pero es el precio que estoy dispuesta a pagar por estar contigo.

Cada paso sigue costando dos millones de sonrisas rotas,
y ahora ya solo me quedan dos ojos alegres
que me incitan a seguir dando pasos.

Dicen que la tristeza se irá si consigo andar lo suficiente para llegar al punto de no retorno.

Cuentan que ese punto está lleno de besos
y de goteras.
Pero que el sol brilla aunque esté el cielo encapotado
y las mejillas amanecen coloradas de haber pasado toda la noche riendo.

La ciudad se bloquea ante el laberinto de mi cabeza
es él que sigue aullándome
pero yo no quiero volver.

La noche eterna ha llegado a su fin
o igual es que me he vuelto loca del todo,
que veo espejismos entre tanta opacidad acuática
y que oigo ruidos entre tanto silencio.

Pero ¿quién lo puede explicar sin romper espejos?
que no conseguirás desaparecer, solo es un reflejo y, bueno,
luego te quedas con la mala suerte durante siete años.

Nunca me haces caso, al menos escúchame:
sigo siendo una isla, pero no me muerdas,
tus ganas de nadar no son algo que pueda contagiarse.

Y a las islas,
ya sabes,
nos gusta más estar solas.

Aunque contigo haré una excepción.

Por mí, puedes naufragar en todas las playas que quieras,
tienes permiso para usar todos los recursos naturales a tu alcance en tu beneficio.
Poner un mirador en el este para ver salir el sol y saber que eres tú.
Construir una muralla en el sur que nos proteja de los vendavales y mezclar nuestros insomnios.
Instalar en el norte una alarma que suene cuando empiece a conspirar y evitar la revolución.
Montar un refugio en el oeste y quedarte a vivir ahí,
con todos mis atardeceres.

Pero por si acaso te vas,
como única condición,
llévate las bolsas de ansiedad
y cámbialo todo de lugar.

-ya sabes,
así estaré entretenida ordenando mi isla
y ubicando mi vida-

1 comentario:

  1. Creo que no hay nada más grande y más significativo que alguien te deje naufragar en sus costas...

    Abrazos.

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