si el amor es una pregunta, tú eres mi única respuesta.

Su llegada era inminente y lo sabía(mos). Otoño me sopló en la cara con su viento huracanado y se rió de mí burlón. Las primeras hojas que arrancaba de los árboles, revoloteaban a mi alrededor. Sentí frío y ausencia. Pero ni una pizca de tristeza, solo una punzada letal de nostalgia.
Mi estación favorita ya no me traía felicidad. Y un año después me preguntaba cuánto tiempo más iba a dejar escapar, a cuántas personas echaría por la que ya no está.
Y de repente dejó de oscurecer. Levanté la vista al cielo y el negro estaba tornándose de un color azul. Llegaba a casa y se hacía de día. Amaneció el veinticuatro.
Palpando las paredes y tropezando con algún que otro objeto llego a mi habitación. Cierro la puerta y enciendo la luz. En medio, en el suelo, la mariposa. Con una ala rota. ¿Qué coño hace la mariposa en el suelo y con el ala rota?  Me río ante tal desgracia. Me río ante tal coincidencia. Y me rompo un poco más yo también. Una lágrima se desliza tranquilamente por mi mejilla, mientras otras se agolpan ansiosas por salir de los párpados en cuanto los recuerdos inunden mi cabeza y empiecen a resquebrajar los cristales de mis retinas. Putas casualidades.
Será una señal del destino.

No hay comentarios:

Publicar un comentario