pero no me rompas los esquemas si no me vas a romper las medias.

El dolor se clavó en medio del esternón. Las lágrimas del jueves por la noche se condensaron y se disiparon cubriendo las calles. El frío las inmortalizó y el viernes amaneció helado.
Inventé eso de que el hielo era un buen augurio solo para crear una falsa sensación de seguridad. A estas alturas, todos sabéis que el único buen augurio es la nieve. Y el hielo es lo más parecido a la nieve, así que me aferré a esa idea con todas mis fuerzas. En mi cabeza bailaba la canción de antaño, la del segundo asalto. Y es que Febrero ya estaba asomando la cabeza...
Y volví a hacerlo, volví como el que se va sin irse, eso de nos cubre el hielo de un silencio aterrador, mejor lo rompo yo.
Hablo de cómo esa noche había mandado a la mierda al (des)amor de mi vida por alguien que me alegra la vida. Que me alegra la vida pero paradójicamente esa noche la entristece como nunca.
A veces hablábamos de nuestra perpendicularidad aunque siempre fuéramos paralelos. Por eso de que no sé articular palabra en los momentos clave y lo echo todo a perder en cuestión de impulsos. Que si por un lado el silencio grita en todas partes, por el otro la garganta no deja de anudar los hilos de las cuerdas vocales. Y no lo deshagas, que desgarra.
Principios convertidos en final y otra vez la misma historia con distinto personaje. Que no, que no quiero, que ya he tenido suficiente.
Que estoy cansada de intentos que no salen bien y cierran de un portazo la puerta del coche.

Comentarios

  1. Perpendiculares y paralelos, una expresión muy chula.
    No cierres la puerta de ningún coche ni tampoco la de casa. Podrías perderte el abrazo eterno.
    Beso

    ResponderEliminar

Publicar un comentario