en el disparadero.

Me preguntó cuánto.
Que cuánto valían las zapatillas para huir deprisa y los corazones de segunda mano.
No contesté. Yo tampoco lo sabía, Quique nunca lo dijo.
Pero ojalá.
Ojalá.

Ojalá no necesite abrir más la herida para encontrar las palabras que he perdido.
Hoy he leído a Mónica, y gracias. Por fin. Alguien que no soy yo dice lo que quiero escuchar.
Que no pasa nada y es lo mejor que podría pasar.
Que me he quedado sin palabras. Y qué bien.
Que lo deje estar. Que lo aproveche.

Que la realidad nunca será el deseo, pero será verdad.

Y yo me aferro a la verdad por encima de todas vuestras mentiras putrefactas. Por encima de todos vuestros gusanos burocráticos que no saben nada, ni soñar. Y que me perdone Valle por no citarle, pero que estoy hasta los mismísimos de todo y me siento una exiliada en mi propia tierra, como Cernuda.

Que alguien le pregunte a Quique si lo de veraneante accidental lo escribió por mí.

He vuelto tantas veces a la playa... Y nunca me he curado tanto como ese verano que apareció con el cargamento preciso de salitre y me acuchilló por la espalda.

Quizás ahora pueda responder, y decir que, al menos, como mínimo, valen tres vidas rotas.
Que algún día recopilaré todo esto, lo imprimiré y lo guardaré bajo llave.

Que solo hablaba de encender la escalera y el mar de tus labios. De habitaciones de hotel. De la chica de ayer. De rock&roll.

Que nunca quiso ser de nadie.

No sé, que a veces revoloteo y me rebelo contra todo.
Que hay quien todavía no sabe que el pasado no se rompe, queda intacto.
Que aparece una niña en su mente cada noche cantando sé molt bé que des d'aquest bar, jo no puc arribar on ets tu. Que se tumba en la cama y espera despierta a que llegues a casa.
Que por la rendija del buzón saca un dedo esperando que tú desde el otro lado lo cojas con fuerza.
Que por eso se rompe en pedacitos diminutos y después, desde la azotea, me dispara.

Decía que cuánto costaba salir corriendo o cuánto huir deprisa. Que cuánto por un corazón y cuánto por uno de segunda mano. Y todo esto ¿para qué? Si todos los caminos acaban en el disparadero con una bala en la cabeza.

Cómo explicarle a quien ya sabe que huir no es volver.

Resulta paradójico que quien te da la vida no te quiera en ella.


Que alguien se lo cuente a la niña, que yo no puedo.

Comentarios

  1. "A las tres de la mañana fuera de control..." Casi podía escuchar la canción mientras te leía.

    Es curioso como a veces, las letras que al que escribe matan, al que lee lo abrazan como tocando el botón exacto que nadie toca. Supongo que eso es lo que he sentido hoy al leerte.

    Eres muy grande. Siempre me dejas tocado al venir aquí. Casi nadie consigue eso.

    Me gustaría decirle a esa niña que no se preocupe, que al final todos los caminos te llevan a un lugar donde no hay balas, ni azoteas con destino al vacío...me gustaría curar sus lágrimas, prestarle el coche si necesita huir.

    Pero supongo que todos somos esa niña a veces y que todos necesitamos explotar para después renacer de las cenizas.

    Un abrazo infinito.

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  2. ''El pasado no se rompe, queda intacto.''
    Me ha marcado bastante esa frase, por el hecho de que yo misma soy una verdadera amante de echar la mirada atrás...
    Vi que comentaste hace unos años en un blog que abandoné y al echarle un vistazo a tus entradas, me han encantado. Te sigo <3
    Si tienes algún momento para leerme y comentar si te ha gustado, sería realmente feliz.
    Te dejo el enlace y tú decides.
    livingadream0.blogspot.com
    (o bien, el antiguo) bajoelcielodemoscu.blogspot.com

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