Hemos estado hablando un rato. Está bien, ya casi ni me recordaba. Desde que me marché solo esperaba el derribo porque Robe dice que es lo único que puedes esperar cuando el recuerdo se te cae entre las cejas. Aún y así Eme defiende que la vida no necesita eje de control, que a veces todo es mejor entre ruinas cuando sale torcido. En eso coincidimos, tenemos experiencia las dos.
Nadie la ve sonreír y sus ojos contienen las tormentas que nunca arrasaron. Ha envejecido sin poner los pies en el suelo y por eso vuela tan bonito. Todavía baila la canción de que el viento se parara y tararea con disimulo el paso de las horas.
- ¿Hasta cuándo?, ¿Hasta dónde?
- Prometo volver.