una de las mejores sensaciones en la vida es abrazar a alguien después de haberlo extrañado tanto.

El frío acuchillaba su cara,
era una mañana negra
una lluvia en los semáforos rojos
y una chica triste sin rostro.

Como una gata sin tejado
como un vagabundo sin mundo
como un latido sin corazón.

Con la boca llena de vida
el pelo al viento
y el vestido por la cintura
echaba a correr por los campos de amapolas.

Después creció,
subía al escenario con el moño apretado
y te hacía creer
en la magia y en ella
que vienen a ser lo mismo

porque no hay nada más mágico que el puto milagro que supone que exista 
-robándole el verso a Escandar-

y verla levantar los brazos,
pestañear con las legañas enganchadas a los párpados
y cambiarnos la muerte.

A ti,
a mí,
a ella,
y a todas.

Gracias Eme,
y ojalá pudieras quedarte, 
pero la vida tiene sus fases

Si la ves, abrázala por mí y por todo el tiempo que la extrañaré 
y fíjate en sus pies, 
puede que estén diciendo
apriétame más.

Adiós dos mil trece,
yo me quedo 
con un hombro en el que clavar los dientes cuando el mundo se viene abajo,
con un amor que me besa las rodillas para ahuyentar las dudas
y que pone mis canciones -aunque no le gusten- para oírme cantar y sobretodo
para verme feliz.

tenía los labios rotos, igual que sus medias.

A veces huiría
aunque todavía no sé de qué, ni de quién, ni de dónde.

Pero soy tan cobarde
que todavía el cuchillo, conmigo, aquí.

Estoy tendida en el suelo
he caído del piso veintitrés.
Que alguien le diga a Santi que no es buena idea andar por los cables.

Ni saltar desde ahí para volar.

Que no soy una de las golondrinas de Bécquer, joder.
Yo no tengo alas por mucho que me acaricies la espalda con manos de invierno.

A ver ahora quién limpia este desastre
y este ruido de pasos que llegan a ninguna parte.

Y este hueles a verano
y estas ganas de no querer llover.

Ir a destiempo es lo que tiene
y eso que siempre fuimos atemporales.

Lo peor no es que me robaras un beso, es que me rasgaras la sonrisa con mi cuchillo
y pretendieras quedarte conmigo
aquí.

Con suerte el hielo empezará a cubrirme y el proceso de putrefacción se ralentizará,
quizás esté más guapa rodeada del rojo que sale de mi cabeza y tiñe el asfalto.
No vengas a lamentarte por las cosas que no pudiste hacer cuando todavía tenía el corazón frágil pero quería fuerte.
Si el destino lo desea, nos volverá a juntar algún veinticuatro inesperado. Ojalá una mañana sin sol y una noche sin luna.

Y ahora

vete tú, 
que yo no puedo.

que lo único que vea al despertar sea su sonrisa.

Estoy harta de la gente que se compadece diciendo que tiene una vida de mierda.
Callaos. 

Yo os diré qué es una vida de mierda.
Siempre pienso que hay muchas vidas tristes para tan poca mierda.
A ver si me explico, que yo, si tuviera una vida de mierda sería la mejor triste.

Yo llegaría a casa después de haber vendido mi cuerpo por unos míseros euros, con una barra de pan bajo el brazo y nada bajo el vestido.
Abriría la puerta que nunca cierra del todo e intentaría cerrar las ventanas que siempre están abiertas y por las cuales ya no entran las moscas porque ni siquiera tengo sobras.
Me sentaría en el mármol roto de la cocina y observaría los fogones llenos de telarañas,
porque hace meses que no tengo gas, 
y vertiría mis lágrimas en un cazo para intentar tener un poco de lo que beber.
Después vería cómo la oscuridad que se había adueñado de mi alrededor, dejándome en total penumbra, me volvía ojos de gata. Y es entonces cuando las diminutas asquerosidades con las que me habría visto obligada a convivir, empezarían a salir de sus escondites y a hacerse visibles ante mis ojos.
Aunque yo sepa que el nido de las cucarachas está en la nevera vacía, nunca la quitaría por miedo a quedarme sola de verdad.
En las horas altas de la noche, cuando el frío aprieta, las farolas titilan por penúltima vez y el sol casi sale, me acurrucaría en el rincón de la pared donde antes estaba la televisión, porque es la única que no da a la calle.
Me escondería en el jersey de lana que me regaló mi abuela hace tantos años, me abrazaría las piernas y cerraría los ojos.
Y esperaría impaciente a mi querido escritor, que viniera a darme los buenos días. A salvarme la vidaAl menos en sus novelas. 
Me regalaría un par de amapolas que habría arrancado del campo que hay de camino a mi casa.
Le dejaría que me cogiera de la cintura, para medir los centímetros que deben hacer los brazos del héroe que estaría creando para mí.
Le contaría mi último encontronazo con los polis y lo fácil que había sido librarme de ellos con un par de mamadas.
Le daría las gracias por traerme galletas y le invitaría a tumbarse a mi lado para juntar los pies y calentarlos.
No sería una relación de amistad, ni de amor, ni siquiera de sexo. Solo seríamos dos locos intentando sobrevivir. Dos solos multiplicando soledades y dividiendo ausencias.
Él también estaría roto, por supuesto. Para escribir hay que estarlo.
Luego me recitaría un par de versos malos al oído
de esos que escribe mientras yo duermo
y me besaría la frente
para que luego digan que los seres humanos no necesitamos la compañía y el cariño de otros.

Y al caer la noche, otra vez me acompañaría a la esquina de siempre mientras yo guiño el ojo a cualquier tío que se atreva a mirarme el culo sin disimular.
Me despediría diciéndole que Noviembre huele a amapolas rojas y callándome que ojalá volviera mañana.

Y él me sonreiría como quien sabe que acabo veinte otoños en cuatro días
y no quiero.

me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace.

Era un ángel vestida de blanco y tenía pendientes en este mundo todavía.
Ya hacía catorce siglos de la primera vez que metiste las orejas en el centro de su andar y seguía sin controlar el tembleque en las piernas cuando veía aparecer esa sonrisa tan tuya.
Por no hablar de todas esas veces que salía a salvar el mundo solo para conseguir sacar las telarañas de tu corazón.

No sabría cómo explicaros que los amores de verano son eso,
de verano.
Que luego llega el otoño y joder,
qué guarrada sin ti.

Después decidió quedarse a vivir en el verano eterno de otro sol porque era la única estación en la que no estabas.

Pero entonces, en medio de ese verano,
nevó; 

Se hizo la cobarde como solo pueden hacerse los valientes,
y en lugar de escapar, se sentó a esperar.

Nunca un frío había azotado tan fuerte en la nuca de Agosto. Y ella lo sabía porque era Noviembre.

Siempre fuiste la causa, la explicación y la resolución del problema.

Eras todo
y más.

Noviembre había vuelto con su nostalgia pero esta vez era el mes del amor.

El otoño desprende magia y podría explicaros cómo un mes tan triste puede ser el favorito de alguien, pero no lo entenderíais si no sois capaces de ver el desencanto encantador de las hojas muertas que decoran las calles de la ciudad olímpica.

y ella dejó de hablar en tercera persona.

He recuperado mi corazón
-y suerte, que se me habían acabado los de repuesto-

Ya sé que duele volver y encontrarte con nada
pero imagínate lo que es no volver nunca,
¿peor, no?
Mejor para el dolor será 
no buscar para no encontrar
y no imaginar para no ir sin volver.

Ahora se escapa otra vez el verano.
Y he perdido la cuenta de cuántos cuentos cuento
de cuántas historias finales hemos tenido
y con cuál prefiero quedarme.

Lo único que tengo claro es que
el reencuentro fue en una noche azul.
Y aunque Santi no se equivocó, lo que no sabía
es que tus mareas siempre volverían a mi luna histérica
y que las lo-curas siempre acabarían colgando de nuestras manos.

Ahora, si soy más cuerda que agua, si las manos ya no son nuestras,

¿cómo curarnos?

suaves caricias que erizaban la piel.

Andrés nos jodió cuando dijo que podía hacer el verano algo más largo.
No soporto las cosas eternas. Ni siquiera las que duran más que un rato,
demasiado.

Luego apareces tú y me dices que te quedas si nunca acaba el verano.
Pero el verano acabó hace más de un mes y tus maletas siguen vacías encima de mi armario.
A veces me miras y sonríes como si supieras que odio que estés pero quiero que sigas estando. Verás, es que me mata el mismo sol que a ti te alumbra y los días grises necesito que me abraces más fuerte.
Por eso mi regalo de despedida será una maleta gigante
conmigo dentro. 

No es que quiera irme contigo, es que quiero que me lleves a ver el mundo cogida de tu mano
-porque esta ciudad hace tiempo que se nos quedó pequeña para un amor tan grande-
y estar presente en todos los lugares que te hagan feliz para que algún día te des cuenta de que un lugar no puede hacerte feliz.
Una persona sí. 
Y, al final, acabes entendiendo que 
mi casa está donde estás tú.

Ahora parece que el otoño por fin ha llegado, con mis ganas de esconderme debajo del jersey de lana y compartir manta en el sofá, con su cielo encapotado aguando los cristales mientras me abrazas más fuerte que nunca, con su frío, su gris, su deshojar árboles de media sonrisa caduca con mis labios secos.

Justo ahora que tú 
has decidido 

quedarte

de forma
perenne.

Y a la mierda con las estaciones.

sigo en el puto proyecto de hacerme feliz.

Desde que no tengo vida social, porque me sacaron siete centímetros de las entrañas, que hablo mucho conmigo.

Me pregunto a menudo cómo estoy, a lo que suelo responder con un viva.
Me pregunto en qué pienso, y casi siempre la respuesta es en mí.
Me pregunto qué siento y nada porque la sístole no contrae suficientemente fuerte las arterias.
Igual un día de estos aparezco muerta por un infarto de miocardio y tengo que cambiar la respuesta a la primera pregunta.

Demasiadas preguntas para tan poca vida.

Verás, me digo, ahora sí que ya no puedes permitirte perder más tripas.
Es que yo antes de que me las extrajeran ya me las había dejado en tres asaltos. Y, bueno, esto quizás ha sido un aviso.

Supongo que el vacío del punto abierto frente a los tres de sutura no es más que una forma gráfica de resumir mi historia.
Nada y puntos suspensivos
Que esta herida que parece que nunca vaya a cicatrizar es como una exteriorización de mi corazón, 
pero sin el como. 

Entiende pues que no pueda enamorarme de ti. Pero sí te voy a querer como nunca he querido a nadie.
 Porque nunca he querido a nadie con el corazón por fuera, 
a flor de piel

Tampoco había besado a alguien que besara con los ojos abiertos como yo.
Y creo que eso es todo lo que me faltaba a mí para cerrarlos. 
Porque nunca había sentido la necesidad de hacerlo hasta que me encontré contigo.

Creo que, por primera vez, puedo bajar la guardia sin sentirme amenazada.

Verás, me digo, si vas a dejarte querer que sea por mí.
Es que yo ahora prefiero que me quieran.
A secas, 
como si fuera un desierto. 
y hasta el borde, 
como si fuera un precipicio. 

Y quizás no lo entendáis porque siempre he querido por encima de todas las cosas,
pero creedme que por debajo es más divertido.

A las piernas siempre les ha gustado hacer intercambio de pareja a los pies de la cama. Y a los pies anudarse con otros pies. Y, bueno, qué voy a contaros yo aquí de juegos divertidos que no sepáis.
Si, jugar, sabemos todos. 
Lo que no sabemos es querer.

Esta niña nunca va a llegar a nada, dijo mi yo del futuro cuando tenía cinco años.
Me encogí de hombros y empecé a engalanarme los tirabuzones.
Yo no quería llegar a nada, yo me pintaba mariposas en la cara y ya era feliz,
porque siempre tuve un aire de mariposa
y quería una vida como la suya:
llena de colores.

Ahora, me temo, que tenía razón.
Todo es demasiado gris y yo sigo en el puto proyecto de hacerme mariposa feliz.
Por eso he regresado a mi niñez.
Para robarme la ilusión que tenía a los cinco años y ponerla ahora en medio de esta metamorfosis.
He conseguido que una parte de mi niña vuelva conmigo al presente. 
Dice que lo hace para que no la eche en falta. No entiende que yo, simplemente, no la echaría de ningún modo.

a despertar sin espacio, pero entre besos.

Hace mucho que no escribo, podéis imaginaros la majadera que parece mi cabeza. 
Está todo patas arriba, desordenado, y apilado encima de la cama. 
Las ideas bailan con las dudas y aquí todos parecemos casi felices.
Casi feliz como cuando no tienes dónde dormir y no puedes soñar más.

Levitaban los pétalos de la rosa sin espinas por el salón. Estaban dispuestos sobre el aire, de forma casi natural. Como si desafiar la ley de la gravedad fuera algo natural. 

Como si algo así pudiese conseguirse sin tu presencia.
Es que tú siempre has sido de lograr imposibles y de hacerme volar por las paredes naranjas antes de lanzarme al precipicio del sofá rojo.
Después los cristales rotos de la copa venían a clavarse, a incrustarse en mis retinas. Rompían mis ventanas al mundo, perdía objetividad y se ponía a llover encima de tu pecho, aunque tú nunca te dabas cuenta, y me mojaba toda.

¿Por qué no me iba a cobijar? 

Porque las mejores tormentas te relampaguean el alma y te electrocutan el corazón. Por eso los abrazos cobraban intensidad. 
Quería pasarte la corriente y resucitar ese pequeño órgano medio muerto que habitaba debajo de tu coraza los miércoles. Pero.

Regresé. Reincidí. Y cuántas erres, yo que siempre he sido más de amar.

Vendí mi sonrisa de diablo a cambio de un reencuentro fortuito.
Pero verás, es que cuando la palabra nostalgia tiene de por medio una estación de tren y unas piernas con ganas de abrazar sabes que, como mínimo, la incomprensión de las lágrimas del otro deja de tener sentido.

Ya no me llaman Octubre aunque sigo hablando de ti. 

Ahora es octubre el que me llama a mí y quiere recordarme que las tardes de otoño son para quererse cerca y fuerte. 
No sé. 
Que alguien le explique a este desastre que yo solo soy feliz si me dejáis ser triste. 
Y que para ser triste, tienes que encantarme el corazón y soltarlo desde lo más alto de la Torre Eiffel,
tirarlo sin paracaídas, 
que el primer contacto seco contra el suelo sea la vida inevitable e ineludible de mi muerte.

Resumiendo, que las relaciones siempre las maneja quien más siente

Por eso el mundo es de los amadospero lo mueven los que aman.

Que deberían multiplicarse los segundos porque es mejor ser agente que paciente de la acción. O, al menos, eso creía yo.

Que ahora llevo mucho tiempo sin escribir y sin querer.
Que he dejado de mover mundos y transformar espacios para convertirme en la dueña de alguno y recibir besos en los pies.
Que por las mañanas, si no me despiertas bajándome las bragas, mejor no me digas nada.
Y joder, qué mal.

Pero ojalá nunca pierda tu movimiento,

jamás un mundo había sido tan bonito como el mío

cuando lo hacemos nuestro.

lo mejor de recordar es que puedes regresar cuando lo deseas, nadie te puede robar o impedir eso...

La verdad es que no lo sé con seguridad pero

hoy
o quizás mañana,
aunque a lo mejor fue hace dos días,
es,
será 
o ha sido

el cumpleaños de una persona importante para mí.

Lo que sí sé es que hace veintitrés octubres el mundo dejó de ser tan oscuro.


Aunque ya no esté, éramos.

Tú y yo fuimos bonitos juntos

-no creas que se me ha olvidado-

pero es que ahora somos preciosos por separado.


Fuiste el mejor amigo que habría podido tener. Y ya está.

Nos salvamos. Y punto.

Fuimos bisagras en marcos de puerta que no nos correspondían. Nada más.

Solo voy a aconsejarte
-porque creo que estoy en el derecho de hacerlo-
aunque no,
mejor,
te lo voy a pedir:

 no vuelvas a prometer nunca nada a nadie

-que ése es el primer paso hacia la decepción
y ya sabes que las decepciones son heridas que nunca cicatrizan-

Pero qué voy a contarte yo a ti de heridas sin cicatrizar y corazones rotos, ¿verdad?

Solo espero que lo cuides bien.
Tu corazón,
digo.

Gracias por mostrarme Otra realidad y enseñarme eso de que querer más, no es querer mejor.

Y aunque el carné de identidad ya no mienta, estoy segura de que los dos tenemos motivos para decirle al sol que seguimos estando vivos.

Recuerda que después de arder el fuego ya es solo humo, por eso necesitamos respirar lejos. 

Y que ahora no te asustes del destino, ya le he dicho que no juegue contigo. Así que cree a Robe cuando dice que siempre hay un hilo mágico que alumbra nuestro camino.

Te lo digo yo, porque lo sé, porque lo he podido comprobar, porque  eres uno de esos hilos.


Te deseo mucha felicidad mongui.
Disfrútalos.

no estoy loca, de hecho, creo que es la primera cosa lógica que digo desde hace varios meses.

El veinticuatro ha amanecido pensando que Eme le estaba acariciando el pecho. Pero después ha empezado a clavarle las uñas y atravesarle la piel.
Cuando ha llegado a las costillas, esas manos que antes tocaban el piano esperando una melodía parecida a la felicidad salir de su boca, las han cogido con fuerza y las han desencajado. De la gola ha salido un grito desgarrador. El esternón ha dejado a la intemperie ese vacío que llevaba ocultando dos años.

Me han abierto en canal.
Y no he muerto.

Tú sigues sin entender que cuando hablo en tercera persona sigo siendo yo solo que un poco más cobarde.

Hacía tiempo que no sangraba esta herida.
Hacía tiempo que el nudo en la garganta no llevaba tu nombre.

Supongo que el tiempo suficiente para haber olvidado cómo dolías.
Supongo que el tiempo suficiente para haber olvidado cómo me rompías.

El gotelé de la habitación empezaba a caerse a cachos. Igual que en ese septiembre que no era septiembre sin ti.
Pero esta vez tampoco es septiembre; aunque sea contigo.

Hace unos cuantos fríos alguien me preguntó por ti, y solo pude responder que eres un cúmulo de finales sin fin.

Creo que nunca he acertado tanto al contestar una pregunta.
De la misma forma que creo que nunca he sabido irme del todo. Porque ya ves, sigo aquí. Aunque este aquí no sepa bien dónde está.

Es que, joder, te fuiste y te llevaste todos los puntos cardinales. En todo este tiempo no me he encontrado ni en el punto de desequilibrio, así que imagínate.
Aunque he aprendido a sobrevivir dándome por perdida.

Quería que lo supieras. Que ya sé vivir sin ti. Pero preferiría hacerlo contigo.

Que las mariposas solo tienen otoño si vuelves.

Y que el otoño ha vuelto, pero las mariposas se van.

Y que lo peor de irse, es que te dejen marchar.
 
Lo peor de irse, es hacerlo queriéndote quedar.

nada en el mundo me gusta más que abrazarte.

Dos años de felicidad intercalada y desconfiadas miradas.
-o algo así he querido entender de Antonio-
 
Estaba de acuerdo en casi todo,
en lo de interrumpir historias de amor,
en lo de reventar a cualquiera que se pudiera poner encima de ti,
en lo de hacer nudos en el corazón...

No sé, la mañana olía a ti
y eso que nunca te había rozado desde esta canción.

Lo que tengo claro es que si quieres encontrarme
debes buscarme en el primer verso de la segunda estrofa,
ahí donde pone una rosa ha nacido entre mis manos.

No hace falta que lo entendáis,
solo mi padre puede hacerlo porque yo siempre he sido, en esa canción, su rosa.
Y ni siquiera él ha podido lidiar con mis espinas,
así que tampoco espero que vosotros lo hagáis.


Sigo empezando historias por miedo a que alguna acabe conmigo.

Sigo desordenando sábanas distintas por miedo al ruido sordo de mi cama hecha.

Es que lo de compartir colchón sin amor tampoco está tan mal.


Verás, es que ya he gastado seis vidas
y solo puedo morir una vez más.
 

Por eso, ahora, voy con pies de nube
y con el corazón encapotado.

Por eso, ahora, voy dejando
lluvias esporádicas para llenar el vaso
que sigo viendo medio vacío.


Hubo un tiempo en el que creí que el amor era dejarse 'olvidado' el jersey o el anillo o los pendientes o cualquier otra cosa, para así tener siempre una excusa y poder volver.
No ha sido hasta ahora que me he dado cuenta que, precisamente, el amor es no necesitar excusas.

El amor es algo constante que pasa por encima de todo y que, cuando se vuelve intermitente, deja de serlo.

El amor es como el coraje,
pero multiplicado por infinito.

El amor son ganas incombustibles.

Y ya.

 
Y tú, ¿eres incandescente?
 
dime, ¿derrites espinas?

no se terminan las ganas de ti.

Lo que te golpea la garganta y te hace chirriar la herida es que pudo haber sido antes
pero no ahora.
 
Los ojos amarillos me miran desde su balcón, que está en el piso 20 ya.
Joder, a pesar de que han pasado diez siglos, sigue igual.

Qué lástima ¿no?
digo,
lo de no haber sido valientes antes.
Y que ahora la palabra querer vaya seguida de un pero.

Que yo cambiaría ese orden y sería capaz de poner al pero precediendo al querer y escribir:
pero (te) quiero.
 
Para convencerte. Pero esto de ir un paso por delante de ti, siempre fue un mal augurio. Y qué vas a saber tú de mala suerte si llevas el amarillo en el iris y ni siquiera te has dado cuenta.

Enredarse en el pelo de alguien no es nada comparado con la trampa mortal que esconden tus rastas. No me extraña que cualquiera se quede atrapado en esas marañas, si no se puede escapar.
De hecho, es posible que todavía tengas mis dedos y yo esté escribiendo con los vértices que han salido al retorcer el corazón por un lado que no estaba roto
-porque nunca me había tirado-.
 
Prometo no volver a hacer el Tarzán para cruzar tu cabeza de oído a oído. Pero devuélveme los dedos, que ya he tenido suficiente al saltar creyendo que no me ibas a dejar caer.
Qué error eso de creer sin pensar.
 
-y ahí va la hostia-. 

no hay nadie en mi cama si es lo que quieres saber.

¿Cómo piensas volar con todo
el polvo en el aire
y plomo en los bolsillos?

Es que volar no es lo mismo que valor,
yo siempre he sido valiente.

¿Pues cómo piensas reunir el valor suficiente para estrellarte este Septiembre también? 

Primero dejaré que se junten nuestros labios
y luego,
que uno de los dos lo impida.

¿Quieres amanecer conmigo mañana?
 
La respuesta era 'sí'
pero nadie hizo la pregunta.

Quiero anochecer contigo hoy.

Empezó a andar por el pasillo
-desnuda-,
bajó las escaleras
-desnuda también-,
y se dirigió a la puerta de la cocina
-todavía desnuda-.

Dejó un post-it en la nevera, ponía:
 
me marcho para no volver.

Pero no me hables de volver
si nunca has sabido irte.

No excuses tus huidas con que no encuentras un quédate
si tienes escondida la luna más bonita en el lado izquierdo de tu ombligo.

Que así cualquiera pierde el sentido, las palabras y el eje gravitacional de su mundo,
porque cualquiera querría pasar todas las noches de su vida con ella.

Así que tampoco me hables de noches
si nunca has visto su cuerpo.

Porque guarda más estrellas que el cielo,
por no hablar de ésa luna que volvería loca a la marea más cuerda.


Y créeme que
 
eso
 
duele más
 
sin mí
 
que contigo.
 
 


quiero ser la única que te muerda la boca.

Cuando me prohibieron la historia,
todavía me quedaban las palabras.
Y aquí estoy.

Me paraste los pies
y me salieron alas.

Solo he venido a no olvidar la paloma blanca
que convertimos en animal de cortejo
cuando asomaba la cabeza
escondida en un recoveco del alféizar
el día que le impedimos, de esta manera, traer la paz al mundo.

Que si hay que salvar a la humanidad
con nosotros dos basta
y perdonadme por ser tan egoísta.

Que si el planeta se queja de muerte
yo me contento con una vida
la tuya.

Que si esto es guerra
ya vendrán tiempos peores
de tu mano

porque yo, mientras, desdibujo tus sueños
para que solo te queden pesadillas
y quieras dormir abrazado a mí.

No están las mareas para lunas histéricas
ni las canciones para dejar de querer.

Septiembre ha llegado de repente
y dice que si quieres hacemos el verano más corto
porque ya sabes lo que es amor:

la curiosidad partida por el corazón
el problema que puedes controlar
y la mirada de cualquier desconocido con tus ojos.

Guardo en uno de mis tirabuzones
el secreto de tus labios
cuando piensas que no puedes quererme más
pero vuelves a superarte.

Nadie apaga ya las sonrisas
y las lágrimas no vuelan.

No me formula el juicio
más que un fallo a tu favor
y yo aquí,
con la opresión en el pecho
y en el pelo flores.

Ya no recuerdo el mes de Abril
pero cada día me cuesta
menos.

son tus flores favoritas.

Eso de 'piérdete,
pero conmigo'
sucede cuando después de contar setecientas veinte veces que se asoma la luna,
te asomas tú con un invierno inesperado que llega en pleno agosto.

¿Cómo no iba a mirarte? Si diciembre eres tú.

Apartas al verano -y a sus amores-;
traes de la mano al otoño y dices que tú y yo solo sabemos llovernos
así que pido perdón a todas las personas del planeta por haberos robado el sol
pero es que no sabéis lo necesarias que son las tormentas
por lo mucho que dolía esta sequía.

Ya sabéis que el mar ayuda a cerrar heridas, pues no os podéis ni imaginar cómo cura nuestra locura:
bañados en salitre aprendimos a romper las olas de la forma más bonita
-con nuestros cuerpos desnudos-

Y el balanceo de la luna, que estaba preñada, reflejada sobre agua salada, nos miraba como quien mira a sus retoños cuando consigue unirlos después de echar al sol setecientas veinte veces.

Nos encuentra de espaldas por haber cogido caminos opuestos que nos alejaran.
Pero la tierra es redonda, igual que un círculo vicioso, igual que un pez que se muerde la cola.
Y ahí estábamos, rozándonos la piel sin vernos y sin sabernos nosotros.

Y nosotros, como demiurgos, como si el mundo pendiera de un hilo y ese hilo estuviera sujeto a nuestras manos. Como si fuésemos los elegidos, Adán y Eva. Como si fuésemos el principio universal de la vida o de la muerte
-qué más da-
era tan onírico que casi confundo mis ganas de no soñar más con las tuyas de no querer despertar.

Y así, el destino nos volvió a poner en el inicio a quinientos cincuenta quilómetros del origen.

No sé, quizás me lío con los números, ya sabes que yo soy de letras.
Pero a la tercera va la vencida, ¿no?

Qué bonito esto de reincidir.

Y que, no me entenderéis, pero tampoco hace falta:
porque algunos todavía dudan si vas a volver
y yo ya te estoy besando como si nunca te hubieses ido.

No olvides que si te acaricio la espalda
es con la esperanza de que te salgan alas
y decidas echar a volar
conmigo,

porque el amor siempre será lo que tú quieras que sea.

-para mí, es dejarse olvidado el jersey, los pendientes
o el corazón
en un coche, en una cama
o en la casa cerca del mar con buganvilias-

tiembla tu cuchara, eso nunca queda bien.

La última vez que me suicidé me ahorqué con el nudo que había colgado de tus pestañas.

Brillaban más cerca que nunca tus pupilas,
y qué bonito ver el mundo en tus ojos,
que me invitaban a marcharme lejos,
pero como dos agujeros negros
me absorbieron.

Entonces cerraste los párpados tras de mí
y me quedé atrapada ahí,
en tu mirada vacía,
para siempre.

Ha amanecido otro veintiuno de agosto
y ya van cinco.

Ojalá nunca hubiese tenido que empezar a sumar tu ausencia.

Ojalá nunca hubiese tenido que restar una vida a la mía.

Es que ya sabes que vivir sin ganas solo es existir.
Y existir para morir...
No sé,
eso es que la muerte tiene que valer la pena.
O la alegría.

Que no me guste llevar flores
e ir a verte allí
no es que no te quiera,
y ya lo sabes,
es porque no necesito ir a ningún lado para tenerte.

Tú siempre estás aquí,
dentro del pecho.

Ahora que me levanto sola
desayuno tres cucharadas de azúcar
en dos gotas de café
de un vaso de leche.

Ahora que me acuesto sola
duermo con un abrazo que no abraza nada
porque el amor no ha vuelto a tocarme la piel.

Aquí seguimos sumando años,
y ojalá nunca hubiese tenido que aprender a sumarlos sin ti.

Yo sigo cantando a esos seres invisibles,
porque quién sabe,
quizá me necesiten de banda sonora
de la misma forma que yo necesito
quedarme encima de tus pies
y que bailes tú por los dos
-ya sabes que a mí bailar nunca se me ha dado bien-.

Y déjame decirte,
muerte,
que me da igual que valgas la pena o la alegría;
que yo quiero vivir y sentirme viva.

Que da igual lo fuerte que nos golpees
porque nunca nos quitarás las ganas de seguir queriendo con todas las fuerzas del mundo
tal y como él nos enseñó.
Porque ésa
es la única forma de querer.

Y yo nunca te perdonaré que te llevaras a la mejor persona del mundo.

Y no es casualidad que repita tanto la palabra mundo
es que el mundo cabía en sus abrazos.
Y desde que no abraza,
el mundo se ha vuelto un monstruo gigante.

No me llores que ya eres mayor.

 
Bolu i Sasha.

la gente se arregla todos los días el cabello, ¿por qué no el corazón?

Amanecí afilando mi pulgar en tu garganta.
Los pelos de tu barba desafiaban mis uñas, como si pudieran ganar la batalla,
como si no supieran que tu vida dependía de mí en ese momento
y que cuando quisiera podía acabar contigo.
Porque un pulgar puede asfixiar.

Aunque a mí, lo que me asfixia, son los plurales
y tus brazos cuando me aprietan fuerte contra ti, como para asegurarse de que sigo ahí.
Pero luego me besayunas y se mueren mis ganas de matar(te)
y de soltar(nos),
como si las pudiera cambiar por tus no-ganas de querer(me)
y de atar(nos).

No sé, quizás algún día entiendas que las personas se encuentran cuando tienen que encontrarse.
Que aunque el destino no exista, yo creo en él.
Cada uno es libre de creer en lo que quiera ¿no?
Cada ser humano tiene el derecho inalienable de autodestruirse.

Quizás la mejor forma de empezar esto habría sido diciendo que llevo todo el mes esperando que vuelvas,
y eso que todavía no te has ido.

Dices que te asustas,
pobre,
¿y quién no?
 
Yo también me asustaría si alguien me dijera et trobaré a faltar.

Porque creo que es la cosa más bonita que se le puede decir a alguien.
Sobretodo si ese alguien vive en tu cabeza.
 
Y ahora que ya he arreglado otro corazón,
empezaré a peinarme.

pero es el precio que estoy dispuesta a pagar por estar contigo.

Cada paso sigue costando dos millones de sonrisas rotas,
y ahora ya solo me quedan dos ojos alegres
que me incitan a seguir dando pasos.

Dicen que la tristeza se irá si consigo andar lo suficiente para llegar al punto de no retorno.

Cuentan que ese punto está lleno de besos
y de goteras.
Pero que el sol brilla aunque esté el cielo encapotado
y las mejillas amanecen coloradas de haber pasado toda la noche riendo.

La ciudad se bloquea ante el laberinto de mi cabeza
es él que sigue aullándome
pero yo no quiero volver.

La noche eterna ha llegado a su fin
o igual es que me he vuelto loca del todo,
que veo espejismos entre tanta opacidad acuática
y que oigo ruidos entre tanto silencio.

Pero ¿quién lo puede explicar sin romper espejos?
que no conseguirás desaparecer, solo es un reflejo y, bueno,
luego te quedas con la mala suerte durante siete años.

Nunca me haces caso, al menos escúchame:
sigo siendo una isla, pero no me muerdas,
tus ganas de nadar no son algo que pueda contagiarse.

Y a las islas,
ya sabes,
nos gusta más estar solas.

Aunque contigo haré una excepción.

Por mí, puedes naufragar en todas las playas que quieras,
tienes permiso para usar todos los recursos naturales a tu alcance en tu beneficio.
Poner un mirador en el este para ver salir el sol y saber que eres tú.
Construir una muralla en el sur que nos proteja de los vendavales y mezclar nuestros insomnios.
Instalar en el norte una alarma que suene cuando empiece a conspirar y evitar la revolución.
Montar un refugio en el oeste y quedarte a vivir ahí,
con todos mis atardeceres.

Pero por si acaso te vas,
como única condición,
llévate las bolsas de ansiedad
y cámbialo todo de lugar.

-ya sabes,
así estaré entretenida ordenando mi isla
y ubicando mi vida-

lo que no decimos se transforma en deber, en deuda, en asignatura pendiente.

No te inventes todos los finales predicaba una canción de Quique y, joder, ojalá pudiera dejar de hacerlo.
Pero entonces me arrancaba la piel a tiras para borrar la señal de tus colmillos (igual que Leiva). Como si echar a alguien de tu cabeza fuera tan fácil como mudarse la piel.
Aunque bueno, ya solo quedan los demonios y no sé contra quién voy.
Es Zahara la que nos cuenta eso de que se me hundió el dolor en el costado y se me nublaron los recodos. Y ya véis, no hay mejor forma de explicarlo.
No quiero no estar a tu lado.
Pero no sé qué hacer contigo. Igual que nunca he sabido qué hacer con alguien cuando ha empezado a importarme de verdad.
¿Sabes cuál es mejor opción que pensar en mí y no concluir? Que me quieras.
Porque no se puede tener todo. Pero me puedes tener a mí.
Que no sabes que soy un gato con complejo de mariposa. Que yo provoco desastres naturales al otro lado de la cama con solo morderme el labio y que para arañar y desafiar el vértigo en el ático de una espalda, nadie mejor que yo.
Pero, tranquilo, supongo que huiré como siempre, como los gatos huyen del suelo y como las mariposas huyen de sus cazadores. Si quieres que vuelva una vez me haya ido, quédate quieto y entonces me posaré sobre tu nariz.
Si te mueves de forma brusca me asustarás, echaré a volar y me moriré de ganas de decirte que te voy a echar de menos.

Todavía estoy a tiempo de escoger la opción menos lógica y más suicida. La de tirarme de tu precipicio. En tu abismo. Con tus dudas.
La de dejarme matar por unos besos vacíos de amor. La de dejarme morir por un sentimiento mutilado
(eso sí que es un atentado).
La de follarte por fallarme. Y la de fundirte en mi fuego como si fueses de cera. Ya sabes, como dice Robe, siempre en estado de espera.

Que ya sé que hay más peces en el mar pero, todos tenemos preferencias y, ahora tú eres mi favorito.

Aún así finjo que no sé y que no has sabido.
Y que tampoco queremos saber(nos).

pero, en cualquier caso, sabías amar.

Y es que a veces hay que explicar más para que la gente invente menos. Aunque eso me haya dejado de importar ya.
La cuestión es que hoy he venido a contaros que después de aprender a besar a alguien porque apetece y no por necesidad, viene lo de aprender a abrir las piernas pero no el corazón.
Ya sabes, todo eso que tenía que haber sabido hacer contigo pero que no pude porque te abrí el corazón antes que las piernas y porque necesitaba besarte antes de que me apeteciera. Supongo que te quería demasiado.
Pero ya he aprendido todas las lecciones y ahora sí que ya sé todo lo necesario para ser feliz.
Y lo que en realidad venía a explicaros es que pasados quince siglos, puedes volver a comer macarrones. Puedes volver a ver una película en el sofá abrazada a alguien. Puedes volver a compartir una cama de 90. Puedes volver a dormir sin bragas. Puedes volver a despertarte con una sonrisa. Puedes volver a ponerte una camiseta enorme prestada. Y quizás, solo quizás, los martes vuelvan a dejar de ser tan horribles.

- ¿Haces café o no?
- Pero si no te gusta el café...
Entiende que a mí el café me gusta solo si es sinónimo de amor.
Así que reitero:

- Hazme el café.


-considerando la posibilidad de hacer una excepción a la regla
aunque no sepa a(mar)-

yo soy una variable enloquecida de tu vida.

Juntar los puntos hasta convertirlos en suspensivos dejó de ser una opción hace más de un año cuando aprendiste que la sutura implicaba la unión.
¿Para qué unir lo que funciona mejor por separado?
Que es mejor dejar la herida abierta para que aniden otros cuervos y confiar en que esta vez no te saquen los ojos.

Tardas en entenderlo, pero te acabas dando cuenta de que lo más bonito del final son todos los principios que te brinda.
Lo más bonito del final es la libertad de escoger cómo empezar.

Y decides que empiezas por abrir el cajón,
ese lleno de humedad
-de todos los recuerdos bonitos-
y atestado de monstruos
-de los que nadie mató por ti-
y ponerlo al sol, en la cuerda de tender desolación.

Miras con compasión todas esas cosas que quisiste decir y se quedaron anudadas en la garganta y atrapadas en el papel con tu letra.

Sigues sin saber qué es el amor, pero ahora ya sabes que amor, a veces, es fijarse en la persona equivocada en el momento equivocado.

Que pisar fuerte no es sinónimo de ir deprisa, sino más bien lo contrario. Pero que la velocidad da igual, que ahora solo cruzas los dedos para que el aire de tormenta no sacuda la memoria y remueva los accidentes del pasado.
Porque sí, nuestras vidas son colisiones constantes de gente que quiere quedarse y se va y de gente que se quiere ir y se queda.
Y así nos va.

Quería contaros que el número 20 es mágico. Que no tenéis ni idea de las risas que guarda.
Y que estoy empezando a perder el miedo al ocho y al siete cuando se suceden en este orden.

Te podría decir que es posible da a entender menos ganas y que puede es más probable.
Y puede.
 
Te podría decir que tal vez es como un no.
Pero que quizá suena a ojalá sí.

Y quizás.

cógeme en brazos y vuelve a besarme cuando corra hacia ti con alegría.

Perdóname por no escribir(te) con tanta frecuencia,
pero es que ya no te quiero
recordar.

Y no es por ti,
amor,
es por mí.

Es que el tiempo que tú necesitabas,
yo lo necesito multiplicado por dos.

Ojalá poder huir al espacio
y subir al asteroide que da la vuelta a Venus
y desde allí,
espiarte.

Entrar por las rendijas de tu persiana
como la luz de la luna
y acunarte en un beso de buenas noches
de esos que nunca te daba.

Yo, que llevo todos los duerme conmigo colgados del brazo
por si la valentía hace acto de presencia y te lo pide por mi boca...
Y Kutxi que tiene razón cuando dice eso de y si eres aire te irás.

-tú siempre te vas-.

Ahora que por fin nos hemos ido los dos, me parece de justicia responderte la verdad:
Tú y yo nos conocimos porque estábamos hechos para fallecernos.
Que no follarnos (eso vino después).
Lo normal era que algún día decidiéramos pudrirnos juntos y nos obsesionáramos con los nuevos brotes que iban saliendo, que quisiéramos aniquilarlos para que no perturbaran nuestra pequeña necrópolis llena de vida inerte.
Alguna vez pensamos en dejarnos y florecer por separado, pero por suerte siempre nos gustó más la descomposición conjunta.
-Yo te quitaba la camiseta y tú me bajabas las bragas-.
Y sigo sin saber cómo explicarte que si me gustaban los viernes era porque me gustabas tú. Que tú eras mi razón favorita para no dejarme morir del todo y seguir en ese abismo entre la vida y la muerte.
Ahora que no estás aquí, espero que recuerdes nuestros gusanos y nuestros capullos. Nuestros restos de metamorfosis antes de volar libres al sol y al viento repartiendo el amor que teníamos dentro. Y espero que entiendas, también, que uno no se puede quedar donde ya no está. No sé si me explico.
Por favor, no prometas exprimir más sonrisas a nadie hasta que no me hayas devuelto las mías.

Y ahora yo no sé cómo explicaros que Julio es más frío que Enero. Que estoy sudando pero me congelo. Y que para morir de frío, prefiero irme a la Antártida. Que al menos ese frío, es real.

y notas que el corazón vuelve a latir, tranquilo, pero late.

A veces necesitas irte lejos para sentirte cerca.
A veces necesitas un pequeño empujón -ese algo que lo impulse todo- y abrir puertas nuevas sin miedo, aunque cerrarlas cueste más.
A veces estás en el momento adecuado en el lugar oportuno y entonces aparece, la magia.

Puede que el mar ayude a cicatrizar las heridas, pero también puede que en una noche de borrachera la torpeza no te haga perder el equilibrio, sino pisar fuerte para dejar huellas de esas tan indelebles que no se van ni con toda el agua del mar
-y cruza los dedos para que no lo hagan-
 
Que solo necesitas unos tacones verdes y la vida te puede dar un giro(na).
Que puede que no creas en el azar y su maldita suerte, pero créeme a mí cuando te digo que la casualidad me puso la zancadilla. Y que lo mejor que me podía pasar era bailar sobre tus pies.
Que esa noche entendí lo del café escondido debajo de unos párpados y por qué siempre me había gustado besar a hombres con barba
-porque siempre preferí que me rasgaran los labios a que me partieran el corazón-

Podría hablar de los celos de los barcos que ya no nos verán naufragar en su puerto. De la nostalgia de las vallas blancas y las paredes sobre las que no nos apoyaremos más.
Podría hablar sobre la envidia que despertaba mi vestido carcelero ante esos ojos que me veían tan libre cogida de tu mano.
Podría hablar de lo bonito de pasear en tus brazos y ver amanecer en tus pupilas.
Podría decir que subí a tu nuca y que ese es el precipicio más alto al que me he asomado nunca; pero que aún así le dije al vértigo que le dieran por culo, que yo me quedaba ahí, a vivir.
Podría hablar de la verdad, pero tengo el don o la maldición de hacerlo todo tristemente bonito.

Puede que a veces sea siempre ahora y ahora ya esté un paso por delante.
Que ya he aprendido eso de besar a alguien porque apetece y no por necesidad.
Que hay amores que huelen a verano y hay veranos que huelen a amor.
Yo todavía no sé a qué huele este verano, mucho menos el amor.
Pero puede que huela algo.
Puede que sea el verano de mi vida.

El teu cor és lliure, tingues el valor de fer-li cas.

y hoy es veintiséis de junio y te escribo esto

Y entonces, pasa.

Pasa que un día echas la vista atrás y recuerdas ese amor que te regalaba rosas.
Ese amor que no necesitaba sexo y te cogía la mano mientras conducía aquel coche blanco.
Ese amor que se tumbaba en el suelo y te permitía escuchar sus latidos.
Ese amor que te hizo entender que seiscientos veinticinco quilómetros no separaban sentimientos, pero sí cuerpos.
Que la distancia podía salvarse y que nadie está lejos si le llevas en el corazón.

Pasa que luego te ves recordando aquel otro amor, el de los puntos suspensivos.
Ese tipo de amor que arrasa con fuerza, como un huracán. Ese amor que era capaz de todo.
Ese amor que llevaba la felicidad escondida bajo quilos de orgullo.
Ese amor que te enseñó a (no) dormir, cerrar los ojos por la noche y abrirlos por la mañana, juntos.
Que acostarte con alguien no es lo mismo que despertar a su ladoY que yo me hubiera pasado la vida amaneciendo en sus brazos.

Pasa que después recuerdas ese amor que te arregló las comisuras de los besos.
Ese amor que a destiempo y desacompasado iba reconstruyendo las ruinas.
Ese amor que fue invisible hasta que te rozó.
Ese amor que sonreía siempre y se pegaba a ti como una lapa cuando tu cara se tornaba gris.
Ese amor que te hizo aprender que querer más no es querer mejor.

Pasa que, al final, te das cuenta de que todo lo malo ha desaparecido y solo recuerdas lo mucho que quisiste y que te quisieron.

Que sigues teniendo una promesa con el Telepizza de Urquinaona.
-y por eso algunos todavía dudan si vas a volver-

Que sigues teniendo una deuda con la casa cerca del mar.
-y por eso algunos todavía dudan si vas a volver-

Y que sigues teniendo un vis a vis pendiente.
-y por eso algunos todavía dudan si vas a volver-


Que todavía no has encontrado a quién dedicarle esta canción.
Pero que le seguirás buscando.

nadie hubiera imaginado que te estaría escribiendo esto hoy.

Me preguntaba por qué la luna tenía tres sonrisas mientras esperaba que volvieras.
Recordaba cuando hace un año me prometí apostar por las tres cuartas partes.
Porque yo no era el punto negro en el papel blanco -o quizás sí,
pero no estaba preparada para aceptarlo-.

La lluvia seguía mojando mi vida mientras esperaba que creciera.
Me entretenía con él, que ya no tú -Ay, qué lío
y qué triste
cuando el deja de ser pronombre que te sustituye
y se convierte en impersonal-

Había una guitarra en el fondo de la habitación cuyas cuerdas desafinadas vibraban con los sollozos desgarrados que florecían en el esternón de la cama.
Si quieres, nos quitamos la ropa y buscamos en el cielo más razones.
Que yo tengo la osa mayor en el muslo derecho y tú eres mi astrólogo favorito.

No es cierto que pude amarte más. De hecho, te amé todo lo que me dejaste
-incluso los inviernos helados que guardabas bajo la piel y rasgaban-
Pero ahora me hablas sobre una Ella que no soy yo
y no quieres que te recuerde como un cabrón por haber seguido sin amarme.

Tal vez me eches de menos aunque los buenos recuerdos se vayan como un ladrón saltando tapias.
Tal vez te acuerdes de mí cuando te des cuenta de que, al fin y al cabo, el amor son vasos comunicantes donde uno quiere y otro se deja querer.
Que ya lo sé, que hay heridas que se cierran cuando dos piernas se abren.

Pero entonces lo entenderás:
ningún viaje fugaz entre unas piernas te dará eso que buscas.

nadie hubiera imaginado que después de tres asaltos, la distancia pondría punto y aparte en tu historia.

Llegaremos a tiempo.

No lo sabe nadie, pero esa es la frase que más leo; porque sale cada vez que le doy a "Nueva entrada".
-los que tenéis blog ya sabéis a qué me refiero-
La puse ahí yo, evidentemente. Para recordármelo.

Llegaremos a tiempo.

Si me conocéis sabéis eso de que me pueden las prisas y me come la impaciencia. Que cuando quiero es aquí y ahora, YA.
Llegaremos a tiempo me hace frenar. Reflexionar. Pensar que, quizás, tengan razón esos que cuentan que lo importante no es la meta, sino el camino. Que lo importante no es llegar al final, es ir yendo poquito a poco y pie tras pie -que los traspiés también son necesarios- y que da igual si no tienes una mano que te sujete. Tú ya tienes dos para levantarte.
Supongo que hoy venía a hablaros de las manos. De las esquinas que han doblado y las heridas que han ahorrado. De las que mueven lápices que crean vidas y de las que sacuden el alma. De las que conducen en dirección contraria al dolor y de las que remiendan el corazón.
Que a mí no me basta con oler tu piel porque yo sí quiero saber a qué coño huelen las nubes. Pero esto no viene a cuento ahora. Solo quería recordártelo, escribirlo y dejarlo caer por aquí entre mis letras, por si te apetecía leerme y lo hacías.
Supongo que siempre acabo hablando de ti porque siempre se habla de lo que falta.
Y supongo que en realidad, lo que quería decir es que tú no llegarás a tiempo, que para ti YA es demasiado tarde.

carta a todas mis yo.

No olvidéis que lo único importante en mi vida, soy yo.

(para encontrarme deprisa si me encuentro perdida.)

siempre estamos aprendiendo a vivir, pero nunca vivimos.

A una hora de volverme a encontrar con tu azul en el portal aquí estoy.
Con el corazón galopando en la gola y las piernas abiertas, esperándote.
No sé si decirte que subas o ponerme un vestido sin bragas y bajar.
Que lo de perder pendientes ya está muy visto.
Pero que eso -y quererte- es lo único que con certeza sé que seguiré haciendo.

Que hoy no es jueves, es vie(r)nes.
Y no sé si he aprendido lo suficiente, pero quiero vivir.

ni yo soy para ti, ni tú para mí.

Me hablabas de realidades paralelas y amores diferidos mientras yo quería agarrarte de la nuca y clavarte en mi presente.
Me decías eso de que no necesitabas verme para saber que estaba contigo, pero yo quería un amor de verdad, de esos que se necesitan hasta para respirar.
Supongo que sigo teniendo complejo de Oxígeno.

Mientras el sol salía y se ponía. La lluvia paseaba por calles mojándolas con nuestras ausencias. Y a pesar de que las estrellas me advirtieron sobre la luna, ya sabes, más guapa que ninguna me quedo con ella otra vez, así que no la busques esta noche en el cielo, que está conmigo.

Me engañabas cuando sentada encima de ti me hacías sentir la reina del mundo. Que no de todo el mundo, pero sí del tuyo. Y, ya ves, ni eso.
Que entre tu boca y el volante, siempre elegí morir de ti.

Ahora me pregunto dónde se habrán metido esos amaneceres que nos querían ver despertar en la misma cama, en los mismos brazos, en los mismos besos.
Dónde nos habremos metido tú y yo, que ya no nosotros.
Que yo puedo seguir tachando Abriles -todos los meses que no estás son Abril para mí-. Pero entonces tú no te enfades si en medio de Junio provoco una tormenta de esa primavera que quiere seguir siendo invierno. Porque a nadie -ni siquiera a ti- le gusta meterse en cama solo cuando el frío aprieta. Que frío es no tener tus abrazos y que tú de apretar sabes más que los nudos de las cuerdas que nunca atamos.

Es el amor, tendré que ocultarme o huir.
Yo creo que tengo el alma escondida detrás del esternón porque duele al respirar.
Pero al final te das cuenta de que la culpa no es de la primavera, sino de los capullos que no florecen.
O lo que es peor,
que florecen a destiempo
y entonces ya es demasiado tarde.
Porque no hay nada peor que un demasiado tarde.

ningún ideal vale una vida.

Aunque saliera sonriendo,
si la mirabas te dabas cuenta de que tenía los ojos brillantes.
Brillantes como cuando estás cansado de llorar y sin embargo es lo único que haces.

Si la mirabas te dabas cuenta de que escribía,
que guardaba los momentos en sus pupilas y los marcaba después con palabras.
-para no olvidar-

Si la mirabas te dabas cuenta de que seguía siendo más bonita que ninguna.
Bonita como cuando estás cansada de ser desastre, pero sigues siéndolo.
-por si acaso, ya sabes-

Y solo si la mirabas un poco más
adentro
te dabas cuenta de que quería.

Quería de verdad. Con todas sus fuerzas.
Que no hablaba porque tenía la voz rota y el aire le desgarraba la garganta.
Que le salían cristales por los poros y el charco de sangre la ahogaba.
Que se está muriendo porque no le queda mucha vida.
Ya sabes eso de que la vida sin ganas no tiene sentido,
y todo cada vez tiene menos sentido.

Si la mirabas te dabas cuenta de que su vida valía mucho más que todos los hombres que había conocido.
-aunque lo olvidara a menudo-
Que esos hombres nunca la conocerían porque su vida seguía guardando más barcos hundidos en el pecho que amores con finales felices.

Porque su vida seguías siendo tú,
poesía.

Tú con tus penas, tus nostalgias y tu tristeza
esa que tanta adicción crea.

Y ella,
ella seguía creando excusas
y pretextos
para postergar, para alargar,
para poder seguir huyendo.

Algún día entenderás que huir no te lleva a ninguna parte.

Que no era bonita porque tú la vieras bonita. Era bonita incluso fuera de tus ojos.
Y ahora que no tienes ojos para mirarla. Ahora que no estás. Ella sigue siendo bonita.
Y desastre. Por si acaso volvieras.
La esperanza es lo último que nos abandona. Y ese es un poquito el problema, que seguimos aquí sin motivos, simplemente por si acaso.
Ella sigue escribiendo, guardando y marcando. Para no olvidar.
Ella sigue sonriendo, brillando y llorando.
Ella sigue queriendo(te) mientras el silencio está gritando en todas partes.
Ella sigue rompiéndose, desgarrándose y ahogándose.

Ella sigue muriendo de vida,
o viviendo de muerte.

Ella sigue perdiendo ganas,
y ganando pérdidas.

Y todo esto con sentido
o sin,
total,
da igual,
solo es por si acaso.

Hoy te he vuelto a recordar.
Y es que recordar es lo único que puedes hacer cuando ya formas parte del Olvido.

llévame a ver salir el sol desde todos los portales de la luna.

El viernes voló
y yo también aunque cambié el asiento de atrás de tu coche por colgarme de un peta mal hecho.
Que sí, que me mata. Pero tú más.
Que a veces para olvidar el dolor es la mejor anestesia. Pero no te pierdas, que Marea sigue sonando en mis oídos y no consigo olvidar tu último beso.
Que no me dejaste ir sin besarme. Y nadie me besa desde que se fue.
Supongo que eres el único y eso te otorga cierto poder. Poder sobre mí. Que no querer. Puesto que querer no me quieres. Salvo a ratos.
Y eso a mí no me sirve.

Al final aprendes que agradecerle a alguien que aparezca en tu vida justo en un momento determinado, es una tontería ya que él tampoco decide aparecer. Es el azar que cruza vuestras líneas y os convierte en perpendiculares. Pero no olvides, que tampoco depende de ti cuánto duren esas vidas cruzadas. Que cualquier día, se pueden volver paralelas.

Y a la mierda el poder.

Y entonces, solo entonces, empiezas a querer.

Y entonces, solo entonces, entiendes que querer es poder.

Que si hace falta, se coge un compás y se traza una línea nueva en la que confluyan las dos.
Que si es indispensable, podemos alargar el invierno todo el tiempo que quieras seguir a mi lado y a la mierda primavera.
Que si es necesario, puedo hacer de este verano el más frío de la historia y crear todos los días de la semana tormentas para que te asustes y vengas a cobijarte en mi agujero.
Hablo de que todos los días podrían ser mis Viernes y me pregunto si seguirías convirtiéndolos en tus "¿Vienes?"
Yo prometo no decirte que no, pero deja de perderme y de(vuélve)me las ganas multiplicadas por veintinueve.

you don't know how lovely you are.

La Primavera se disfraza de Noviembre
y yo aquí, creyéndome lluvia a dos esquinas del sol.

¿Sabes?
Hace días que me pregunto si llegarás. O si te encontraré.

A veces el atardecer me coge por sorpresa
y se encapricha pintándome los labios con su rojo.
Entonces te imagino cerca,
sin cara,
mirando el azul de mis ojeras,
y ahí ya sí que te puedes bañar y que se joda el mar.
Que para verde
la desesperanza de mis ojos.
Y para nostalgia
las lunas que brillan y me contemplan
por las noches en que me da por recordar que todavía
no has llegado,
no te he encontrado y
no te tengo.

Hoy es Jueves y vuelvo a pensar en el Gris.
Por eso de que se intenta lo que sabes que no conseguirás,
porque si pudieras conseguirlo,
ni siquiera lo intentarías.
Y ese es el motivo por el que yo no te intento.
Porque no te quiero (conseguir).

Me pregunto a cuántos más dejaré marchar.
Por cuántas vidas pasearé de puntillas
y cuántos tejados me quedan por visitar hasta que me digas 'quédate'.

He perdido la cuenta de los besos que he regalado en vano.
De cuántas sombras he cosido
aunque tuviera que tirar de mi propio hilo
-por falta de presupuesto-
y eso me descosiera a mí.

Me gustaría escribir que eres tú
el que me roba la rutina y me dice:
¿vie(r)nes?
El que gana tiempo con sus faltas
sus fuera de juego
y su prórroga.
El que teme a la tormenta
si está desnudo y golpea la lluvia en el cristal del parabrisas.
-Ay, se me olvidó decirte que yo era Noviembre,
pero no te preocupes, 'cause nothing lasts forever
even cold november rain-

Me gustaría escribir que la vida es su boca,
y no.
Porque me muero cuando su boca muerde otras vidas.
Porque me (des)ilusiona.

Y sin duda tú tienes que estar al caer.
Así que me dejaré de tonterías de amores temporeros
y de poetas de bragueta y revolcón.

No olvides que sueño contigo -aunque no sepa quién eres-.

Pero que necesito que me pares en esta inercia que tengo por vida
y me abras los ojos para demostrarme
que eres tú.

Que aunque no seas lo que yo tengo imaginado,
eres real.
-existes-
Y eso es mucho mejor.

Que vienes para enseñarme lo que es no despedirse nunca.
Y que la libertad a la que no quiero renunciar, es más bonita cogida de tu mano.
Que los miedos desaparecen si me muerdes con ganas
y las dudas de mi mente se disipan si me susurras al oído.
Que para confiar, solo se necesita querer. Y que yo,
te quiero.

No te pido nada,
solo que aparezcas de una vez y me digas
que eres tú,
que soy yo,
que somos nosotros.

Que llevo toda la vida esperándote
y soy una impaciente.

quedarse sin respiración.

No sé cómo decirte que después de ocho meses, he vuelto a encontrarme a M en el suelo.
Que justo hoy, también, se ha roto tu cadena que ataba las llaves a la puerta de mi vida.
Que lo siento, pero tus remolinos nunca fueron mis huracanes.
Y que llueve. Llueve a mares.
Que yo, no creo en las casualidades.

Que deberíamos aceptar la caducidad del paraíso.
Que soy una descreída y que he perdido la ilusión.
Que no creo en ti, ni en mí, ni en nosotros,
mucho menos en el amor.

Que tal vez yo no sea más la chica de la sonrisa triste y los ojos brillantes que alumbraban tu vida.
Que tal vez tú prefieras seguir anudando otras cuerdas para salvarte de los naufragios.
Que puede ser que no quiera acompañarte ni de noche ni de día,
y que no quiera volver a ver(te).
Pero ya sabes eso de que la doble negación es una afirmación.

Que mis labios no te busquen y mis manos no te escriban.
Que me aguante los miedos de tenerte porque nunca existirá la posibilidad de perder algo que no es tuyo.
Que me he hartado de los fantasmas que habitan tu corazón y de las perras que amenazan mi estabilidad emocional cuando las encuentro al doblar tus esquinas porque me doy la vuelta y te doy la espalda.
Que quizás, quiera rendirme
pero no al puto milagro que supone que existas sino
a la invisibilidad -para no asustarte con mis apasionados deseos de meterte en todos los resquicios de mi vida-.

Que los quilómetros entre dos personas no cuentan,
la única distancia válida es la que interponen esas dos personas entre sus almas.
-y la nuestra ahora es casi insalvable-.
Que puedo tenerte al lado y sentirte en Venecia,
estar delante del espejo en Roma, sola,
o puedes ser París entre mis piernas.
-como aquella noche,
Ay, déjate querer, dímelo otra vez, un día con una noche oscura y esperando por ver si saliera la luna...-

Que me acuerdo de los días en los que quería que te quedaras siempre,
y aún así,
siempre no era suficiente,
porque a la luna le sobra oscuridad si no está el sol
y a mí me sobra noche si no estás tú.

Pero que hoy,
hoy estoy dispuesta a confesar(te) que
tengo ganas de decirte que me muero de ganas de volver a tener ganas.
Que hoy me faltan peros para decirte que no me busques y me sobran excusas para dejarme encontrar.
Que quizás tú seas lo bonito de quererse sin enamorarse.


y a mí, me apetece querer(te).

si no puede hacerte daño, no podrá hacerte feliz.

Como cuando la primera vez que quedamos,
como cuando aún éramos unos desconocidos que se morían de ganas.

Ahora somos unos muertos con ganas de desconocernos
y es la última vez que nos vemos.


Cuando veníamos rotos de otros amores y buscábamos recuperar el calor, que nos había quitado Agosto, en un otoño desolado y un invierno adverso.
Que luego Abril traía el desencanto cogido de la mano de la felicidad y los enjaulaba en mi vida llevándose las llaves.
Que mi vida entonces se partía en mil pedazos y yo me asustaba.
Y huía.
Como tú de mí,
pero yo de mi vida sin ti.

Entonces un día cualquiera decidía(s) volver a reconstruir(me).
Nunca he necesitado razones para hacer algo. Solo lo he hecho si me ha salido de dentro. Y si me salía de dentro siempre me sobraban los motivos. Porque lo hacía si tenía ganas. Si quería.
Y claro que (te) quería.


Ha llegado Mayo, con M de magia y todo sigue patas arriba.
Tú vuelves aunque a medias.
Pero vuelves.

Me desvío porque no me desvistes.
Porque prefieres mil bocas a tener un amor siempre.
Porque no eres lo que quiero ni lo que busco
pero eres,
y eso es mucho más que todo lo que pueda anhelar.

Si te escribo es porque no te veo
y si te veo no me besas
y si me besas me confundes
y si me confundo me hundo
y si me hundo no me salvas.

Si te escribo es para que no me olvides
y si me olvidas para que me recuerdes.

Porque si me recuerdas me salvas
y si me salvas no me hundo
porque si me confundo me besas
y si me besas te veo
y si te veo, no me olvidas.

me pregunto si lo que me recuerda a ti, te recuerda a mí.

A veces me cogen ataques de nostalgia
y aunque quiero escribir otras cosas,
me pueden las ganas de escribirte.
A ti,
al que ha sido siempre.

Que aunque han venido otros
más fáciles de querer y menos difíciles de olvidar,
yo sigo acordándome de ti.

Pero soy tan buena mintiendo
que, a veces, incluso me creo
que te he olvidado.

Y en cierto modo, sí, quizás lo haya hecho.
Pero en el fondo no.
Hay cosas que por bonitas
no se olvidan
y hay cosas que por dolorosas
tampoco se olvidan nunca.

Tú,
por partida doble,
por bonito y doloroso,
eres imposible
de olvidar.

Lo importante es que no te echo de menos.
Y eso sí es cierto
y todo un logro.

Que no cambiaría ni daría nada por tenerte de vuelta.
Porque no quiero alguien como tú a mi lado.
Y por eso me jode verte reflejado en él.
Por eso, porque me siento igual de mal que contigo.
Porque estoy harta de no poder ser suficiente y acabar siempre en triángulos con hipotenusas que sustituyen mi vértice.
¿Pero qué puedo esperar de diferente si la banda sonora de su vida también es Extremoduro?
Que tú te fuiste por la vereda de la puerta de atrás y él sin patria ni bandera, vive a su manera mientras yo me quedo en esta calle sin salida.

Y entonces me hago un ovillo.

Por quererme siempre
tan mal y tan poco.

Por dejaros pasar,
suceder y ser.

A sabiendas de que eso
implica mi destrucción.

Lo peor, supongo, es creer que podría volver a vivir así.
A preferir unos ratos a un nunca
y a conformarme con algo
que me envenena y me destroza por dentro.
Pero yo merezco más.

Lo peor, en realidad, es tener la sensación de no haber aprendido la lección.
De volver a caer en la misma situación, una y otra vez.
A dejarme jugar.

Quizás me guste perder(me)
con tal de ganar(te) unas horas.
Quizás sea
eso de que la tristeza crea adicción.

Y mientras tanto,
el gris aparca en mi portal
con dos cervezas encima.
Cierro la puerta como de costumbre
y empiezo a subir los escalones
a la desgana de mi vida.

Se enfada porque no consigue lo que quiere,
porque no soy fácil
y piensa castigarme con el silencio.

Que me dejo invitar,
me dejo conocer...
Pero nadie consigue
besarme.

Nadie
me ha vuelto a querer
desde que te fuiste.

Porque mi roto
sigue siendo demasiado
para un descosido.

Que a veces,
hay bocas que no encajan
y sentimientos que no llenan.

lo absurdo es ser desconocidos con gente con la que alguna vez compartimos algo.

Dispuesta a naufragar entre la lluvia que se avecina esta noche -mentira, que ya llueve- y ahogar las penas con alcohol, a menudo me sigo cuestionando por qué no se han atrevido a saltar conmigo. A cogerme de la mano y volar.
Si yo lo único que he querido siempre es encontrar mi sitio. Encajar.
Pero se acabó. Así sin más. Como cuando se acaban las grandes historias en silencio.
No quiero ajustarme ni obsesionarme por ser ideal. Quiero dejar de empeñarme en trasladar lo que tengo en mi mente a la realidad. Quiero dejar de buscar en todo motivos o razones que justifiquen mis pajas mentales.
Es mejor dejarse querer y puestos a dejar, dejarse también los principios en el fondo del sofá -junto con las lágrimas y tus migas de pan-.
Voy a pedir perdón por quererme tan poco y tan mal.
Empezaré a cambiar el adverbio mal por bien y ya más adelante, cuando sepa, el poco por el mucho.
Creo que mis penas se van a tomar un tiempo de vacaciones. Y tú con ellas.
Lo siento pero no puedo más. Búscate a otra a quien marear. A mí me has perdido. Y algún día te arrepentirás de haber dejado ir a la única chica que había despertado algo en ti y que te había devuelto la ilusión después de.
Pero estoy harta de historias cíclicas que se repiten. Que ya sé lo que viene a continuación. Y no. No estoy dispuesta a quererlo. Ni a quererte otra vez.
Ahora que puedo, ahora que estoy distante: adiós.
He dejado de estar cuando me inventes, porque quien no está en las malas no merece estar en las buenas. Y tú vas, vienes y estás cuando te da la gana. Y yo no soy un juguete a tu antojo.
O aprendes a querer las espinas o no aceptes la rosa.

para mí, ser valiente es tener el valor de decir adiós a una persona porque te hace daño, a pesar de no poder vivir sin ella.

El viento traía restos del naufragio en esta primavera soleada y fría -por la ausencia de abrazos-.
Se asomó a la ventana con la vana esperanza, y una triste melancolía, de ver en la esquina verde aparecer ese azul eléctrico que la salvaba. Pero las palmeras se movían, se contoneaban como antaño y de repente, sin quererlo, bajó la vista y lo vio. El alerón negro.
No sintió nada. Solo una punzada en el esternón de ira incontenible.
Y entonces empezó a pitar y a gritar mi nombre.
Recuerdo que me volví loca. Recuerdo que el motivo de mi locura era el de las gafas de sol aparcado de culo delante de mi portal. Recuerdo que recordar lleva cuerdas que te atan al pasado y que nosotros duramos más locos que cuerdos -por eso de mi miedo al compromiso y el tuyo a decidir entre dos fuegos-.
Supongo que cuando me desperté eran las seis de la mañana y amanecía. Supongo que era Domingo y nadie me había bajado las bragas. Supongo que estaba sola y él con otra.
Él no lo sabía pero hay musas encerradas en cuerpos de mujer. Y ella tenía un botón al lado izquierdo del ombligo, en forma de lunar, que si lo tocabas la hacías brillar.
Él no era el primero -pero casi- y sabía mejor que ninguno cómo hacerlo. Sus manos tenían experiencia de más y mi sonrisa años de menos.
Se enamoró de mí -aunque nunca lo admitió- pero eso es algo que se sabe. Activó el botón y consiguió que se encendiera con el mínimo roce.
Por eso le estoy agradecida, porque de no ser por él quizás nunca hubiese llegado aquí. Mis letras siempre le agradecerán que fuera un capullo. Siempre le agradecerán que se marchara y me dejara colgada de un Abril. Que volviera un Junio y que no se despidiera nunca más.
Yo escribía, y escribía, y escribía. Y sigo escribiendo.
Porque es mi historia interminable y porque yo, ya nunca dejé de brillar.

Después apareciste tú con ese azul eléctrico. Nos acariciamos tanto que acabamos arrugados y las yemas de nuestros dedos se fundían en los surcos de la otra piel. Nos apretábamos los órganos con abrazos fuertes, tan fuertes que en lugar de rompernos los huesos nos arreglábamos el alma.
No sé. Supongo que un Febrero con falda verde te robó el corazón -o eso me dijiste-. Supongo que eran las seis de la mañana, que amanecía, que era Domingo y acababas de bajarme las bragas. Yo seguía sin querer cuerdas -para no recordar y para no quedarme sin alas- y a ti ya te iba bien así. Porque después de un polvo más guarro que largo, ya nadie habla de amor.
Supongo que cuando lo tuve claro te entró el miedo. Pero no te diste cuenta de que ya era demasiado tarde para separarnos y salir enteros.
Apretaste el botón tú también sin darte cuenta. Y aquí estoy, condenada a escribir siempre sobre los amaneceres de los domingos y los hombres que sin llegar a ser nunca cuerda te atan para siempre. (porque sacan el brillo de la musa que guardo dentro).

sus ojos son una espiral que te animan a seguir funcionando.

Con alguna copa de más para tener alguna lágrima de menos, seguía con mi vida.
Mi vida sin ti.
Con la ilusión apedazada, la esperanza remendada y los ojos tan tristes que solo sabían sonreír.
La luna cóncava indicaba que estaba creciendo -pero en realidad estaba así porque acunaba mi llanto para consolarme- y en un par de semanas estará llena -espero que de cosas buenas-.
Lo mejor que podía pasar es que dejaras de ser un ojalá y te convirtieras en ese "sal, estoy aquí".
Y pasó, apareciste.
Seguiste el guión de mi película, hiciste lo que tenía planeado para ti.
Después de que el silencio gritara en todas partes durante tantos días quien gritó fue mi garganta. Deshizo el nudo y salieron todas las palabras a borbotones, sin sentido, sin dirección -no, no lloraba, yo no lloro nunca en público-. Pero dejé de asfixiarme aunque apenas y a penas recuerdo nada.
Solo sé que hay abrazos que te devuelven la vida y sonrisas que alegran los ojos más tristes.
Que la noche es más oscura justo antes del amanecer y que nunca he amanecido a tu lado.
Que siempre he pasado la última oscuridad sola porque arrancas y te vas antes de que entre en el portal -ni hablar ya de ver salir el sol-.
Y que yo quiero que te quedes, -en la luz y en la oscuridad-, siempre.


No te asustes por la falsa trascendencia de mis palabras. Yo solo necesitaba un recurso poético, y mi favorito eres tú.

reduzcamos el adiós a la magia

Te echo de menos.

Y punto.
Nada más.
Es solo esto, claro, conciso y directo.
He intentado hacerlo y decirlo de mil formas -todas fallidas-. Quizás por mi falta de valentía o mi excesivo coraje. Quién sabe si el miedo ha tenido algo que ver y si el orgullo ha intervenido.
Creo que mandaré a la mierda todas las cartas que esperan en el cajón y las que todavía rondan por mi cabeza. Las palabras me nublan la mente y yo solo quiero...

He vuelto, ¿vuelves tú?

Te espero; por eso no olvides que esperar es el verbo con más prisa del mundo.
Y que yo, empiezo a desesperar.
 
Todas las esperanzas escritas en el papel que ojalá no se haya llevado el aire.
-y ojalá aparezcas hoy-

Natàlia.

Quaranta-set abrils de qui és sempre primavera.
Perquè si la primavera té algun so, és el seu riure.
Perquè si la primavera té verd, és el dels seus ulls.
I perquè si la primavera s’ha de guardar dins algú,
aquest algú és ella....

Però la Primavera
mai podrà estimar tant com ella
-perquè d’altres coses no,
però d’estimar,
millor que ningú-.

Des de fa quatre anys li falta una cosa
-la més important potser-
un buit que ningú pot, ni podrà omplir mai
-però ella no ho sap,
que és un tresor amagat sota la pell de la humanitat-.
Que estem condemnats a recordar sempre el que ha marxat
i poques vegades,
pensem en el que hi ha.
I el que queda és el que compta,
perquè el que hi ha és més que suficient.

Hi ha quaranta-set abrils formant part dels meus vint novembres.
Vint novembres que han portat la tardor en la seva primavera eterna.

Les dues estacions més inestables,
-potser per això ens enfadem tant-
Perquè una és la mort i l’altre la resurrecció de la vida
-perquè som el contrari i en el fons,
som el mateix-.

Perquè ella és aquella que té el cor tan gran
que no li cap dins el pit.
-i pobra, es pensa que els altres no ho veiem-
que porta l’alegria sempre per fora
i la tristesa per dins.
Que el seu color preferit és el groc i li és igual que porti mala sort.
Ella no en sap de males sorts,
perquè la millor sort en aquest món és ella
–encara que no ho sàpiga-.

I l’afortunada sóc jo,
perquè la millor sort és la meva
tenir-la com a mare.

Felicitats mama, t’estimo.

cuando no sabemos a qué puerto nos dirigimos, todos los vientos son desfavorables

Las cartas que no se mandan, las que se quedan en ese casi, como nuestra historia, son las más importantes, son esas que podrían cambiar el rumbo de una vida y quizás, con un poco de suerte, de dos.
Siempre he sido de pensar que todo ocurre por algo, que si esa carta sigue en mi bolso y no en tu parabrisas es porque llovía. Y si llovía era porque no tenía que ser.
Pero yo no me rindo fácil, así que lo volveré a intentar el doce.
Que sí, ya sé eso de que la realidad es absurda y solo son simples casualidades, pero perdonadme a mí y a mi complejo de escritora. A mi empeño en buscar causas que justifiquen las cosas, en enhebrar hilos para darles sentido.
Dicen que lo que da miedo, merece la pena. Y ahora me he quedado con la pena porque el miedo está tan lejos como tú.
La lluvia dice que así es como debe ser. Que tengo que empezar a mirar más por mí y quien me quiera que me busque. Que merezco a alguien a quien le importe.
No sé qué cojones hace Abril cada año para dejarme sola. Pero estoy aprendiendo, sí. Ahora me coso y me rompo yo, cuando me apetece, cuando me da la gana. Ya no necesito que nadie me ayude. Y para tu amanecer desbocado, mejor que me olvides.
Posiblemente parezca una paradoja pero aunque te quiera, no eres lo que quiero. Creo que no te quiero tanto. Porque me has fallado, y cuando alguien te falla las cosas cambian irremediablemente. Pero ¿qué se supone que debemos hacer con todo eso? ¿Dónde van las promesas que no se cumplen?
¿Nos quedamos? ¿Luchamos? ¿Nos matamos? ¿Nos rendimos? ¿Nos besamos? ¿Nos queremos? ¿Nos olvidamos?

¿Lo intentamos?

¿Nos vamos? Juntos
 
 

la despedida