sigo en el puto proyecto de hacerme feliz.

Desde que no tengo vida social, porque me sacaron siete centímetros de las entrañas, que hablo mucho conmigo.

Me pregunto a menudo cómo estoy, a lo que suelo responder con un viva.
Me pregunto en qué pienso, y casi siempre la respuesta es en mí.
Me pregunto qué siento y nada porque la sístole no contrae suficientemente fuerte las arterias.
Igual un día de estos aparezco muerta por un infarto de miocardio y tengo que cambiar la respuesta a la primera pregunta.

Demasiadas preguntas para tan poca vida.

Verás, me digo, ahora sí que ya no puedes permitirte perder más tripas.
Es que yo antes de que me las extrajeran ya me las había dejado en tres asaltos. Y, bueno, esto quizás ha sido un aviso.

Supongo que el vacío del punto abierto frente a los tres de sutura no es más que una forma gráfica de resumir mi historia.
Nada y puntos suspensivos
Que esta herida que parece que nunca vaya a cicatrizar es como una exteriorización de mi corazón, 
pero sin el como. 

Entiende pues que no pueda enamorarme de ti. Pero sí te voy a querer como nunca he querido a nadie.
 Porque nunca he querido a nadie con el corazón por fuera, 
a flor de piel

Tampoco había besado a alguien que besara con los ojos abiertos como yo.
Y creo que eso es todo lo que me faltaba a mí para cerrarlos. 
Porque nunca había sentido la necesidad de hacerlo hasta que me encontré contigo.

Creo que, por primera vez, puedo bajar la guardia sin sentirme amenazada.

Verás, me digo, si vas a dejarte querer que sea por mí.
Es que yo ahora prefiero que me quieran.
A secas, 
como si fuera un desierto. 
y hasta el borde, 
como si fuera un precipicio. 

Y quizás no lo entendáis porque siempre he querido por encima de todas las cosas,
pero creedme que por debajo es más divertido.

A las piernas siempre les ha gustado hacer intercambio de pareja a los pies de la cama. Y a los pies anudarse con otros pies. Y, bueno, qué voy a contaros yo aquí de juegos divertidos que no sepáis.
Si, jugar, sabemos todos. 
Lo que no sabemos es querer.

Esta niña nunca va a llegar a nada, dijo mi yo del futuro cuando tenía cinco años.
Me encogí de hombros y empecé a engalanarme los tirabuzones.
Yo no quería llegar a nada, yo me pintaba mariposas en la cara y ya era feliz,
porque siempre tuve un aire de mariposa
y quería una vida como la suya:
llena de colores.

Ahora, me temo, que tenía razón.
Todo es demasiado gris y yo sigo en el puto proyecto de hacerme mariposa feliz.
Por eso he regresado a mi niñez.
Para robarme la ilusión que tenía a los cinco años y ponerla ahora en medio de esta metamorfosis.
He conseguido que una parte de mi niña vuelva conmigo al presente. 
Dice que lo hace para que no la eche en falta. No entiende que yo, simplemente, no la echaría de ningún modo.

1 comentario:

  1. Alguien dijo que nunca hay que matar al niño que llevamos dentro, porque sabía ser feliz con poco. Seguro que los colores vendrán a ti, al igual que van los versos. Todo es cuestión de tener paciencia y de que como dices, alguien te obligue, sin querer, a cerrar los ojos al besar.

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