y es que el amor concede a los demás el poder para destruirte.

Se busca primavera deshojada para otoño desolado

Así empezaba el poema que escribí ayer. 
No tenía final. 

Quizás porque estamos en medio de un invierno recalentado

No lo sé, 
pero de un tiempo a esta parte 
ya no florecen las palabras en esta tierra, 
solo crío malvas
y alimento corazones rojos y gordos.

Sigo implicándome demasiado en las letras que escribo:

Ojalá (no) volviera Eme.

Ella (sí) sabía doler bien. 
Yo soy como una inútil que solo sabe sonreír.

Hijos de puta, nadie vino a su funeral. 

Y yo allí, 
con esa sonrisa permanente y estúpida.

No había nadie que me dijera 
¿puedes parar de ser feliz, al menos un momento?

Qué poca decencia, 
tengo la mirada límpida, como el asesino que se cree inocente
y es incapaz de ver los destrozos.

Pero estoy cumpliendo mi promesa:
Prometo no huir nunca más de la felicidad 
aunque no me venga a buscar y llame a la puerta la desazón.

Prometo huir por siempre jamás de las palabras huecas que quieran avasallarme 
y, sobretodo, de aquellos que las predican.

Comentarios

  1. No pierdas la fuerza de la sonrisa, sigue huyendo de las palabras huecas que no hacen ningún bien.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario