pocos son aquellos que miran con sus propios ojos y sienten con su propio corazón.

Como siempre mal y tarde Primavera se despide de mí, pero antes... es importante, dice, ¿estás enamorada? No. Ya no, o eso creo. Una vez más la hija de puta me ha hecho fuerte después de maltratarme durante tres largos y duros, durísimos meses, y como ya es costumbre, me ha dejado con esta coraza impenetrable y los trozos pegados, sin resquicios, sin ventanas. El coraje y la serenidad necesarias para seguir con mi vida sin demasiados percances.
No volverá a entrar nadie. No volverá a querer nunca más. La misma historia de siempre, la misma maldición de cada año. Pero ya se ha ido y yo ya he cerrado las puertas.
Estoy bien, y si no lo estoy no importa, estoy tan convencida de mi bienestar que carece de importancia lo que pueda llegar a pensar en algunos momentos de debilidad como el de esta mañana. Y aunque digo que ahora me he olvidado de lo que quiero y me he recordado lo que merezco, lo cierto es que sigo queriendo a ese lobo. Pero que lo haga no implica que me deje llevar. Tengo claro que, aunque caiga otra vez, aunque volvamos a fundirnos en una sola piel... Nunca volverá a tenerme, nunca seré suya. Me perdió como se pierde una aguja en un pajar, o una lágrima en el mar, o un granito de arena en la playa, o una chispa en un incendio, o un globo que se escapa y sale volando. Me perdió y no puede recuperarme. No hay forma humana para que vuelva a hacer que mis sentimientos crezcan. Son los que son y punto.
Doy un paso, dos. Incluso tres. Y cuanto más te quitas más me pongo. Olvidamos la negación a los condicionales de indicativo y dejamos que los imperfectos de subjuntivo se vuelvan presentes de indicativo.
Verano llega algo tímido esta vez, su calor es asfixiante, pero nada que ver con el ahogo primaveral. Me pide la redención y encuentro mi refugio entre esterillas. Nervios de orgullos que tragar y besos por devolver. Arder como siempre y como nunca. Fuego fatuo que no deja ni un rincón por descubrir, todo a ceniza reducido. Todavía estoy mal cosida, pero no importa, lo tengo claro. Hay abrazos que te devuelven la vida, sonrisas que nunca olvidarás y miradas perdidas que te encuentran.
Adiós le digo sonriente.

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