que esto solo es un pequeño secreto.

El cielo gris cubría la ciudad, que no heroica, pero sí dormía la siesta. Las cosas inmutables habían cambiado. El suelo era el mismo, pero yo no. El Domingo inesperado me lleva a pisar tus calles sin ti. Extraño paralelismo de vidas, que siendo la misma, es tan distinta. Y tú nunca tan lejos pero siempre tan dentro.
Sin darme cuenta el tiempo ha pasado. Me encuentro aquí sentada, a pocos días de cumplir los veinte. Quien me conozca sabe que odio cumplir años. Lo que nadie sabe es la razón. Y a esa razón, ahora, hay que sumarle otra.
Dicen que no importa el tiempo que pase sino lo que pase en ese tiempo. Pues siguiendo el compás de los suspiros que das -me dice la conciencia- sigues rota. Y más que nunca.
Yo que estaba convencida de haber superado el dolor. Yo que había dejado de ser la tristeza personificada. Yo que me autoengaño y lo sé. Porque no es peso, es vacío. Y el vacío me asfixia. El vacío es espacio que me ahoga, en el espacio no hay oxígeno. En el espacio no hay nada. Nada. ¿Te das cuenta? Después de todo sigues estando tú.
Es como un callejón sin salida en el que he dejado de contar ladrillos porque ya tienes quien te ladra mientras yo intento desenladrillar el cielo para alzar el vuelo y alejarme de esta cárcel. Aunque es imposible, esta prisión solo existe en mi mente. Todo está en mi cabeza, que vivo de memoria. De memorias y recuerdos, de eternos pasados y efímeros presentes.
Aferrada a dos infinitos que ya no me atrevo a colgarme en las orejas. Porque conservar algo que me ayude a recordarte sería admitir que te puedo olvidar y eso, sigue siendo una misión imposible.
En algunos momentos de flaqueza todavía juro que lo daría todo por verte llegar y ponerme a tu lado. Por volver a dejar que detrás de la negación del condicional de indicativo donde se esconde el deseo del imperfecto de subjuntivo, se convirtiera en presente de indicativo. Pero luego recuerdo que yo te dí la oportunidad de ser feliz conmigo y tú no quisiste. Y entonces me enervo. Me enfado y me siento patética. Pero ese dolor es lo único que puedes infligirme ahora. Ese dolor es lo único que me sigue atando a ti, y en cierta forma, estoy agradecida por ello. Porque prefiero el dolor al vacío de la calma que me asfixia. Prefiero sufrir y sentirme viva que morir.
Noviembre es el mes del Amor y en mi pensamiento solo una palabra, un verbo, una acción: Vuelve.

(que es el deseo de si 'volviera o volviese' escondido detrás del 'no debería volver' transformado en imperativo pero en presente).

Una vez te dije cuidado con las mariposas, sus alas despiertan huracanes y no me hiciste caso.
Otra vez te lo digo.
 
Me voy cuando quiera y cuando quiera te olvido.

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