¿y qué más da...?

Otra vez detestando el roce del aire en mi cuello y pidiéndome las estrellas. Pero las estrellas no se pueden regalar aunque nos sobren los motivos y vuelves a las andadas mientras el cielo se pone tonto. Será porque no salen de mí estas ganas de nada menos de ti.
Buscando coordenadas exactas de desencuentros coincidentes, acabamos como siempre con el nunca. O como nunca con el siempre.
Yo out of reach y tú ofuscado porque puedo ser sin ti y soy.
Que "si me quiere, me buscará" y eso pensamos los dos a sabiendas que ninguno hará nada.
Yo porque ya he hecho más de lo posible en buscar y tú porque te estancas en nuestra imposibilidad de querer.
La cagas y vuelves a cagarla. Y después de tantos controla un poco, corazón, a mí ya me da igual. Que si no estás, mejor. Entiéndeme como yo entendí que tu forma de quererme eran las mil formas de perderme. Y déjame buscar los puntos finales entre los suspensivos que te esfuerzas en ir añadiendo.
Que desde hace tiempo, si me permites, todo me sale genial.
Todo va fenomenal.

y cuando la luna empiece a bostezar, se te escapará el amor entre los acordes de la canción que nunca pudiste escribir.

Ayer llegó el invierno con su solsticio. Y también tenía que llegar el fin del mundo. Pero llegaste .
Otra vez detestando el roce del aire en su cuello y pidiéndole las estrellas. Pero las estrellas no se pueden regalar aunque os sobran los motivos y vuelves a las andadas mientras el cielo se pone tonto cuando ella arranca a bailar en el jardín de tus ojos.
Será porque no salen de mí estas ganas de nada menos de ti. Que la verdad es de Dios y del Diablo la razón.
- Yo siempre había preferido ser hipótesis que certeza.
- Fuera tapujos, que si te rompes ya te arreglaré.
El viento arremolina arco iris y sombras en las esquinas. Entiéndeme como yo entendí que tu forma de quererme eran las mil formas de perderme. Y déjame buscar los puntos finales entre los suspensivos que te esfuerzas en ir añadiendo.
- Pídeme besos, que a mí siempre me quedan.
- Pero eso sería avanzar p'atrás...
 
y yo no soy un cangrejo.

bienvenidos al club de los corazones engañados.

He vuelto a perder los papeles (si es que los tenía) o quizás me haya vuelto a engullir la fuerza de tu centro gravitacional. No lo sé.
Pero qué lejos estamos... y yo he vuelto a apostar más de la cuenta. Miedo y ganas a partes iguales. Volveré a arruinarme o reinaré sobre nuestra ruina. Y aún a sabiendas que es más probable la primera, aquí estoy...

Esperando el día ciento ochenta y ocho.

miedo al desastre volcado en un extremo del edredón.

Me paseo por los tejados bordeando los canalones. Tamborilean las ideas mientras bailo con las dudas. Y un trago por cada luna.
En el solsticio de invierno se acabará el mundo, pero nos cogerá en el campo de plumas.
Que no me hablen de temperaturas si no han sentido tu piel sobre sus huesos. Que no me cuenten de oscuridad si no han caído en el abismo de tus pupilas. Que no me digan de los silencios si nunca los han gritado. ¿Qué sabrán de esperanza si no se han colado en mi iris? ¿Qué sabrán de Nada, si nada es todo y todo es nada?
Que no digan las perritas falderas que soy gata maula. Que se callen, que las perras solo ladran.
Y yo... voy y vengo cuando me da la gana.
Yo araño tu espalda y estremezco tu corazón con mis garras.
Te sobresaltan los sentimientos y los ahogas en un aullido. ¿Cómo piensas cerrar tus cicatrices si tienes heridas nuevas? Ay, Amor, no has aprendido bien las reglas.
¿Sorprendido?
El juego acabó jugando mejor que tú. Vete, no te he pedido que te quedes. Y no me vengas con esas de i'ts too cold outside for angels to fly; que, mi querido lobo, estás muy lejos de ser un ángel.
Hace tiempo que dejé de creer en tu salvación, lo que quiero es tu rendición. Y me voy, cuando la mariposa se posa en mi nariz y aletea una brisa con olor a narcisos.
Mientras le veo las orejas al lobo de tu ausencia, me dice que él es más de ahogarse que de apagarse,
 
y yo después de arder, echo a volar.

he's not perfect, but he's all I want.

Nos hemos roto. Sí, los dos.
Empezamos a cosernos las heridas en Julio (o quizás era Agosto), fue de esas casualidades que te salvan la vida. La persona adecuada que aparece justo en el momento oportuno. Decía que yo era su salvación, lo que no sabía era que, en realidad, era mi salvación. Y me salvó.
Se convirtió en mi sonrisa y se colgó de mis pensamientos. Se reía de mí y de mi torpeza. Me decía que era el caos perfecto. Le contaba que mi espacio vacío era tan enorme que no se llenaba con nada. Y me ahogaba. Él se esforzaba en hacerse cada día un poco más grande y devolverme el aire que me hacía falta. A veces, incluso más.
Me pintó los días grises con sus tonterías y me apartó de la autodestrucción. Me cuidó como si de verdad importara y fue llenando mi vida. Primero con un gorro de paja correteando por un parque entre conciertos, después con una botella de vodka (que no era de ninguno de nosotros dos) en la playa una noche con niebla, más tarde inventamos eso que llamábamos "cochear" y por último, descubrir pueblos alejados de la mano de Dios por caminos que ni siquiera tenían luz. Pero ¿quién necesita luz, teniendo a la luz que alumbra tu vida al lado? Para esos entonces ya no había huecos, ni espacios, ni vacíos. Me regalaba compañía y me hacía feliz. Eso era impagable. Él era eso que le faltaba a mi vida.
Nos habíamos cosido las pieles y, aunque ya no eran visibles, compartíamos heridas. Nuestros corazones tenían cicatrices parecidas.
Había creado algo de la nada. Había creído en mí y me había querido, incluso cuando yo había dejado de hacerlo. Solía decirme que siempre estaba a la defensiva. Yo solía decirle que perro ladrador, poco mordedor.  Y ahora el fuego del infierno ya es solo humo.
Y siempre he pensado que a buen entendedor pocas palabras bastan.

Será que no entiendo. Será que no soy buena. Y mucho menos buena entendedora. O quizás es que pocas palabras no bastan. Quizás las palabras nunca han bastado (ya lo decían los poetas del siglo pasado: imposibilidad del lenguaje).
Pero es el mejor amigo que tengo y que quizás haya tenido nunca. Solo tendremos que volver a coser(nos). Si quieres, claro.

Sé que no soy fácil, que a veces manda huevos.

que muero porque enciendas el mar de mis labios o puede que toda mi escalera.

Tengo tantas cosas que decir y tan pocas maneras de hacerlo que me encuentro repetitiva.
Que empiezan a sonar los primeros acordes de I don't give up y todo lo malo parece desaparecer dejándome en una paz inhumana. Me teletransporta a principios de Abril, dejándome unos labios rojos con ganas de amor.
Podría contar la forma en la que me liberé del vacío, aunque no estoy muy segura de cómo lo hice y a veces todavía creo que no lo he acabado de lograr. Pero sí podría afirmar con absoluta certeza que dejar de esperar algo que daba por hecho que no iba a ocurrir hizo que ocurriera. Que si M no va al mar, el mar va a M. Aunque no quiero quitarle méritos al señor Olvido y por supuesto a las catorce vidas que me quedan por vivir.
 Y que ahora, me encuentro en un momento plácido aunque a veces la cosa va mal porque me da por esperar. Y ya se sabe, las cosas empiezan a ir mal cuando uno comienza a esperar algo de alguien y cuando el mar está aparentemente en calma, esconde muchas corrientes submarinas.
Así que llegados a este punto, es cuando lleno mi propio océano con lluvia que cae de mis pestañas que la sujetan cual toldo, y me repito eso que pasó.
Y en el momento exacto en el que dejé de negar lo que era, cuando dejé de negarme y lo asumí, y me asimilé. Cuando me liberé. Cuando decidí que podía ser sin ti. Cuando me reinventé y me encontré trenqueando entre recovecos de los portales anunciando un frío que cala hasta los huesos, como nuestro amor. Cuando las hojas que caían a su paso se ondularon con los rizos de su pelo y el viento huracanado de un sospechoso Otoño parecía volver sin mariposas. Cuando miré a esa chica en el espejo con un abrigo dos tallas más grande, con un café en la mano, echando vaho de su boca y jugando con la mente aposté su edad y me di cuenta de que esa era yo... Me di cuenta de lo mucho que había cambiado. Y crecido. De lo lejos que estaba de todo aquello y todos aquellos. De lo muy por encima que me sentía respecto a esas minucias que en realidad no importaban y nunca habían importado.
He roto con todas las cadenas. (O, al menos, unas cuantas).
Y ahora, Paradise, que me salvó de ese Marzo envenenado por Febrero, me devuelve a la realidad de un Diciembre que apunta maneras de Diciembre mágico.
Que los viajes solo están bien, pero que la respuesta no es la huida. Menos cuando volver es llegar.
Y eso implica dejar la búsqueda porque me he encontrado. En el lugar donde siempre estuve y del que nunca me fui.

 Que estoy en el tejado esperando a ver si llegas tú.

casi no recuerdo que te había olvidado.

Diciembre llama a la puerta y me trae una carta de Noviembre:

Mi querida Alexandra, no me he podido despedir de ti. Me he ido por la puerta de atrás porque no he sabido cumplir mis deberes. Sé que me llamas el mes del Amor y sé que te he decepcionado. La verdad es que Nostalgia se apoderó de mí durante más de la mitad y sé que no es excusa. Tú no te merecías eso. Tú merecías el mes del Amor. Y aunque empecé bien, aunque crucé un par de vidas con la tuya, no lo he conseguido. No supe ver que lo que en realidad querías era lo que tenías. Se rompió la cadena que ataba el reloj a las horas y volaste. Por eso te traigo a Diciembre, sabrá hacerte feliz. Al menos le he dejado instrucciones para que lo haga. No olvides todo lo que aprendiste conmigo sobre casas blancas, buganvilias y celos de hojalata, primeras discusiones y primeros despertares, principios de infinito y maneras que apuntan a final. Recuerda eso de compartir cama sin compartir corazón y doblarse antes que partirse.
Te dejo con veinte años y catorce vidas más. 
Adiós pequeña.
Volveré dentro de un año.
Tu Noviembre.
 
Mis ojos humedecidos conmueven a Diciembre que, alargando sus brazos, me estrecha. No te preocupes, me susurra al oído, a partir de ahora todo irá bien.
Y sé que es cierto porque, aunque no lo sabe, Diciembre es el único mes que tiene todas las letras.
Yo casi no recuerdo que te había olvidado y empiezo a ronronear. Acaríciame el costado. Muérdeme el cuello. Anúdame la garganta. Hazme mentira y créame un espejismo paradisíaco rodeado de niebla para que nadie nos vea. Imaginemos juntos el mejor anacronismo de la historia.