas en el papel con tu letra.

Sigues sin saber qué es el amor, pero ahora ya sabes que amor, a veces, es fijarse en la persona equivocada en el momento equivocado.

Que pisar fuerte no es sinónimo de ir deprisa, sino más bien lo contrario. Pero que la velocidad da igual, que ahora solo cruzas los dedos para que el aire de tormenta no sacuda la memoria y remueva los accidentes del pasado.
Porque sí, nuestras vidas son colisiones constantes de gente que quiere quedarse y se va y de gente que se quiere ir y se queda.
Y así nos va.

Quería contaros que el número 20 es mágico. Que no tenéis ni idea de las risas que guarda.
Y que estoy empezando a perder el miedo al ocho y al siete cuando se suceden en este orden.

Te podría decir que es posible da a entender menos ganas y que puede es más probable.
Y puede.
 
Te podría decir que tal vez es como un no.
Pero que quizá suena a ojalá sí.

Y quizás.

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