una de las mejores sensaciones en la vida es abrazar a alguien después de haberlo extrañado tanto.

El frío acuchillaba su cara,
era una mañana negra
una lluvia en los semáforos rojos
y una chica triste sin rostro.

Como una gata sin tejado
como un vagabundo sin mundo
como un latido sin corazón.

Con la boca llena de vida
el pelo al viento
y el vestido por la cintura
echaba a correr por los campos de amapolas.

Después creció,
subía al escenario con el moño apretado
y te hacía creer
en la magia y en ella
que vienen a ser lo mismo

porque no hay nada más mágico que el puto milagro que supone que exista 
-robándole el verso a Escandar-

y verla levantar los brazos,
pestañear con las legañas enganchadas a los párpados
y cambiarnos la muerte.

A ti,
a mí,
a ella,
y a todas.

Gracias Eme,
y ojalá pudieras quedarte, 
pero la vida tiene sus fases

Si la ves, abrázala por mí y por todo el tiempo que la extrañaré 
y fíjate en sus pies, 
puede que estén diciendo
apriétame más.

Adiós dos mil trece,
yo me quedo 
con un hombro en el que clavar los dientes cuando el mundo se viene abajo,
con un amor que me besa las rodillas para ahuyentar las dudas
y que pone mis canciones -aunque no le gusten- para oírme cantar y sobretodo
para verme feliz.

Comentarios

  1. :-) y que lo malo se lo haya quedado el dos mil trece.

    Salud y buenos versos.

    Abrazos.

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