no ha vuelto a amanecer.

Otro tres que pone el contador a cero. Ya van dos. El silencio se rompe por una última elegía o por un último intento desesperado. Solo nueve ladrillos esta vez, pero que se suman a los cincuenta y tres. En total son sesenta y dos. Y como quien no quiere la cosa, volvemos a ser infinito. ¿Será esto la eternidad a la que se refieren cuando se jura amor para siempre?
Lo que sé es que me cuesta un rato hacer las cosas sin querer. Y aunque fui yo quien decidió que ya no más... No sé olvidar(te), así que olvídame tú primero, que yo no puedo. Me clavo las esquinas de mi corazón resquebrajado en ruinas. Me escondo entre recovecos de mi propia inocencia muerta, hurgando por mis uñas restos de tu piel y contemplando cómo se pudren las cicatrices todavía abiertas por falta de plaquetas en la sangre. Sangre que se derrama por no partir en su momento. Por preferir desangrarme a marcharme. Y al final me fuí, pero duele. Duele tanto o más que mi adiós. Sí, porque yo no soy de esas personas que dicen adiós. No me gusta esa palabra, no me gustan las despedidas, ni los finales y mucho menos la ausencia que esta conlleva. Nunca quise irme.
Y ya no sé si te busco o te me apareces, pero las canciones siguen rompiéndome porque te encuentro en ellas. Porque por mucho que huya, siempre te llevo conmigo. No son las manos de septiembre, ni el frío que llega en invierno sin tu cama. Ni siquiera el beso que se quedó a medias en el coche, mientras pensaba "si este es el último, no lo quiero, quédatelo".  Entonces sin saber el por qué de mi pensamiento. Junio y yo sonreíamos después de mucho tiempo, me habías devuelto la vida y decidida cerré la puerta de un portazo. Ahora sabiendo que es un bucle, un ciclo sin fin y que algún día lo recuperaré. Porque no hay más remedio, porque es lo que hay y lo que hay es lo que toca. Se trata de ignorar lo que sientes y recordar lo que mereces.
Merecemos ser felices.Y la última verdad que necesito escuchar sigue siendo esa mentira. Mírame a los ojos y dímelo. Porque prefiero ser una amargada infeliz a tu lado que una hipócrita aparentando felicidad con otro.
Esta noche, un cuerpo que se viste en tus sueños con unos labios de mujer te susurrará como un reo sin voz y algo confuso:

Dímelo.
Porque se me acaba el tiempo y se esfuma el amor.

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