pero no ahora.
Joder, a pesar de que han pasado diez siglos, sigue igual.
Qué lástima ¿no?
digo,
lo de no haber sido valientes antes.
Y que ahora la palabra querer vaya seguida de un pero.
Que yo cambiaría ese orden y sería capaz de poner al pero precediendo al querer y escribir:
pero (te) quiero.
Enredarse en el pelo de alguien no es nada comparado con la trampa mortal que esconden tus rastas. No me extraña que cualquiera se quede atrapado en esas marañas, si no se puede escapar.
De hecho, es posible que todavía tengas mis dedos y yo esté escribiendo con los vértices que han salido al retorcer el corazón por un lado que no estaba roto
-porque nunca me había tirado-.
Prometo no volver a hacer el Tarzán para cruzar tu cabeza de oído a oído. Pero devuélveme los dedos, que ya he tenido suficiente al saltar creyendo que no me ibas a dejar caer.
Qué error eso de creer sin pensar.
-y ahí va la hostia-.
Pero de las hostias también se aprende. Lo que no mata fortalece, que dijo Nietzsche. Aunque a veces sólo seamos dedos enredados en algún pelo.
ResponderEliminar