nada en el mundo me gusta más que abrazarte.

Dos años de felicidad intercalada y desconfiadas miradas.
-o algo así he querido entender de Antonio-
 
Estaba de acuerdo en casi todo,
en lo de interrumpir historias de amor,
en lo de reventar a cualquiera que se pudiera poner encima de ti,
en lo de hacer nudos en el corazón...

No sé, la mañana olía a ti
y eso que nunca te había rozado desde esta canción.

Lo que tengo claro es que si quieres encontrarme
debes buscarme en el primer verso de la segunda estrofa,
ahí donde pone una rosa ha nacido entre mis manos.

No hace falta que lo entendáis,
solo mi padre puede hacerlo porque yo siempre he sido, en esa canción, su rosa.
Y ni siquiera él ha podido lidiar con mis espinas,
así que tampoco espero que vosotros lo hagáis.


Sigo empezando historias por miedo a que alguna acabe conmigo.

Sigo desordenando sábanas distintas por miedo al ruido sordo de mi cama hecha.

Es que lo de compartir colchón sin amor tampoco está tan mal.


Verás, es que ya he gastado seis vidas
y solo puedo morir una vez más.
 

Por eso, ahora, voy con pies de nube
y con el corazón encapotado.

Por eso, ahora, voy dejando
lluvias esporádicas para llenar el vaso
que sigo viendo medio vacío.


Hubo un tiempo en el que creí que el amor era dejarse 'olvidado' el jersey o el anillo o los pendientes o cualquier otra cosa, para así tener siempre una excusa y poder volver.
No ha sido hasta ahora que me he dado cuenta que, precisamente, el amor es no necesitar excusas.

El amor es algo constante que pasa por encima de todo y que, cuando se vuelve intermitente, deja de serlo.

El amor es como el coraje,
pero multiplicado por infinito.

El amor son ganas incombustibles.

Y ya.

 
Y tú, ¿eres incandescente?
 
dime, ¿derrites espinas?

1 comentario:

  1. "Precisamente, el amor es no necesitar excusas" creo que con esa magistral frase se resume todo...

    Aunque siempre es nuestra mejor excusa para escribir.

    Abrazos.

    ResponderEliminar