suaves caricias que erizaban la piel.

Andrés nos jodió cuando dijo que podía hacer el verano algo más largo.
No soporto las cosas eternas. Ni siquiera las que duran más que un rato,
demasiado.

Luego apareces tú y me dices que te quedas si nunca acaba el verano.
Pero el verano acabó hace más de un mes y tus maletas siguen vacías encima de mi armario.
A veces me miras y sonríes como si supieras que odio que estés pero quiero que sigas estando. Verás, es que me mata el mismo sol que a ti te alumbra y los días grises necesito que me abraces más fuerte.
Por eso mi regalo de despedida será una maleta gigante
conmigo dentro. 

No es que quiera irme contigo, es que quiero que me lleves a ver el mundo cogida de tu mano
-porque esta ciudad hace tiempo que se nos quedó pequeña para un amor tan grande-
y estar presente en todos los lugares que te hagan feliz para que algún día te des cuenta de que un lugar no puede hacerte feliz.
Una persona sí. 
Y, al final, acabes entendiendo que 
mi casa está donde estás tú.

Ahora parece que el otoño por fin ha llegado, con mis ganas de esconderme debajo del jersey de lana y compartir manta en el sofá, con su cielo encapotado aguando los cristales mientras me abrazas más fuerte que nunca, con su frío, su gris, su deshojar árboles de media sonrisa caduca con mis labios secos.

Justo ahora que tú 
has decidido 

quedarte

de forma
perenne.

Y a la mierda con las estaciones.

Comentarios

  1. :-) a veces en Otoño sobre un sofá y debajo de una mantita empieza la vida y se olvidan las estaciones.

    Caminar de la mano. ¿Hay algo más bonito?

    :-)

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