miedo al desastre volcado en un extremo del edredón.

Me paseo por los tejados bordeando los canalones. Tamborilean las ideas mientras bailo con las dudas. Y un trago por cada luna.
En el solsticio de invierno se acabará el mundo, pero nos cogerá en el campo de plumas.
Que no me hablen de temperaturas si no han sentido tu piel sobre sus huesos. Que no me cuenten de oscuridad si no han caído en el abismo de tus pupilas. Que no me digan de los silencios si nunca los han gritado. ¿Qué sabrán de esperanza si no se han colado en mi iris? ¿Qué sabrán de Nada, si nada es todo y todo es nada?
Que no digan las perritas falderas que soy gata maula. Que se callen, que las perras solo ladran.
Y yo... voy y vengo cuando me da la gana.
Yo araño tu espalda y estremezco tu corazón con mis garras.
Te sobresaltan los sentimientos y los ahogas en un aullido. ¿Cómo piensas cerrar tus cicatrices si tienes heridas nuevas? Ay, Amor, no has aprendido bien las reglas.
¿Sorprendido?
El juego acabó jugando mejor que tú. Vete, no te he pedido que te quedes. Y no me vengas con esas de i'ts too cold outside for angels to fly; que, mi querido lobo, estás muy lejos de ser un ángel.
Hace tiempo que dejé de creer en tu salvación, lo que quiero es tu rendición. Y me voy, cuando la mariposa se posa en mi nariz y aletea una brisa con olor a narcisos.
Mientras le veo las orejas al lobo de tu ausencia, me dice que él es más de ahogarse que de apagarse,
 
y yo después de arder, echo a volar.

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