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aproximación a la luna

Pongamos que hablo de ti, y que la segunda persona del singular soy yo. Pongamos que tú lloras y yo grito y que las dos somos el prefacio del caos.
Llevo más de siete meses sin dormir, y no es broma, es que por fin me está saliendo el ala izquierda y tiene algo de sentido aquella canción que repite sin parar eso de volar.
Cerré los ojos con fuerza y deseé que volviera. Apareció de repente, como a mí me gusta que aparezcan las cosas importantes, y dijo que no me quejara, que es un proceso más doloroso y lento que el de los dientes.
Sí, aunque parezca imposible, aquí está Eme desafiando la ley de la probabilidad.  Ahora la tengo en el tarro enfadada,  pero en el tarro.
Ayer,
después de que el amor saltara por el hueco del ascensor
y trajera los vientos de diciembre,
me puse a dibujar constelaciones de triángulos equiláteros en la pared de la habitación.

¿Qué queda cuando te vas sin haber venido?

Déjame explicarme: Te creo pero no me creo.
Y esto se acaba convirtiendo en un bucle infinit…

through the pouring rain.

Soy esa luna que andaba sola
y pum, de repente, el sol.

Me prometí hace más de medio infinito no escribir sobre ti porque algo así no se puede contar, porque escribir no es más que otra forma de querer controlarlo todo.
Perdí el caparazón en el segundo pliegue de tu nuca
y ahora tengo el corazón como una babosa,
 sin casa.

Como una gata sin tejado
o un tejado sin nadie que espere.

Ahora lo sé porque me besas
y las nubes huelen a metal ensangrentado. Pero todavía no has entendido que cuando digo eso de me quiero evaporar
solo es para que me abraces más fuerte
y digas que mi casa está donde estás tú.

Dicen que el miedo une a la gente,
pero lo que no saben es que lo que realmente une a la gente sonlos deseos. 
Y el miedo o los deseos,  llámalo como quieras,  solo están en tu cabeza.
Que a veces un problema es una gota,  y cada problema es una gota más,  y así, sin darte cuenta, un día cualquiera tienes un montón de gotas en el vaso,
a punto de desbordarse e inundar tu camino, impidiéndote…

catarsis

El otoño ya está aquí y no lo digo yo.
Que yo solo sé decir que te quiero desde que me instruyo en el dejar de contar.

No han existido otros tiempos en los que una suerte mejor me conociera
aunque sigo pareciendo la chica más triste de la ciudad.

Con los ojos cargados de nostalgia,
cuánto tiempo desde el interrogante en la mirada y los primeros errores,
cuánto tiempo desde las huidas que acababan donde se encontraba alguien que ya no sé quién es,
cuánto tiempo desde la primera eternidad antes de rendirme,
cuánto tiempo desde la última vez que de vuelta en el autobús memoricé el paisaje que no volvería a ver.
cuánto tiempo desde no me mientas, no me digas nunca te olvidaré.

Los fuegos artificiales desgarraban la ciudad festiva
y nuestros corazones empañaban los cristales de un italiano al lado del mar.
Así empezó la catarsis: Lléname de tus historias, que se detengan las horas.
Y lo consiguió.  Y se quedó a mi lado durante los domingos más tristes de cada mes y sus noches infinitas. Y l…

el dolor nunca miente.

Hace seis años y un día que duermo con la cabeza en los pies.
Es que el mundo se puso patas arriba,
y yo no iba a ser menos.

Así que sí, sigo teniendo pies de nube
y me sigue dando vértigo el vacío que ocupa el tiempo cuando ya no es vida.

En el momento álgido,
justo cuando te tambaleas con las luces de neón
porque llevas más alcohol en los tacones que en la copa medio vacía de la mano,
suena tu canción y algo baja
desde lo más hondo de las tripas doblando los ojos hacia arriba,
deja un desierto en el estómago y te empieza a ahogar.

Son los recuerdos.

Recuerdo el primer día sin ti,
el primer otoño sin ti,
el primer año sin ti,
las llamadas y los mensajes que mandaba cada 21 a un móvil sin línea.
Y aunque ya no lo hago, no sabes cómo deseo que ojalá estuvieras aquí,
cuánto echo de menos tus cosquillas,
tu barriga y tu bigote.

Justo después de tanto rasgar las uñas con la pared
aprendí que aunque ya no existías, podía verte.

Incluso una vez creí que esto serviría de lección para alguien…

hasta nunca.

De verdad,   que cuando escribo es mentira. 
O al revés,  ya no me acuerdo.
Hay dos niñas jugando en la calle. Se asoman a una ventana medio abierta y espían. Ríen.  Qué lejos quedan mis niñas, mis calles, mis ventanas, mis risas. Me quiero morir dice mi niña interior. Cuando eres de un lugar sin que te pertenezca, algún día te obligan a no volver. Y cuando ese día llega te lo arrebatan para siempre. Se llevan tu niñez, tus calles, tus ventanas, tus risas, tus amigos. Y se lo quedan.  Hurtan la paz universal de tu mundo sin pestañear, porque no es tuyo. Culpa tuya si decidiste hacer el amor por primera vez en sus ventanas. Culpa tuya si preferías pasar la noche viendo las estrellas arriesgando la vida. Culpa tuya si ir en bici y pedalear fuerte era tu mejor plan. Culpa tuya si te enamoraste del barro de sus paredes. Culpa tuya si te ahogas sin su aire. Culpa tuya si querías volver. Culpa tuya. Mea culpa.  Mi niña interior, que todavía quiere volver, no entiende. No entiende que nada se…

en el disparadero.

Me preguntó cuánto.
Que cuánto valían las zapatillas para huir deprisa y los corazones de segunda mano.
No contesté. Yo tampoco lo sabía, Quique nunca lo dijo.
Pero ojalá.
Ojalá.

Ojalá no necesite abrir más la herida para encontrar las palabras que he perdido.
Hoy he leído a Mónica, y gracias. Por fin. Alguien que no soy yo dice lo que quiero escuchar.
Que no pasa nada y es lo mejor que podría pasar.
Que me he quedado sin palabras. Y qué bien.
Que lo deje estar. Que lo aproveche.

Que la realidad nunca será el deseo, pero será verdad.

Y yo me aferro a la verdad por encima de todas vuestras mentiras putrefactas. Por encima de todos vuestros gusanos burocráticos que no saben nada, ni soñar. Y que me perdone Valle por no citarle, pero que estoy hasta los mismísimos de todo y me siento una exiliada en mi propia tierra, como Cernuda.

Que alguien le pregunte a Quique si lo de veraneante accidental lo escribió por mí.

He vuelto tantas veces a la playa... Y nunca me he curado tanto como ese ve…

my heart is full and my door's always open.

A veces el miedo te anuda la garganta
y te quita el oxígeno. A veces el agua salada del mar te moja pero no te puedes curar.
A veces hoy y no te vayas nunca.
A veces mañana pero vuelve ya.
Qué poco se habla del amor que supera todas las estaciones,  incluso las del aeropuerto.
Aquí te espero,                           hoy,                                   mañana                                                 y siempre.

Con eme de Mariposa

Se hacía llamar Eme. No quería que el hálito putrefacto que salía de las bocazas de esos borrachos ensuciara su nombre. Era la desconocida que salía cuando se ponía el sol, la que todo el mundo conocía por sus trabajos entre azulejos manchados y retretes asquerosos. Sí, trabajaba de luna a luna, se llenaba la boca de vida inerte por diez euros y así conseguía mantener un día más la suya. Los borrachos del bar hacían cola en la puerta del lavabo no para, sino por ella. Eran muchos los que en momentos de lucidez discursiva daban con grandes greguerías sin mucho acierto y golpeaban la barra con las jarras riendo como idiotas. Entre ellos un gordo seboso con cara de simio al que habían apodado Hercules, que no Hércules, como premio al derrotar siempre a todos sus oponentes en el concurso de beber más litros de cerveza en cincos minutos que se celebraba en el bar cada martes. Eme siempre aparecía pasadas las once, cuando el frío empezaba a apretar y después de haber probado suerte en las calle…

esto acaba de empezar.

Mi niña interior se ha puesto a llorar. Dice que no puede más. Que le duele mucho, mucho, mucho la piel. Que la primavera le está agrietando el caparazón y hace que le salgan brotes de amapolas en las heridas.

Se ha sentado en medio de la plaza gris. Es que desde que llueve todo está gris (el cielo está gris, el edificio está gris, el asfalto está gris...).
Pero no es lo mismo estar que ser.
(El cielo es azul cuando brilla el sol, 
el edificio es amarillo opaco cuando el cielo es azul y brilla el sol, 
el asfalto es negro cuando el edifico es amarillo opaco y el cielo es azul y brilla el sol...)

Se ha sentado en medio de la plaza de adoquines grises y ha cruzado los brazos. Así, sin paraguas. Se está poniendo perdida de barro. Y esta vez no va a ceder. Es su postura límite. De cuando una situación se vuelve insostenible.
Dice, también, que está cansada, que está hastiada de mí. Que estoy demasiado triste para ser tan feliz. Y que es un ultraje.

La miro desde la ventana de mis ojos y la …

ya sé a quién escribo y por quién vivo.

Jódete Febrero,
me ha encontrado
y esta vez no me dejaré perder.

Esta vez te sonrío más fuerte que nunca y quiero más bonito que de costumbre.
Joróbate Naufragio
se queda en esta isla ya no tan des(p)ierta
porque el invierno se pasea mejor soñando de la mano.
No quiero barcos que se vayan a otros cuerpos
ni marineros infieles, ni piratas al abordaje,
ni chispas de voz en el redoble del tiempo.

Que ya he tenido suficiente, le dije el primer día
y desde entonces, ha anulado mis cuerdas invisibles
pero ha empezado a tirar conmigo.

Tú, sobretodo, sigue tu camino
y tira fuerte también,
en dirección contraria a la nuestra, por supuesto:

que si todos tirásemos en la misma dirección, el mundo volcaría
¿y qué hacemos después con el mundo boca abajo? que bueno, que ya, que tú estás acostumbrado a tener los huevos por corbata condenado a mirarme desde fuera y quererme cada vez más dentro.
Que tengo -porque me regaló- una estrella parisina que resplandece y brilla frente a cualquier inquina

así que …

y es que el amor concede a los demás el poder para destruirte.

Se busca primavera deshojada para otoño desolado
Así empezaba el poema que escribí ayer.  No tenía final. 
Quizás porque estamos en medio de un invierno recalentado
No lo sé,  pero de un tiempo a esta parte  ya no florecen las palabras en esta tierra,  solo crío malvas y alimento corazones rojos y gordos.
Sigo implicándome demasiado en las letras que escribo:
Ojalá (no) volviera Eme.
Ella (sí) sabía doler bien.  Yo soy como una inútil que solo sabe sonreír.
Hijos de puta, nadie vino a su funeral. 
Y yo allí,  con esa sonrisa permanente y estúpida.
No había nadie que me dijera  ¿puedes parar de ser feliz, al menos un momento?
Qué poca decencia,  tengo la mirada límpida, como el asesino que se cree inocente y es incapaz de ver los destrozos.
Pero estoy cumpliendo mi promesa: Prometo no huir nunca más de la felicidad  aunque no me venga a buscar y llame a la puerta la desazón.
Prometo huir por siempre jamás de las palabras huecas que quieran avasallarme  y, sobretodo, de aquellos que las predica…

entonces.

Voy a darte la importancia que te mereces,
ninguna.
Así que perdóname si te deseo un feliz 2014
sin mí.
Perdóname si los reyes este año no te traen ni una bolsa de carbón,
es que ya eres mayor y no tienes edad para que los reyes te castiguen y te den lecciones morales
que si todavía no has aprendido a querer(me),  no lo harás nunca.
Perdóname por irme y no querer volver,
pero sabes que a nadie le gusta estar donde no le quieren.
Y tú, no hace falta que mientas, no me quieres.

Pero tranquilo, sé que no es mi culpa  eres tú, que no sabes querer a nadie.
Aún tienes cuatro parábolas que mantener brillando,
la quinta -aunque primera- se te apagó hace demasiado tiempo como para recordarla.
Quizás algún día deberías preocuparte de recordar más y brillar menos.

Lo siento, de verdad,
pero demasiada sangre en tu boca y demasiadas palabras en mis venas.

Me dueles, porque yo sí sé querer
y porque, a pesar de todo,
yo sí te quiero.


Pero ya se me pasará.