y si te vas, no vuelvas más.

Los ojos azules responden y las palabras se clavan como sus pupilas en todos mis puntos de inflexión.
'No te ofendas' dice. Y yo no pienso, se me nubla la mirada.
Me da igual, como todo lo demás, ha perdido importancia. Ahora nada es suficientemente importante para mí. No haría nada por nadie. Y lo siento, porque quizás él sí merecería que luchara un poco. Puede que algún día diga que sí o sea yo quien acabe recordándole su nuestra falta de tendenciosidad y la terapia pendiente (solo porque hace que mis ojos sigan destellando esperanza, porque mi naufragio sería más bonito en su iris y porque se empeña en ser una causa perdida).

Pero se desmenuzan los sueños. Insisto en no juntar los párpados. La mirada olvidada no me ha perdido. Aunque me ha recordado en la barra de algún bar.
Como cobarde que es siempre me deja a mí la parte difícil. 'Es incapaz' y le disparó en el corazón. Ya no llora y no está triste.
En el cielo ella vive libre y a mi alrededor solo hay gritos desesperados en contra del olvido. Suyos, míos, nuestros.
El veintiuno empezó con trescientos veintitrés y corroboró el infinito de nuestro final. Me recordó que, quien se quiere los domingos, es para siempre.
Y silencio.

¿Cuántas veces más tendrás que decirme adiós para darte cuenta de que, en realidad, no quieres irte?
El otro contador se paró el veintidós, con mi dos mil dos sin infinito. Mandó una misiva, no con ninguna intención, simplemente le contó que Octubre y la sonrisa a punto de cumplir los diecinueve (que ahora veinte) le echaban de menos.

Mientras uno se consume, otro resurge. Y es todo tan complejo... Que sí, sienta bien mirar al pasado cuando el futuro da miedo. Los sentimientos se me van de las manos. Ya no sé, ni quiero saber. Todo me da absolutamente igual. Me sigo aferrando a la vida, a la mía, que es lo único que tengo.
Y que amanezca si va a amanecer.

Pero soy como una muerta en vida, las ganas se han esfumado, no hay motivos y ya hace tiempo que dejé de buscar razones. Solo me queda leer entre líneas un te quiero disfrazado de adiós.
Y adiós.

Cierra la puerta al salir.
  
Me encontrarás en el fin del mundo.

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