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Mostrando entradas de enero, 2013

pero no me rompas los esquemas si no me vas a romper las medias.

El dolor se clavó en medio del esternón. Las lágrimas del jueves por la noche se condensaron y se disiparon cubriendo las calles. El frío las inmortalizó y el viernes amaneció helado.
Inventé eso de que el hielo era un buen augurio solo para crear una falsa sensación de seguridad. A estas alturas, todos sabéis que el único buen augurio es la nieve. Y el hielo es lo más parecido a la nieve, así que me aferré a esa idea con todas mis fuerzas. En mi cabeza bailaba la canción de antaño, la del segundo asalto. Y es que Febrero ya estaba asomando la cabeza...
Y volví a hacerlo, volví como el que se va sin irse, eso de nos cubre el hielo de un silencio aterrador, mejor lo rompo yo.
Hablo de cómo esa noche había mandado a la mierda al (des)amor de mi vida por alguien que me alegra la vida. Que me alegra la vida pero paradójicamente esa noche la entristece como nunca.
A veces hablábamos de nuestra perpendicularidad aunque siempre fuéramos paralelos. Por eso de que no sé articular palabra en…

no te tenía a ti, pero esa noche estabas a dos pasos.

Cuando el silencio se rompe porque no tiene valor, porque las palabras ya no son importantes. Cuando el hecho de hablar sin decir no trasciende y ni siquiera se intenta.
Cuando el deseo cambia. Cuando no hay nada y puedes tenerlo todo.
Hace bastantes días que tu nombre no se cuela en mis escritos, aunque en realidad nunca hayas dejado de estar entre mis letras. A veces el pasado me asalta una tarde de martes imposible sin tu voz.
A veces, me asaltas tú y no eres pasado ni es martes, ni siquiera es imposible sin su voz. Podría decir que ser feliz nunca había resultado tan fácil. Como querer no enamorarse y hacer el amor en cada roce. Como volverse imprescindible sin llegar a enredarse con los hilos de otra vida. Como un corazón hundido salvado por los ecos de otro náufrago. Como no pedir que te quedes y prometas que no te irás. Y es que tal vez... tal vez necesite tu amor.
Lo siento, a ti no he encontrado otra manera de decírtelo. Que el miedo empieza a empaquetar sus cosas y todo lo q…

tú decides.

Acababa de cruzar el umbral de la puerta que separaba aquel oscuro bar del frío invernal que se colaba en los vaivenes; y las visagras chirriaron cuando se cerró la puerta detrás de sí por el aire.
El hombre sentado al fondo de la barra clavó sus ojos en ella. En ese mismo instante lo supo. Su mirada perdida, entre el hielo y el whisky del vaso, desapareció y unos ojos como platos se revelaron ante el descubrimiento de la aparición de esa figura casi angelical. Lo supo como cuando sabes de forma inconsciente que eso que buscabas sin saber, es lo que tienes delante de las narices. Y la encontró como si en ese momento le desvelaran el secreto de su existencia, como si aquello invisible se tornara ahora visible solo a sus ojos. Como cuando estás perdido y encuentras justo eso que buscabas. Nadie excepto aquel se había percatado de su presencia. Su forma de mirarla era molesta, hacía que se sintiera intimidada e incómoda. El camarero se le acercó y le preguntó qué querría tomar. Ella ech…

distraídos de las maravillas que tal vez podríamos haber creado.

Yo buscaba guerra. Tú buscabas huir.
Yo te atrapé. Tú me derrotaste.
Historias paralelas de amores diferidos.
Y ahora: reconstruir.
Sonrisas que decoran el ánimo y frases para quedar bien. Aquí viene uno más.
Feliz 2013.
No sé si quieres dormir conmigo, no sé si quieres que sea tu abrigo, no sé qué cojones hacer contigo. Porque Noviembre me mintió y aunque Diciembre tenía todas las letras, no te tenía a ti.
Descubrí que lo de cambiar tu negro por su azul no era una broma. Y el hecho de que me habías dejado de hacer falta era algo ineludible e irrefutable.
Siempre había creído, por alguna extraña razón que no llego a comprender, que Stand by te hacía pensar en ella. Esa que te trastocó la vida, como tú me la trastocaste a mí.
Suponía que bebías rubia la cerveza para acordarte de su pelo. Pero el cuarto movimiento con su realidad, me dijo que a la vida era lo único que le da sentido. Dejarse enloquecer, destruir y perder. Y de esa forma tú le diste sentido a mi vida igual que ella se …

ni siquiera tú.

Llevo toda la tarde intentando escribir esto. La verdad es que me han ido sucediendo una serie de cosas que me hacían cambiar todo lo que había escrito. Así que esta es ya la cuarta que borro y la quinta entrada que redacto y no sé exactamente qué voy a decir.
Nunca tan cerca de un te quiero y nunca tan lejos de un yo no.
Este año habla de rendiciones, de arriesgar y perder. De las dudas en primavera, del frío en verano, de volverte a ver en otoño y fundirse en invierno. Que seguir en el tejado hablando con la luna nunca había sonado tan bien. Aunque ya no seas tú el que sube las escaleras. Aunque ya no las suba nadie.
Y la verdad es que me gustaría acabar esto con un mensaje alentador. Con una pizca de esperanza.
Pero la extraña soy yo... Y no sé.