No soporto las cosas eternas. Ni siquiera las que duran más que un rato,
demasiado.
Pero el verano acabó hace más de un mes y tus maletas siguen vacías encima de mi armario.
A veces me miras y sonríes como si supieras que odio que estés pero quiero que sigas estando. Verás, es que me mata el mismo sol que a ti te alumbra y los días grises necesito que me abraces más fuerte.
Por eso mi regalo de despedida será una maleta gigante
conmigo dentro.
-porque esta ciudad hace tiempo que se nos quedó pequeña para un amor tan grande-
y estar presente en todos los lugares que te hagan feliz para que algún día te des cuenta de que un lugar no puede hacerte feliz.
Una persona sí.
Y, al final, acabes entendiendo que
mi casa está donde estás tú.
Ahora parece que el otoño por fin ha llegado, con mis ganas de esconderme debajo del jersey de lana y compartir manta en el sofá, con su cielo encapotado aguando los cristales mientras me abrazas más fuerte que nunca, con su frío, su gris, su deshojar árboles de media sonrisa caduca con mis labios secos.
Justo ahora que tú
has decidido
quedarte
de forma
perenne.
Y a la mierda con las estaciones.
:-) a veces en Otoño sobre un sofá y debajo de una mantita empieza la vida y se olvidan las estaciones.
ResponderEliminarCaminar de la mano. ¿Hay algo más bonito?
:-)