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Mostrando entradas de diciembre, 2012

¿y qué más da...?

Otra vez detestando el roce del aire en mi cuello y pidiéndome las estrellas. Pero las estrellas no se pueden regalar aunque nos sobren los motivos y vuelves a las andadas mientras el cielo se pone tonto. Será porque no salen de mí estas ganas de nada menos de ti.
Buscando coordenadas exactas de desencuentros coincidentes, acabamos como siempre con el nunca. O como nunca con el siempre.
Yo out of reach y tú ofuscado porque puedo ser sin ti y soy.
Que "si me quiere, me buscará" y eso pensamos los dos a sabiendas que ninguno hará nada.
Yo porque ya he hecho más de lo posible en buscar y tú porque te estancas en nuestra imposibilidad de querer.
La cagas y vuelves a cagarla. Y después de tantos controla un poco, corazón, a mí ya me da igual. Que si no estás, mejor. Entiéndeme como yo entendí que tu forma de quererme eran las mil formas de perderme. Y déjame buscar los puntos finales entre los suspensivos que te esfuerzas en ir añadiendo.
Que desde hace tiempo, si me permites…

y cuando la luna empiece a bostezar, se te escapará el amor entre los acordes de la canción que nunca pudiste escribir.

Ayer llegó el invierno con su solsticio. Y también tenía que llegar el fin del mundo. Pero llegaste tú.
Otra vez detestando el roce del aire en su cuello y pidiéndole las estrellas. Pero las estrellas no se pueden regalar aunque os sobran los motivos y vuelves a las andadas mientras el cielo se pone tonto cuando ella arranca a bailar en el jardín de tus ojos.
Será porque no salen de mí estas ganas de nada menos de ti. Que la verdad es de Dios y del Diablo la razón.
- Yo siempre había preferido ser hipótesis que certeza.
- Fuera tapujos, que si te rompes ya te arreglaré.
El viento arremolina arco iris y sombras en las esquinas. Entiéndeme como yo entendí que tu forma de quererme eran las mil formas de perderme. Y déjame buscar los puntos finales entre los suspensivos que te esfuerzas en ir añadiendo.
- Pídeme besos, que a mí siempre me quedan.
- Pero eso sería avanzar p'atrás...
y yo no soy un cangrejo.

bienvenidos al club de los corazones engañados.

He vuelto a perder los papeles (si es que los tenía) o quizás me haya vuelto a engullir la fuerza de tu centro gravitacional. No lo sé.
Pero qué lejos estamos... y yo he vuelto a apostar más de la cuenta. Miedo y ganas a partes iguales. Volveré a arruinarme o reinaré sobre nuestra ruina. Y aún a sabiendas que es más probable la primera, aquí estoy...

Esperando el día ciento ochenta y ocho.

miedo al desastre volcado en un extremo del edredón.

Me paseo por los tejados bordeando los canalones. Tamborilean las ideas mientras bailo con las dudas. Y un trago por cada luna.
En el solsticio de invierno se acabará el mundo, pero nos cogerá en el campo de plumas.
Que no me hablen de temperaturas si no han sentido tu piel sobre sus huesos. Que no me cuenten de oscuridad si no han caído en el abismo de tus pupilas. Que no me digan de los silencios si nunca los han gritado. ¿Qué sabrán de esperanza si no se han colado en mi iris? ¿Qué sabrán de Nada, si nada es todo y todo es nada?
Que no digan las perritas falderas que soy gata maula. Que se callen,que las perras solo ladran.
Y yo... voy y vengo cuando me da la gana.
Yo araño tu espalda y estremezco tu corazón con mis garras.
Te sobresaltan los sentimientos y los ahogas en un aullido. ¿Cómo piensas cerrar tus cicatrices si tienes heridas nuevas? Ay, Amor, no has aprendido bien las reglas.
¿Sorprendido?
El juego acabó jugando mejor que tú. Vete, no te he pedido que te quedes. Y no…

he's not perfect, but he's all I want.

Nos hemos roto. Sí, los dos.
Empezamos a cosernos las heridas en Julio (o quizás era Agosto), fue de esas casualidades que te salvan la vida. La persona adecuada que aparece justo en el momento oportuno. Decía que yo era su salvación, lo que no sabía era que, en realidad, era mi salvación. Y me salvó.
Se convirtió en mi sonrisa y se colgó de mis pensamientos. Se reía de mí y de mi torpeza. Me decía que era el caos perfecto. Le contaba que mi espacio vacío era tan enorme que no se llenaba con nada. Y me ahogaba. Él se esforzaba en hacerse cada día un poco más grande y devolverme el aire que me hacía falta. A veces, incluso más.
Me pintó los días grises con sus tonterías y me apartó de la autodestrucción. Me cuidó como si de verdad importara y fue llenando mi vida. Primero con un gorro de paja correteando por un parque entre conciertos, después con una botella de vodka (que no era de ninguno de nosotros dos) en la playa una noche con niebla, más tarde inventamos eso que llamábamos &quo…

que muero porque enciendas el mar de mis labios o puede que toda mi escalera.

Tengo tantas cosas que decir y tan pocas maneras de hacerlo que me encuentro repetitiva.
Que empiezan a sonar los primeros acordes de I don't give up y todo lo malo parece desaparecer dejándome en una paz inhumana. Me teletransporta a principios de Abril, dejándome unos labios rojos con ganas de amor.
Podría contar la forma en la que me liberé del vacío, aunque no estoy muy segura de cómo lo hice y a veces todavía creo que no lo he acabado de lograr. Pero sí podría afirmar con absoluta certeza que dejar de esperar algo que daba por hecho que no iba a ocurrir hizo que ocurriera. Que si M no va al mar, el mar va a M. Aunque no quiero quitarle méritos al señor Olvido y por supuesto a las catorce vidas que me quedan por vivir.
 Y que ahora, me encuentro en un momento plácido aunque a veces la cosa va mal porque me da por esperar. Y ya se sabe, las cosas empiezan a ir mal cuando uno comienza a esperar algo de alguien ycuando el mar está aparentemente en calma, esconde muchas corriente…

casi no recuerdo que te había olvidado.

Diciembre llama a la puerta y me trae una carta de Noviembre:

Mi querida Alexandra, no me he podido despedir de ti. Me he ido por la puerta de atrás porque no he sabido cumplir mis deberes. Sé que me llamas el mes del Amor y sé que te he decepcionado. La verdad es que Nostalgia se apoderó de mí durante más de la mitad y sé que no es excusa. Tú no te merecías eso. Tú merecías el mes del Amor. Y aunque empecé bien, aunque crucé un par de vidas con la tuya, no lo he conseguido. No supe ver que lo que en realidad querías era lo que tenías. Se rompió la cadena que ataba el reloj a las horas y volaste. Por eso te traigo a Diciembre, sabrá hacerte feliz. Al menos le he dejado instrucciones para que lo haga. No olvides todo lo que aprendiste conmigo sobre casas blancas, buganvilias y celos de hojalata, primeras discusiones y primeros despertares, principios de infinito y maneras que apuntan a final. Recuerda eso de compartir cama sin compartir corazón y doblarse antes que partirse. Te dejo con…