son tus flores favoritas.

Eso de 'piérdete,
pero conmigo'
sucede cuando después de contar setecientas veinte veces que se asoma la luna,
te asomas tú con un invierno inesperado que llega en pleno agosto.

¿Cómo no iba a mirarte? Si diciembre eres tú.

Apartas al verano -y a sus amores-;
traes de la mano al otoño y dices que tú y yo solo sabemos llovernos
así que pido perdón a todas las personas del planeta por haberos robado el sol
pero es que no sabéis lo necesarias que son las tormentas
por lo mucho que dolía esta sequía.

Ya sabéis que el mar ayuda a cerrar heridas, pues no os podéis ni imaginar cómo cura nuestra locura:
bañados en salitre aprendimos a romper las olas de la forma más bonita
-con nuestros cuerpos desnudos-

Y el balanceo de la luna, que estaba preñada, reflejada sobre agua salada, nos miraba como quien mira a sus retoños cuando consigue unirlos después de echar al sol setecientas veinte veces.

Nos encuentra de espaldas por haber cogido caminos opuestos que nos alejaran.
Pero la tierra es redonda, igual que un círculo vicioso, igual que un pez que se muerde la cola.
Y ahí estábamos, rozándonos la piel sin vernos y sin sabernos nosotros.

Y nosotros, como demiurgos, como si el mundo pendiera de un hilo y ese hilo estuviera sujeto a nuestras manos. Como si fuésemos los elegidos, Adán y Eva. Como si fuésemos el principio universal de la vida o de la muerte
-qué más da-
era tan onírico que casi confundo mis ganas de no soñar más con las tuyas de no querer despertar.

Y así, el destino nos volvió a poner en el inicio a quinientos cincuenta quilómetros del origen.

No sé, quizás me lío con los números, ya sabes que yo soy de letras.
Pero a la tercera va la vencida, ¿no?

Qué bonito esto de reincidir.

Y que, no me entenderéis, pero tampoco hace falta:
porque algunos todavía dudan si vas a volver
y yo ya te estoy besando como si nunca te hubieses ido.

No olvides que si te acaricio la espalda
es con la esperanza de que te salgan alas
y decidas echar a volar
conmigo,

porque el amor siempre será lo que tú quieras que sea.

-para mí, es dejarse olvidado el jersey, los pendientes
o el corazón
en un coche, en una cama
o en la casa cerca del mar con buganvilias-

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