Entradas

Mostrando entradas de febrero, 2013

querido tú.

El domingo convertido en martes amanecía congelado sobre las hojas muertas y secas de la calle. Demasiado pronto para que asomara la primavera con su deshielo y demasiado tarde para encontrarte en el otoño con mariposas.

Los huracanes -por eso de las mariposas cuando aletean- lo habían arrasado todo sin ningún tipo de distinción; ya se sabe, llegan y se llevan por delante las llaves, los cerrojos, las puertas y las bisagras. Destrozan cualquier cosa que se cruce por su camino.

Incluso a mí.

Hoy, un año después del naufragio, sigo perdida en el triángulo de las Bermudas que tenías debajo de la oreja izquierda antes de llegar a la nuca en forma de pecas. Y aunque nunca lo supiste, había una conexión imantada entre ése y el mío -situado en mi hombro-, por eso siempre apoyabas tu cabeza ahí, aunque tú, iluso, prefirieras llamarlo casualidad.

La última mañana de incendios de nieve y calor en Febrero olía a tostadas y a Origen. Mi cabeza solo quería alzar el vuelo colgada de tu cuello porque …

ahora que al punto final le siguen dos puntos suspensivos.

Cansada de él, de mí y de un nosotros que se quedó estancado en el pasado. De los quebraderos de cabeza que me dejó en este corazón desafinado. Escapar fue una buena opción, aunque siempre he creído que la respuesta no es la huída. Y cuando ya estaba lejos, cuando había remontado el vuelo, recordé que, a veces, la mejor salida es quedarse.
Para esos entonces, tú ya manejabas el viejo truco de nunca desaparecer, y, ahora, sin planearte, de forma magistral apareces.
Pero lo importante es que funcionó, me funcionó.
Me colgué de otro vuelo, dejé que alguien se enredara en mis pestañas y me robara la ilusión. Había aprendido todo lo necesario para ser feliz. Y lo era.
Solo se me olvidó controlar una variable aleatoria de algún pretérito hipotético. Esa que vuelve siempre, incluso cuando no quieres (como los fantasmas del pasado).
Y me costó un poco aceptarlo, eso de que no pueden habitarse corazones afantasmados (como el tuyo), y que, por mucho que lo intentara, hay astillas clavadas tan …

había veces que ni dormía, solo esperaba a que él apareciera, con su mirada y su media sonrisa.

Supongo que echar de menos, siempre estuvo de más. Que las palabras nunca han sobrado cuando los silencios reinaban y las mentiras, en cambio, eran medias verdades.
Arréglalo. Ponme un parche. Puedo seguir si me empujas y me das cuerda.
Cuando lo inesperado te alcanza... Cuando las noches grises se tornan rojizas.
Un último amanecer a tu lado -suplicaba entre líneas- y luego, te vas sonriendo, con lo puesto, por la puerta del balcón, con la melena al viento diciéndome adiós, como tú siempre quisiste.

supongo que lo de vivir a ras de suelo no es lo mío, yo soy más del volar de las mariposas...

Después de desistir en los intentos de incendios de nieve y calor, apareció Febrero.
Febrero con F de felicidad, traía mucho frío en una noche y muchas ganas en dos cuerpos que medían las distancias en respiraciones desacompasadas.
Eme sonreía como nunca, libre de los fantasmas del pasado y rea de su boca en una jaula azul.
Fuera el viento huracanado anunciaba la tormenta que se desataría entre esas dos almas luchando por ser una.
Los cristales se empañaban y su calor se encendía al borde del precipicio.
Era todo o nada.
Era ahora o nunca.
Y Eme le aprieta bien la mano camino a otra realidad.
Pero nunca cierra los ojos. Ni siquiera cuando duerme. Teme que alguien le robe el corazón que guarda debajo de la cama (nunca lleva el corazón encima por si se lo quitan).
Y hoy, he visto a Eme besar con los ojos cerrados. ¿Sabéis lo que significa eso? Yo sí.
Es feliz y yo estoy contenta. Me alegro por ella.

¡Espera! ¿Te estás enamorando? Un beso en el portal de madrugada.

y... dime, ¿qué le voy a hacer si me gusta esa piedra? ¿si cada vez que la veo me tiro de cabeza?

Eme asoma la cabeza contrariada:
- ¿Se puede saber qué haces? Me reprende.
Y antes de que pueda decir nada más, le cierro la puerta en las narices. No quiero escucharla. No tengo ganas de que me llene la cabeza con sus estupideces.
No hay nada que la cabree más: que le dejen con la palabra en la boca. Y no lo hago para cabrearla, de verdad, eso es lo último que necesito ahora. Pero ya es demasiado tarde.
Empieza a patalear, a llorar y a chillar. Oh Dios, que se calle.
Por el pasillo aparece Eva y con toda la parsimonia de la que es capaz se acerca a mi oído:
- ¿Ya la has hecho llorar otra vez? -mira compasiva hacia la puerta- déjame verla.
Asiento con la cabeza a su petición mientras le respondo secamente:
Es como una niña pequeña, no la soporto cuando se pone así, ya lo sabes.
Eva se desliza hasta la puerta y la abre. Eme se abraza y se arrapa a su cuerpo como si le fuera la vida en ello. Eva, que siempre ha sentido debilidad por esta clase de muestras de afecto, la acuna y la …

si curas mis daños con tus hoyuelos, te prometo que seré tu secreto.

Febrero me ahoga. Se me agolpan los momentos. Febrero duele.
Ya lo sabías, me reprocha mi subconsciente.
And I can't be holding on.

Creo que me tengo que ir. Esta sensación de necesitar salir corriendo. Debo huir. Rápido. Esta vez lo suficientemente deprisa para que no me alcance porque no puedo permitirme lo mismo otra vez.
No.
Febrero me hundió dos veces. No va a haber una tercera.
Para cuando ocurra estaré tan lejos que apenas notaré las réplicas del maremoto.

En cuanto a ti, tienes dos opciones: o me dejas escapar ahora que todavía estoy a tiempo o me coges fuerte para que cuando suba la marea no me pierda en sus inundaciones de remolinos sin sentido.

Ojalá escojas la segunda, pero si no...

tomorrow I'll be gone.

ella buscaba un "para siempre" y él buscaba un "mientras tanto".

Nadie se dió cuenta, ni siquiera yo. Pero volvió con su veintinueve de Enero.
Volvió como nunca había vuelto. Casualidades de la vida, supongo.
Que a la tercera va la vencida.
Y Febrero asoma la cabeza, pillo como siempre. Es el mes de las sorpresas, ya lo sabéis. En Febrero nada es imposible y cualquier cosa puede ocurrir (sobre todo si se trata de ilusiones y decepciones).
Como por ejemplo que el primer fin de semana sea el último. O que nieve y haya incendios de nieve y calor. O que alguien vea Big fish tumbado en su cama y los reyes interrumpan la proyección dándote su regalo dentro de un sobre blanco. O que alguien se duerma acompañado de otros brazos y haga tostadas para desayunar. O la sensación de despedirse y notar, sin entender ni saber por qué, que esa será la última vez... Y que la última semana del mismo mes, tus miedos y tus sospechas se hagan realidad. Que salgan a la luz las dobles caras, los dobles sentidos de las palabras y las dos mujeres. Pero no... Ya nada de es…