quizás en otro contexto hubiera significado que necesita irse lejos, al espacio, y disfrutar de las estrellas con los ojos cerrados.

Me da miedo la enormidad donde nadie oye mi voz. Me da miedo la insignificancia del ser humano frente a la grandeza del mundo.
Huele a tierra mojada, como cuando me miraste como si no lo hubieras hecho nunca.
La brisa te lleva y te trae, te remueve, te mezcla, te enreda. Si me sueltas entre tanto viento, ¿cómo voy a continuar? Así que cogí las cuerdas de los líos e hice un nudo fuerte para que no se perdieran.
Desanudas el silencio y sales por el conducto de ventilación rompiendo el sonido de mi garganta. Las cuerdas vibran y dices que vives en el eco de mi voz.
'¿Has llorado?' me pregunta entre líneas tu subconsciente mientras vas a oscuras. 'Me importas' respondo iluminando tu oscuridad.
No quiero un final feliz, solo quiero serlo.
Respiro y pienso en la fragilidad de la vida. En que hoy estás y mañana eres nada, solo un recuerdo dentro de esas mentes que luchan contra el olvido. Y tú... te deslizas como si fueras de viento y al contacto con mis dedos te desvanecieras.
Reapareces y desde mi ventana veo como el viento sacude las hojas de las palmeras.
Pienso en ti y en si es el aire de mis suspiros quien te ha devuelto a mí, que después de perderse en soplar tantas y tantas pestañas, tantos y tantos dientes de león pidiéndo(te) el posible y tan ansiado reencuentro, por fin me lo concede.
Dominas el viejo truco de nunca desaparecer y retrasas el momento de irte. Como si fueras tú el que ha sido siempre.
Debo admitir que la jugada es buena y que incluso puede que te deje ganar.
El contador se paró en siete mil doscientos cuarenta y cuatro. Fue el último infinito que me regalaste. Nada más.

Me moriré de ganas de decirte que te voy a echar de menos.

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