un otoño que busca un escenario que no sea una cama.

Me levanté con dos pestañas en la mejilla. En otro momento las hubiera soplado y habría pedido dos deseos, pero aquel día no.
Aquel día recordé cuando una mañana al despertar a tu lado me dijiste 'no te muevas', acercaste tu mano, me acariciaste con los dedos y cogiste la pestaña. Acto seguido la tiraste al suelo. Me escandalicé. Te creías demasiado mayor para pedir deseos, para creer en ciertas cosas. Lo que no sabías es que nunca se es demasiado mayor para dejar de creer en la vida. Para perder la fe y la esperanza.
Yo recordando el balanceo de tus pestañas sincronizado con el columpiar titilante de mis ojos, me percaté que en la oreja me faltaba algo, faltaba un pendiente. Como cuando los perdía después de (no)dormir contigo y a la mañana siguiente regirábamos las sábanas para encontrar la pequeña perla. O cuando me prometías que buscarías mis horquillas y mis gomas de pelo, aún a sabiendas que no las recuperaría nunca. Y de todo lo que perdí contigo, eso es lo de menos. Porque perdí el corazón y eso sí es irreemplazable.
Y así, sin darme cuenta, Septiembre sin ti se despide de mí. Último domingo. Ya ves, tampoco ha sido para tanto ¿no?

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