ni yo soy para ti, ni tú para mí.

Me hablabas de realidades paralelas y amores diferidos mientras yo quería agarrarte de la nuca y clavarte en mi presente.
Me decías eso de que no necesitabas verme para saber que estaba contigo, pero yo quería un amor de verdad, de esos que se necesitan hasta para respirar.
Supongo que sigo teniendo complejo de Oxígeno.

Mientras el sol salía y se ponía. La lluvia paseaba por calles mojándolas con nuestras ausencias. Y a pesar de que las estrellas me advirtieron sobre la luna, ya sabes, más guapa que ninguna me quedo con ella otra vez, así que no la busques esta noche en el cielo, que está conmigo.

Me engañabas cuando sentada encima de ti me hacías sentir la reina del mundo. Que no de todo el mundo, pero sí del tuyo. Y, ya ves, ni eso.
Que entre tu boca y el volante, siempre elegí morir de ti.

Ahora me pregunto dónde se habrán metido esos amaneceres que nos querían ver despertar en la misma cama, en los mismos brazos, en los mismos besos.
Dónde nos habremos metido tú y yo, que ya no nosotros.
Que yo puedo seguir tachando Abriles -todos los meses que no estás son Abril para mí-. Pero entonces tú no te enfades si en medio de Junio provoco una tormenta de esa primavera que quiere seguir siendo invierno. Porque a nadie -ni siquiera a ti- le gusta meterse en cama solo cuando el frío aprieta. Que frío es no tener tus abrazos y que tú de apretar sabes más que los nudos de las cuerdas que nunca atamos.

Es el amor, tendré que ocultarme o huir.
Yo creo que tengo el alma escondida detrás del esternón porque duele al respirar.
Pero al final te das cuenta de que la culpa no es de la primavera, sino de los capullos que no florecen.
O lo que es peor,
que florecen a destiempo
y entonces ya es demasiado tarde.
Porque no hay nada peor que un demasiado tarde.

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